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Milenio

Desencantados

por javier armentia - Lunes, 20 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:12h

Empiezo a entender que visto cómo está todo y cómo nos pueden recortar todo lo recortable porque saben que no nos vamos a quejar, algunos avisen de que se acaba el mundo. Y otros aprovechen para trincar todo mientras pueden. Que viene a ser lo mismo: de la burbuja financiera pasamos a la burbuja inmobiliaria, y ahora directamente a la política burbuja de jabón. Soplan el ajuste y todos nos quedamos embobados mirando cómo se mueve por el aire. Ahí nos roban la cartera. Y luego la pompa hace lo suyo, desaparecer y no ser nada. En la dicotomía de lanzarse a la calle (¿dónde estaban ayer, que había manifestación?) o dejarse las venas largas, al final se opta por sucumbir a la moderna estética y el trending topic, y un día toca cabrearse con unos muñecos franceses porque se ríen de Nadal y al día siguiente ni hacemos caso a que el de verdad, no el de látex, debía unos millones de euros a la Hacienda que somos todos. Y qué les voy a contar de la cosa local, donde se lleva lo de lanzar la piedra y mirar para el otro lado. Y en cuanto abres la boca ya te están mirando por encima y diciendo "y tú más". Así que, desencantados, optamos por olvidarnos de la política y no preguntar cómo se entiende que unos ajustes que mandan al paro a la mitad de los trabajadores en ciertos sectores no incluyen el gasto en el cobro del paro y la pérdida de seguros sociales que corresponde así, desde el primer día. Yo tampoco me quejaré hoy por eso, ni porque estén en todo el mundo asustados por el desmantelamiento que se está dando en sectores estratégicos como la ciencia. Qué más da, Nature no se lee tanto. Pero llega Argentina, que algunos tontos siguen pensando parte del tercer mundo, y avisa de que encantada recibirá a los científicos que mandan al paro con las reformas y recortes tan inteligentes de aquí. Ellos, que lo sufrieron todo antes, invierten en ciencia cinco veces más. Igual es que no saben que se acaba el mundo en diciembre, que tal parece que nuestras cabezas pensantes necesitan para que este descenso a los infiernos acabe en algún momento. Igual es el desencanto.

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