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Ganado suelto

Emergencias y emergencias

por pili yoldi - Jueves, 9 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:10h

"pues yo digo que si lo que los de Lorca necesitan es una buena procesión, pues que se lo gasten en una procesión. Pobre gente, con lo que han sufrido". Así de progubernamental se mostraba ayer el dueño de la cafetería de mi esquina, comentando el asunto de esos dineros para emergencias que tan libremente se vienen gastando nuestros elegidos pero poco controlados gobernantes forales.

No se entendía muy bien al portavoz cuando por la mañana decía, sobre el destino de la ayuda, que su gobierno -el de él, Barcina, Jiménez et al- "no quiere decir ni que lo desconozca ni que no", ni tampoco cuando explicaba que "quien aplica la ayuda tiene que justificar su correcta aplicación". Lo mismo cabalmente venia a decir nuestro barman, que nos tradujo el argumento y añadió, convencido, que el justificador que la justificare, buen justificador será.

En serio, que diría el gran Fernando Tejero: señoras y señores del Gobierno, un poquito de por favor; que el pueblo llano, el cristiano y el no, conoce los mecanismos de cobro y justificación de las ayudas -humanitarias, para el desarrollo, de emergencias, individuales y para asociaciones-y lo fino que hay que hilar para que todo cuadre y el dinero llegue.

Las declaraciones de Sánchez de Muniáin fueron solo el principio, y ya todo el resto del día nos tuvieron en un sin vivir informativo, porque el destino de la ayuda de Navarra al pueblo murciano ya no era el que dijo el alcalde el 19 de enero en FITUR, oséase la procesión de Semana Santa. Ayer, 8 de febrero, por la tarde, el dinero había pasado a ser para la reconstrucción de dos iglesias, precisamente las sedes de las dos principales cofradías de Lorca. En resumen, 636.924 euros, un euro de cada navarro, que tanto católicos como ateos, integristas o agnósticos, creíamos destinar con todo nuestro apoyo a los habitantes de Lorca, a sus necesidades todavía urgentes de vivienda, escuelas o salud después de aquel terremoto del pasado mayo que dejó en la calle a diez mil familias.

Cuando salimos del café, uno de los habituales dijo que iba a llamar a Sartaguda, para animar a los padres jóvenes a organizar una buena rogativa, a ver si los dioses, el calentamiento global o María Santísima les envían un terremoto en los alrededores de la ikastola o con epicentro en la zona no vascófona. Así no necesitarían injerencias giputxis y podrían gastarse una simbólica donación humanitaria como ésta en lo que les salga del déficit y de sus mismísimas hipotecas.

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