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Hay que cuestionar la gestión de las aerolíneas que ha llevado al cierre a Spanair o la actitud de mofa del presidente de Ryanair con los despedidos, pero también la laxitud de las Administraciones a la hora de proteger al consumidor
Miércoles, 8 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:09h
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EL abrupto final de Spanair, que se tradujo en cancelaciones de vuelos que afectaron a decenas de miles de pasajeros y empleados, deja al descubierto una vez más la escasa protección de que gozan los consumidores como clientes de las compañías aéreas. No se trata de poner en cuestión la decisión de Spanair, consecuencia de una desesperada situación económica, aunque habría que analizar detalladamente los motivos y la gestión que han llevado a este fin a la que apenas hace unos años era una de las compañías punteras del sector, sino de cuestionar la premura con que se ha realizado el cierre de la compañía y la total falta de información a trabajadores y clientes. Que la compañía y los organismos reguladores esgriman que se haya procedido a la devolución íntegra del importe de los billetes y, en su caso, al pago de las indemnizaciones que estipula el reglamento de navegación aérea del Parlamento Europeo y del Consejo de Europa, no quita que los consumidores difícilmente llegarán a cobrar estas últimas pues van a la cola de acreedores, por detrás de la Administración, los empleados, los proveedores... a pesar del incumplimiento del tercer apartado del art. 5 y del primer considerando de ese mismo reglamento por el que "...se deben tomar plenamente en consideración los requisitos de protección de los consumidores en general". Porque existe, además, otro ámbito de incumplimiento de la responsabilidad que sobrepasa a la compañía y alcanza a la Administración del Estado como encargada de hacer valer, a través de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea, otro reglamento de la CE, el nº785/2004, aprobado "a fin de reforzar la protección de los consumidores" y "para cubrir la responsabilidad de las compañías aéreas con respecto a los pasajeros..." así como del Convenio de Montreal que, desde 1999, regula dichas responsabilidades y al que se debe ajustar el transporte aéreo de personas y mercancías en el Estado español desde la adhesión formal de este en 2004. Con el agravante de que el control de las compañías se antoja otra vez, tan insuficiente como cuando en diciembre de 2009 la suspensión de pagos de Air Comet dejó en tierra a miles de personas en lo que fue el primer indicio de la quiebra de Viajes Marsans, que afectaría a más de cincuenta mil pasajeros. Y ahí está como ejemplo de ese descontrol el penoso espectáculo que ofreció el presidente de Ryanair ayer en Loiu mofándose de los despedidos de Spanair.
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