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El Farolito

Imaginen que uno pudiera elegir lo que quiere olvidar

por f.l. chivite - Miércoles, 8 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:11h

Qué maravilla. Olvidar los agravios, las mentiras, las frustraciones. Olvidar el miedo. Olvidar la estupidez: la ajena y la propia. Desde siempre la gente ha estado dispuesta a tomar lo que sea para olvidar. Se le ha llamado piadoso olvido. Dulce olvido. Se ha dicho que el olvido trae la felicidad. Se ha dicho, incluso, que nos hace libres. Pero por desgracia y como bien sabemos no se puede olvidar voluntariamente. Cuando empezaron las exhumaciones, en 2008, el piadoso Rouco dijo que "a veces es necesario saber olvidar". Utilizó la palabra "saber". Como si fuera una habilidad que pudiera adquirirse con un poco de empeño. "Saber olvidar es más dicha que arte", dice sin embargo Gracian. Es más una suerte que una destreza. Y añade: "Las cosas que son más para olvidarlas son las más recordadas". Elie Wiesel dijo: "Jamás olvidaré". No es que lo hubiera decidido así. Simplemente lo sabía. Escribió un poema: "Jamás olvidaré ese silencio nocturno que me privó por toda la eternidad del deseo de vivir". Salió vivo de Auschwich. Tenía 16 años cuando salió. Fue el único de su familia que salió vivo. ¿Cómo iba a olvidar? ¿Bebiendo Tipp-Ex líquido? Una pregunta, ¿han leído la carta manuscrita que María Martín, la anciana que declaró el otro día ante el Supremo, escribió a Garzón? Les exhorto a hacerlo. Aún hoy impresiona. La expresión crimen contra la humanidad, data de 1945, cuando se establece el Tribunal de Nuremberg. La expresión crimen de guerra" data de la Primera Guerra Mundial. Cien años antes, en 1814, tras la Revolución Francesa, Luis XVIII promulga el lema Unión y Olvido y redacta una especie de Constitución donde se lee: "Queda prohibida toda investigación de opiniones y actitudes producidas con anterioridad a la Restauración. El mismo olvido se ordena a los tribunales y a los ciudadanos". Olvido por decreto. Era otra época, claro. No puede volver. Los crímenes contra la humanidad, como los crímenes de guerra, ya no prescriben. No pueden ser amnistiados. Ni, por supuesto, olvidados a la fuerza. La justicia nunca puede apelar al olvido o escudarse en él. Creo yo.

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