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tragedia en el estadio de Port Said

Vuelve la ira contra la 'Policía de Mubarak'

Su pasividad en Port Said contrasta con la violencia con la que defendió al dictador

Los hinchas del Al Ahly fueron la vanguardia de las protestas que hace un año acabaron con el régimen de Mubarak

Enrique Rubio - Viernes, 3 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:09h

Decenas de personas alrededor del cadáver de una de las 74 víctimas de la tragedia

Decenas de personas alrededor del cadáver de una de las 74 víctimas de la tragedia (efe)

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La tragedia en el estadio de Port Said ha devuelto al centro de la ira popular a las fuerzas de seguridad egipcias, que ya se encontraban en niveles mínimos de aceptación tras las revueltas que acabaron con el régimen de Hosni Mubarak. La Revolución del 25 de Enero no solo se llevó por delante a Mubarak.

el cairo. También barrió el escaso prestigio que le restaba a una Policía más conocida por sus arbitrariedades y torturas que por ser garantes de la seguridad ciudadana.

En sus últimas bocanadas como presidente, el propio Mubarak escogió al Ministerio del Interior como chivo expiatorio, al retirar a todos los policías de las calles, tres días después de que comenzaran las protestas, y encargar el mantenimiento del orden al Ejército. A partir de entonces, la Policía cayó en una irrelevancia cercana a la invisibilidad, lo que hizo dispararse en Egipto la percepción subjetiva de inseguridad.

Pero no se trata solo de la apreciación personal. La virtual desaparición de las fuerzas de seguridad ha tenido efectos mucho más visibles como un mayor caos circulatorio o el aumento de la delincuencia.

Solo en ocasiones como en las protestas de la plaza Tahrir en los meses de noviembre y diciembre las fuerzas de seguridad recuperaron su escabroso protagonismo, con la brutal represión frente a los manifestantes contra la Junta Militar que dirige Egipto.

En primera línea de batalla, tanto en esas manifestaciones como en las que llevaron a la caída de Mubarak hace un año, se situaron precisamente los ultras del club cairota de Al Ahly, que fueron, en una paradoja que tal vez no lo sea tanto, el objetivo anoche de los hinchas del Al Masry en Port Said. El presidente de la Cámara Baja del Parlamento egipcio, el islamista Saad Katatny, actualmente la más alta autoridad elegida por el pueblo, ha situado el punto de mira en las fuerzas de seguridad.

"deficiencia y negligencia" En un duro discurso pronunciado ayer ante una sesión extraordinaria del Parlamento, Katatni, miembro de los Hermanos Musulmanes, achacó la tragedia de Port Said, que se cobró la vida de más de 74 personas, a "la deficiencia y negligencia" de las fuerzas del orden.

El político consideró que los cuerpos de seguridad "no cumplieron ni con su misión ni con su profesión por la falta de organización ante estos acontecimientos".

Según dijeron testigos presenciales, los hinchas del Al Masry no encontraron ninguna resistencia por parte de las decenas de agentes antidisturbios que había desplegados en el campo cuando invadieron el recinto tras el partido para "linchar" a los jugadores del Ahly.

Los medios de comunicación independientes tampoco han evitado criticar el papel de la policía, y algún diario, como el Asshuruk ha querido ver en Port Said una reedición de la que se conoce como la Batalla del Camello, de la que ayer justo se cumplía un año. Ese día, decenas de seguidores del régimen mubarakista entraron en la cairota plaza Tahrir a lomos de camellos y caballos para intentar sembrar el pánico entre los miles de manifestantes que reclamaban un cambio de régimen.

promesas incumplidas Lo cierto es que las promesas de la Junta Militar acerca de una depuración entre los altos cargos de la policía no parece haber cambiado demasiadas cosas en un órgano que todavía es visto como partidario del antiguo régimen.

El primer ministro egipcio, Kamal al Ganzuri, designó en diciembre ministro del Interior al general Mohamed Ibrahim Yusuf, que había sido jefe de la Policía de la provincia de Guiza hasta 2000 y posteriormente responsable de Asuntos Penitenciarios. Ganzuri, reconoció ayer su responsabilidad política por los disturbios. "Estoy dispuesto a cumplir con cualquier instrucción que me pida cuentas, porque sé que soy responsable políticamente", dijo Ganzuri. En julio, el anterior ministro del Interior, Mansur Esawi, otro veterano político procedente del antiguo régimen, anunció el "mayor relevo de altos oficiales en la historia del departamento", pero ese cambio no se ha hecho sentir.

Muchos blogueros y activistas se preguntaban ayer en Egipto cómo es posible que las legislativas se celebrasen hace pocas fechas en ausencia de incidentes, y, sin embargo, pueda suceder algo como lo de Port Said ante la total impasibilidad policial. Egipto, un país al borde de un ataque de nervios, acumulaba ayer todavía muchas más preguntas que respuestas en su dubitativa transición política.

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