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Colaboración

Si el problema fuese una hora

por eduardo mateo - Miércoles, 14 de Septiembre de 2011 - Actualizado a las 05:24h

NO es el fondo del problema una hora más o una hora menos. El problema es el recorte presupuestario para docentes, la restricción o anulación de las sustituciones, recortes en alumnos de Necesidades Especiales, gran parte de los cuales están en pública... Una hora lectiva más va acompañada de recortes de desdobles: lenguas modernas, laboratorios, grupos problemáticos... Desaparición de los centros de formación del profesorado en unas comunidades; en otras, reducción a mínimos voluntaristas, como en la nuestra: puesta al día en nuevas tecnologías, avances pedagógicos, fuentes de recursos y metodologías, aprender a enfrentar la multiculturalidad...

Una hora más significa, según todos los sindicatos juntos por primera vez, 200 profesores menos, un grupo más, pasar de atender de 100 a 130 o de 130 a 150 alumnos... En resumidas cuentas, si como se verá en este artículo, las autoridades educativas del partido gobernante se felicitaban de que lo conseguido gracias al pacto había funcionado muy bien, a qué viene cambiarlo y a qué echar un montón de mierda sobre unos profesionales que se dejan la piel.

Una hora lectiva exige un esfuerzo y preparación en la sociedad actual mucho mayor que en la precedente

Los profesores no solo damos nuestras clases, también nos preparamos estudiando una carrera para ser aptos para poder darlas, incluso las preparamos de manera diferente en cada etapa de la vida profesional. Cada uno conoce su trabajo y el de la enseñanza todos, una hora lectiva exige un esfuerzo y una preparación en la sociedad actual mucho mayor que en la precedente. Pretender que solo se trabaja las horas lectivas es como decir que Usain Bolt solo trabaja 9'58'' o los futbolistas la hora y media de partido o en la Volkswagen el que presenta el coche a los medios...También hacemos guardias semanales, entre tres y cinco, para atender a los alumnos cuando falta algún profesor o para vigilar el patio, atendemos a los alumnos fuera del aula, tutorías con los hijos y con los padres, en muchos casos a la carta porque los padres no pueden venir a la hora estipulada, preparamos exámenes para cada clase, lo que lleva horas y, cada vez con más frecuencia, para aquéllos que no han podido asistir (antes eran sagrados los exámenes y si no te presentabas suspendías, ahora cualquier excusa parece suficiente), los corregimos y anotamos (un grupo de 30 alumnos de 5 a 6 horas mínimo), nos reunimos para evaluar, nos reunimos con los padres, nos reunimos con los miembros del departamento para hacer puestas en común, nos reunimos los tutores con el departamento de orientación, otras veces las reuniones son de todo el profesorado, afrontamos conflictos dentro y fuera del aula con muy poca autoridad de intervención, asistimos a cursos y congresos (a veces no solo pagándolos de nuestros bolsillos, sino con el descuento de los días), cada vez hay más profesorado que utiliza Internet y foros educativos desde los que sus alumnos les envían a cualquier hora del día o de la noche dudas, trabajos que hay que revisar a diario, llevamos a cabo un sinfín de actividades extraescolares (salidas a fábricas, al campo, al teatro, a oír música, excursiones de día, de semana, viajes de estudio...) en medio de una situación jurídica que linda con el limbo, escribimos y publicamos, organizamos y llevamos equipos de mediación, nos preocupamos por los problemas personales de los chicos... Y otras múltiples actividades que no cito por no ser prolijo. Todo ello en medio de una creciente diversidad de procedencia, necesidades y contextos sociales del alumnado. Todo ello con grupos cada vez más problemáticos y numerosos.

Parece que ya nadie se acuerda que hace poco tiempo se pedía un estatus de funcionario para defenderse de las agresiones de padres y alumnos. A veces con las zancadillas de padres superprotectores, casi siempre con una administración que debería defendernos y prestigiarnos por los logros conseguidos y, más bien, nos ponen a los pies de los caballos.

Sigan por ese camino de desprestigio del profesorado y acabará pasando como en Inglaterra, que llevan unos años teniendo que importar profesorado porque nadie quiere serlo.

No se dejen engañar por una campaña bien orquestada de enfrentamiento entre los diversos componentes de la comunidad educativa. Tiene una clara finalidad: acabar con la enseñanza pública o descenderla a segunda división. Una de las conclusiones que pasó casi sin pena ni gloria y que antes se ha olvidado sobre el Informe Pisa era el sorprendente dato de que el sistema educativo español era de los más equitativos, más por ejemplo que el tan bien parado y alabado modelo finlandés. La característica de equidad valora en gran medida que "el éxito educativo de los estudiantes sea esencialmente independiente del entorno social, económico y cultural de su familia y de su centro educativo". Eso quiere decir que, gracias a la escuela pública, los hijos de los obreros han podido ser médicos o ingenieros, jueces y abogados, los que no confesaban con el régimen o que los más pobres han tenido los mejores profesores. Sigamos defendiéndola en bien de la democracia y el progreso. Los recortes en educación son un ensayo general para iniciar los de sanidad y los de cualquier gasto social.

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