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A vueltas con el nuevo párroco de Lesaka

Josu Goia Etxeberria - Martes, 13 de Septiembre de 2011 - Actualizado a las 05:21h

Parece ser que mi artículo ha montado un revuelo en Facebook, aparte de la contestación de Mikel Zubiría. También, parece ser, a la curia del Arzobispado no le ha sentado bien mi escrito. (...)

Digo esto porque desde varias partes me han dado versiones diferentes, tras la publicación de mi artículo sobre la manera de comportarse de David (ahora sé su nombre, aunque ignore su apellido) por los lugares donde ha ejercido su apostolado. Me han dicho que es una persona hiperactiva, que se involucra en el meollo de los pueblos que pisa, que logra llenar sus iglesias, que juega al fútbol… En fin: que es una persona cercana al pueblo al que le destinan. ¿Pues qué queréis que os diga? Que me alegro por Lesaka.

La pura anécdota que conté pudo ser una simple y pequeña fanfarronada, ante otros compañeros, que no hubiera tenido mayor trascendencia si no hubiera sido escuchada por alguien de esta zona. ¿Pero no hemos metido la pata todos alguna vez? En serio, David: desde estas líneas, al menos por mi parte, te envío todos mis perdones.

No sé si podrás perdonarme tú por mi posible salida de tono en mi artículo. Pero eso sí: no se te ocurra, entre tus feligreses, intentar meter la idea de que Lesaka es España. Lesaka, como otros muchos pueblos, está bajo la dominación del Estado español, pero su esencia pertenece a otro pueblo: Euskalerria, cuya lengua estaba considerada por los romanos como lingua navarrorum, la lengua de los navarros, la mas antigua de Europa, un tesoro del que todo navarro debería sentirse orgulloso.

De todas formas, sepan la curia y su arzobispo que la línea que lleva la Iglesia actual no se corresponde en nada con lo que yo aprendí en mis once años de seminarista. Que me parece absurdo santificar a Escrivá de Balaguer, por lo que expliqué en mi anterior artículo, y olvidarse de Juan XXIII, un papa bueno y humilde. Tampoco perdono a la Iglesia lo que hicieron con Javier Osés, tafallica obispo de Huesca, persona buena, inteligente y, sin embargo, humilde. Ni tampoco perdono el trato que recibió Jesús Lezaun, ni el castigo que le impusieron, hace 44 años, a Agustín Elizalde, por tener la valentía de denunciar un escándalo producido por un canónigo de la curia.

Si queréis que os perdone (a lo que estoy dispuesto) tendréis que venir a confesaros conmigo y, entonces, ya os daré mi absolución.

Bueno David: espero saludarte y, si me necesitas para tocar el órgano en algún funeral, cuenta conmigo.

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