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Tribuna Abierta

El declive de Occidente

por alonso escalada - Lunes, 12 de Septiembre de 2011 - Actualizado a las 05:26h

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HACE unos meses el dimitido primer ministro británico Gordon Brown nos inquietaba o despertaba con un artículo que dio la vuelta al mundo en sucesivas ediciones periodísticas, cuyo título ya era otro aldabonazo: ¿Por qué se durmió Europa? Para el expremier, "la salida de esta gran crisis paneuropea tiene tres componentes básicos, es decir: el déficit, los pasivos bancarios y el escaso crecimiento". Y el análisis crítico afinaba aún más la exigencia de la deseada salida de la crisis al apuntar: "la salida de la crisis solo se puede encontrar si el Viejo Continente los ataca completamente. Si no es así, Europa será marginal económicamente".

No vamos a regatearle ni discutirle al expremier su sentido crítico y aún orientativo en estas reflexiones ponderadas y apartadas, tal vez, de todo esnobismo doctoral o de recetario al paciente en estado crítico. Más de un lector ha podido pensar, y hasta echarle en cara al consejero británico que si tiene receta para salir de la crisis para toda Europa, ¿por qué no aplicó esa receta en su mandato oscuro y dubitativo al frente del Gobierno de su periodo laborista en el Reino Unido? O aquella sentencia tan evangélica del médico, cúrate a ti mismo. No se lo vamos a reprochar en esta hora del miedo, de la alarma y de la cultura de la queja, como ya se define y caracteriza esta temida y más que posible recesión segunda de la crisis.

Si el señor Brown se ha creído con facultades y con experiencia de un taumaturgo despertador de conciencias y de échate a andar, vieja Europa, cuando las Bolsas y los mercados hacen tambalear diariamente la débil estabilidad financiera y nos propone nuevas infusiones de visión y de ánimo para superar nuestros miedos y nuestras inquietudes, podríamos concederle el mérito del acierto en la aplicación del remedio más conveniente al enfermo ilustre, que es la Europa del euro. No acabamos de digerir todavía los riesgos de una crisis económica de más de tres años desde las tristes hipotecas sub prime, y la caída del Lehman Brothers nos vuelve a sacudir con nuevos tsunamis desde Estados Unidos, desde Grecia y desde el mismo epicentro del terremoto: el Fondo Monetario Internacional. Y algunos analistas de la crisis, en este maratón de miedos e inquietudes apuntan con audacia hacia un desplome o caída del euro.

No acabamos de

digerir todavía los riesgos de una crisis económica de más de tres años

No hay duda de que estamos padeciendo una de las épocas más alarmistas de la historia en materia de seguridad

O mejor dicho, van a la caza del euro. Ahora mismo el objetivo prioritario del Gobierno de Merkel es salvar el euro. No hay duda de que estamos padeciendo una de las épocas más alarmistas de la historia en materia de seguridad. La seguridad se ha vuelto inseguridad total, miedo a perder el ahorro de años, quiebra de los valores no solo en lo económico, sino en lo político y en lo humano. A este propósito, una mente aguda como la de Fernando Vallespín, hacía un agudo análisis en una breve columna del diario El País, donde resaltaba: "Cambiamos de administradores, no de líderes políticos propiamente dichos. Hace tiempo que la política se ha reducido a una mera administración". Y el comentarista mandaba un recado, para mí inteligente, a la izquierda y a los muchachos del 15-M: "Siempre es mejor una izquierda reflexiva que una izquierda indignada".

Tal vez en el momento presente, tan de zozobras y de no saber hacia dónde vamos, echamos de menos un líder o unos líderes que lean mejor el presente y el futuro, que sepan debatir mejor que los hasta ahora reunidos ministros de Economía en los G-20 o en las cumbres de los G-7, cuáles han de ser las medidas y las aplicaciones a los graves retrocesos y recaídas que se repiten en el mundo occidental. Y no tenemos más remedio que hacer, siguiendo una glosa al comentario o artículo de asombro del señor Brown. Decía en su artículo el preocupado expremier: "Uno de esos tres problemas, el del bajo crecimiento, amenaza con condenar a todo el continente a 10 años de un desempleo muy elevado, y que la reducción del déficit y la estabilización bancaria que necesitamos no pueden afianzarse sin unas economías que generen comercio, empleo y crecimiento".

He aquí el desafío y el problema que, al parecer, no despeja el análisis, lúcido tal vez, del señor Brown: ¿cómo generar esos tres vocablos, o mejor realidades del comercio, empleo y crecimiento? Seguimos deseándolos y soñándolos, pero nadie sabe a ciencia cierta cómo lograrlo, y seguiremos condenados a permanecer en el túnel de un presente en quiebra permanente y un futuro incierto. Y ni los mismos financieros y políticos tienen una fórmula mágica o una receta acertada para salir, ni a corto ni a largo plazo, de la crisis.

Uno se detiene a pensar y reflexionar sobre las causas de la crisis y no acaba de creerse que sea solo una crisis económica, sino también política y de valores humanos. Está en el mundo actual todo tan enredado y tan globalizado que no hay que despejar una sola incógnita sino varias, y no solo un traspiés, sino muchos. Y todo se nos convierte en incertidumbre y en espera de que amaine el temporal. Pero, ¿hasta cuándo?

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