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Opinión

Tres meses de Sortu, un futuro de todos

por Roberto Jiménez, Secretario General del PSN-PSOE y candidato a la presidencia del Gobierno de Navarra - Domingo, 27 de Marzo de 2011 - Actualizado a las 05:19h

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No hace ni tres meses, el 7 de febrero, Rufi Etxeberria anunció en el Palacio Euskalduna de Bilbao que la nueva formación de la Izquierda Abertzale, Sortu, "ni justifica ni ampara la utilización de la violencia, sea quien sea quien la utilice". Desde entonces hasta el miércoles pasado, día en el que el supremo ilegalizó la nueva formación por 9 votos contra 7, se han mantenido diversas posturas por parte de los distintos agentes políticos. Repasarlas resulta clarificador.

Desde el principio, los nacionalistas vascos se apresuraron a dar por hecho que la apuesta de Sortu era creíble y afirmaron con rotundidad que la nueva formación merecía ser legal. Y también desde el principio la derecha -tanto en Navarra como en el resto de España- afirmó que Sortu era "ETA" -así, sin más- y que la ilegalización debía ser inmediata. Frente a ambos extremos, creo que los socialistas hemos mantenido una postura mucho más razonable, en sintonía con los postulados del Estado de Derecho. Lo que hemos hecho es esperar. Esperar a que los jueces se pronuncien.

Frente a la precipitación de los nacionalistas, los socialistas tenemos razones muy considerables para ser cautelosos. Está muy bien, sin duda, escuchar de boca de Rufi Etxeberria que Sortu rechazará la violencia de ETA "si la hubiera". Pero -dado que lo que él y su mundo llevan diciendo y haciendo durante décadas nos obliga a llevar guardaespaldas, y dado que centenares de personas han muerto asesinadas sin que de él se hubiera escuchado nunca ni rechazo ni condena ni nada parecido- a muchos nos hace falta "algo" que nos garantice que van en serio. Porque su palabra, así sin más, no nos vale. Creo que es una precaución comprensible.

Y ese "algo" no puede ser otra cosa que los tribunales y la ley. La Ley de Partidos, tan denostada por los nacionalistas, a pesar de que su legitimidad democrática se encuentre respaldada, unánimemente, por el mismísimo Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Una ley que tiene un sentido muy claro: impedir que los que amparan la política de las pistolas puedan, además, aprovecharse de la política de los votos y de la palabra.

Los nacionalistas no acaban de ver con buenos ojos esa ley, pero lo harían -ya lo creo que lo harían, ya lo creo- si el grupo terrorista que lleva más de 50 años asesinando, secuestrando y extorsionando fuera de extrema derecha, quisiera acabar con la autonomía de Euskadi y los amenazados fueran principalmente ellos. Y yo quiero creer que en ese caso los socialistas apoyaríamos igualmente una ley de partidos que impidiera a los asesinos de los nacionalistas vascos y a los que les jalearan estar en las instituciones. Y quiero creer que estoy seguro de que sería así y de que estaríamos de su lado.

Hemos oído muchas veces la cantinela de que "todas las opciones son legítimas". No es cierto. No lo son las que apoyan y promueven el asesinato del adversario político. Las que amedrentan. Las que violan los derechos humanos. No sería legítima desde un punto de vista democrático una opción política que abogara por que los musulmanes o los judíos no tuvieran derecho al voto. No lo sería una que abogara por prohibir la libertad de prensa e imponer un único periódico al todo el mundo. La democracia es esencialmente incompatible con ciertas cosas. Y es esencialmente incompatible con el complejo ETA-Batasuna. Es incompatible con un grupo político que utilice las armas para hacer política. Es así de sencillo.

Así que, en efecto, frente a los nacionalistas vascos, los socialistas tenemos muy buenas razones para solicitar que, tras escuchar a todos y deliberar -en un proceso con todas las garantías- los jueces decidan si Sortu es o no es una continuación de Batasuna. Porque hay que escuchar a Rufi Etxeberria, claro. Pero no sólo a él. Creo que es evidente.

Y, por otro lado, también frente a la derecha -en Navarra y en el resto de España- mantenemos diferencias obvias. La primera es que consideramos que afirmar, como hizo Yolanda Barcina a los tres días de presentado Sortu, que son "los mismos perros con distintos collares", supone anteponer la ideología y los prejuicios al examen de la realidad.

La democracia es muchas cosas, y una de ellas es la capacidad de cambiar. Los franquistas se reconvirtieron a la democracia. Los polimilis también. Y, en algún momento, también la Izquierda Abertzale abandonará la tutela de ETA y pasará a ser una formación democrática más. Si no asumimos esa evidencia, todo será más complicado.

Yo no comparto la cerrazón de la derecha ante ciertos pasos que creo que es evidente que se están dando en el mundo de la Izquierda Aber-tzale. Puedo comprender esa cerrazón, por supuesto, desde el lado emocional y humano. Pero desde un punto de vista político e institucional los representantes democráticos tenemos que estar a la altura de nuestra realidad, que es cambiante, y no nos podemos permitir el lujo de permanecer atados a planteamientos pasados que ya no se corresponden del todo con el presente actual.

Los socialistas -y especialmente, por razones evidentes, los socialistas vascos y navarros, los socialistas que lideramos Patxi López y yo- vemos una evolución en ese mundo. Y consideramos que esa evolución es una buena noticia. Y creemos que, en la medida de nuestras posibilidades, hemos de hacer todo lo posible para que esa evolución se extienda más y más. Pero, y esto es fundamental, no porque si hacemos algo ellos dejarán las armas, sino exactamente por lo contrario: porque si dejan las armas estaremos encantados de poder hacer algo. Y a mí personalmente me gustaría ver que la derecha comparte ese análisis y abandona su inmovilismo.

Sortu, de momento, no ha podido ser. Pero, por primera vez, siete jueces del Tribunal Supremo han considerado que la Izquierda Abertzale ha dado los pasos necesarios para poder representar democráticamente sus ideales. Es un comienzo, un comienzo que Sortu ha conseguido en menos de tres meses. Tres meses que apenas son nada, una gota en la lluvia, porque, si su apuesta va en serio, entonces tenemos todo el futuro por delante.

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