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Tribuna Abierta

Calma tensa

Abogado, por Kepa Landa - Martes, 24 de Agosto de 2010 - Actualizado a las 04:08h.

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dICEN que en el centro de un huracán la mar está como un plato y apenas hay viento. Pero no dura mucho porque el huracán se mueve y con él su fuerza. Algo así ocurre en este agosto que estamos viviendo.

Es curioso que ni una crisis galopante, ni el desempleo, ni un futuro económico más que dudoso, por ser prudentes en la expresión, hayan podido con la inercia de las vacaciones. Y la política se ha visto afectada, como no podía ser menos.

Todo parece que está parado, en calma, esperando. Y así es en realidad, porque todos los agentes políticos saben que lo sucedido los últimos meses en Euskal Herria va a tener continuación. Unos la esperan con ilusión y otros la temen porque son conscientes de lo que un cambio puede afectarles en sus intereses.

Proliferan los globos sonda en los medios de comunicación. Se aventuran hipótesis que más parecen deseos en algunos casos. Pero la tensión es evidente y este momento de calma puede ser bueno para barajar algunas posibilidades de futuro.

Hipótesis de futuro

La Izquierda Abertzale, con los documentos que ha hecho públicos tras un intenso debate interno, no solamente ha avanzado una posición política de futuro. Ha realizado una invitación a ETA para que avance en el mismo sentido. Y esta invitación se ha visto reforzada por la posición de diferentes agentes internacionales, muy significativos, que se han posicionado en la misma línea. Ahora se espera una respuesta más explícita de ETA, que ya ha manifestado en dos ocasiones su posición de respeto a lo que la Izquierda Abertzale estaba haciendo.

Viendo las señales que emiten, más me interesa fijarme en lo que puede afectar una decisión de ETA, en el sentido esperado, en el ámbito del Estado y en las políticas por éste diseñadas para Euskal Herria. Desde allí quieren reducir todo lo que aquí ocurre a una cuestión de violencia, obviando las reivindicaciones políticas de fondo. Y la situación puede superarles sin que tengan respuestas.

Ya han avanzado desde Madrid que una tregua no sería ni suficiente ni admitida y que no cambiaría nada en los comportamientos del Estado. Esperan que ésta sea la posición que la organización armada haga pública y se cubren ofreciendo más de lo mismo, continuidad en sus políticas ante el conflicto.

Pero ¿qué ocurriría si la decisión de ETA es más contundente y profunda? Porque Madrid no tiene otra estrategia para las reivindicaciones vascas que la política antiterrorista. Todo su diseño parte de la idea de la continuidad de ETA en su actividad. ¿Y si esto no se produce? Sigamos esta hipótesis.

La tensión es evidente y este momento de calma puede ser bueno para barajar algunas posibilidades de futuro

Parece que nada pasa pero se sabe que algo va a ocurrir. Y algunos temen que el futuro les pase por encima

Consecuencias evidentes

Sin una organización practicando la violencia política, la Ley de Partidos no tiene lectura posible. Sería un ridículo texto que pondría en evidencia cómo fue dictado al servicio de una coyuntura concreta y que perdería su sentido fuera de ella. ¿A quién iban a ilegalizar por seguir una estrategia, por obedecer unos mandatos inexistentes? ¿A quién iban a exigir una condena? ¿Y qué iban a pedir que se condenase?

Tendrían que llevarse de aquí a los más de diez mil agentes de Policía y Guardia Civil que, salvo algunas funciones concretas de ésta última, están desplegados en Euskal Herria solamente para combatir la disidencia vasca. Y con ellos sobrarían los miles de escoltas y todos los montajes de protección articulados en torno a la actividad antiterrorista. Sin olvidar que se acabaría el lucrativo negocio de esta actividad para algunos significados políticos.

También tendrían que plantearse la actividad judicial que vienen desplegando. Porque no tendría sentido ni apariencia de justificación seguir persiguiendo judicialmente y condenando a prisión por sus actividades políticas a decenas de militantes y dirigentes independentistas.

Más evidente sería lo absurdo de su política penitenciaria. Castigar a presas y presos y a sus familiares y entornos con una dispersión como la que practican, ¿cómo lo explicarían? Y tampoco podrían mantener una aplicación de las penas que en muchos de los casos es, en la práctica, una cadena perpetua, y que sitúa a España como el Estado más represivo de Europa.

Tampoco tendría sentido mantener en las prisiones a más de ochocientos rehenes de un enfrentamiento directo una vez finalizada esa expresión del conflicto. Porque si se sostiene que han cometido delitos y deben cumplir sus penas, deberán explicar por qué no han cumplido sus penas los condenados del GAL o los pocos torturadores que han llegado a ser juzgados y condenados. Y, en general, por qué se ha dado impunidad a todo tipo de violencias procedentes del Estado. Sería un debate interesante y curioso. Y todavía lo sería más ver qué explicaciones podrían dar quienes ahora, al amparo de la actividad armada de ETA, defienden políticas represivas sin límite y se llenan la boca de justicia y ley.

Qué decir de tantos periodistas y medios que viven de ser expertos en un concreto tema, de ser portavoces extraoficiales de Interior. Y de las multimillonarias subvenciones que reciben determinadas asociaciones u organizaciones nacidas a la sombra del conflicto. ¿Tendrían algún futuro?

El fondo político

Si todo su diseño político es actividad antiterrorista, a falta de enemigo desaparecería su función y destino. Enfrentado entonces el Estado a las reivindicaciones políticas que están en el fondo de todo lo ocurrido desde hace muchos años, ¿qué repuesta podría dar?

Lo cierto es que, hasta ahora, con todo estructurado bajo la cobertura del antiterrorismo y permitiendo así ajustar la realidad a sus intereses, no han tenido la capacidad de enfrentar ni superar una sola de las cuestiones políticas que están planteadas. Sólo saben de imposición y propaganda. Y esto no les va a servir en el futuro.

Así, no es extraño que, bajo la sombrilla del verano, se cobije un periodo de calma tensa, en la que parece que nada pasa pero se sabe que algo va a ocurrir. Y algunos temen que el futuro les pase por encima, más pronto que tarde.

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