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Editorial

Korta, beti gogoan

Diez años después, Joxe Mari Korta seguiría pensando que la paz es la inversión más importante que hacer, aun a riesgo de equivocarse. El "Espíritu Korta" sigue vigente como símbolo de valores y compromiso

Domingo, 8 de Agosto de 2010 - Actualizado a las 01:01h.

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ESTE 2010, en el que se cumple una década de aquel trágico y terrorífico 2000 en el que ETA se ensañó matando a políticos, ex ministros, ex gobernadores civiles, concejales, empresarios, columnistas, fiscales y miembros de las FSE, se ha convertido, paradójicamente, en el año de la esperanza, en el anhelo de un otoño en el que muchos están viendo el principio del fin de una pesadilla que dura ya 50 años. Esas 23 víctimas que ETA dejó repartidas por muchos puntos del Estado, unas por su anonimato y otras por su contribución a favor del diálogo, y, todas ellas, por el rechazo y el hastío que sus asesinatos generaron en la ciudadanía, han contribuido a que hoy la ansiada paz pueda estar más cerca que nunca. Y entre estas últimas, destaca el que fuera presidente de Adegi, Joxe Mari Korta, que, a pesar de las incomprensiones de otras patronales e, incluso, por algunos dentro de su casa, tuvo claro desde el primer momento que el diálogo y la negociación son los instrumentos necesarios para la consecución de la paz. Tenía tan claro lo que significaba contar con el activo de la paz para la estabilidad, bienestar y desarrollo tanto político, económico y social del país que no dudó, en aquel 1998, cuando ETA promulgó una tregua, al socaire del pacto de Lizarra, que la propia Adegi hiciera una declaración institucional en favor del proceso de paz. De ese documento se ha extraído una frase que ha conformado lo que se ha venido en denominar el Espíritu Korta y que resume su forma de hacer y su actitud ante la vida: "La paz es un valor fundamental y, a favor del cual, merece la pena arriesgarse y hasta equivocarse". Un compromiso que pone de relieve hasta qué punto el afán emprendedor que Korta imprimió en sus empresas lo trasladaba a cualquier ámbito de la vida y, mucho más, con la gran asignatura pendiente que sigue teniendo este país. Korta veía claro por su propia experiencia que en las inversiones a veces se gana y en otras se pierde, pero, sin duda, siempre se pierde sin existir una decidida apuesta de futuro. Hoy, diez años después, Korta seguiría teniendo ese compromiso radical de generosidad con su país y estaría pensando que la paz es la inversión más importante que hay que hacer, aun a riesgo de equivocarse. Por eso, una década después, el Espíritu Korta sigue vigente como símbolo de valores y compromiso permanente con la sociedad.

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