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por juan carlos berasategui martínez - Viernes, 4 de Junio de 2010 - Actualizado a las 07:14h
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DURANTE dos horas y media he asistido en el salón de plenos del Ayuntamiento de Pamplona a los debates de los grupos políticos municipales acerca del estado de nuestra ciudad -aunque a veces pareciera que era más el debate sobre su cortijo o su finca que sobre la gestión de un bien público-, y mi primera impresión es simplemente desoladora. Uno ya sabe que este tipo de debates son aprovechados la mayor parte de las veces para reincidir en debates partidistas que poco tienen que ver con la finalidad de la cita, pero en este caso el interés por desviar la atención hacia cuestiones ajenas ha sido desproporcionado e iluminador de otros intereses que poco tienen que ver con el estado de la ciudad y sus ciudadanos: ¿a cuento de qué dedicar tanto espacio a las declaraciones del señor Zabaleta sobre el futuro de su formación política y los pactos y conversaciones con la autodenominada izquierda abertzale? ¿Qué interés tiene para el estado de la ciudad secuestrar más de media hora de debate con el sentido de voto del diputado de UPN en el Congreso con motivo de la aprobación del decreto de medidas de recorte presupuestario? ¿Es que los temas a debate en la sesión no tenían suficiente entidad y se hacía necesario rellenar el tiempo previsto con un simulacro de tertulia sobre actualidad política local y nacional?
Cierto es que se han abordado cuestiones de indudable importancia para la marcha de la ciudad: los servicios sociales, las guarderías municipales, la candidatura a la capitalidad europea de la cultura o el interminable culebrón del museo de los Sanfermines y del Encierro, centro temático, perdón. Pero en ninguna de las primeras intervenciones, aquéllas que marcan los temas prioritarios, se ha ni siquiera mencionado una realidad tan grave como evidente: el estado de Pamplona viene marcado por un modelo insostenible de desarrollo y acción municipal.
¿Cuántos aparcamientos más construirán para que la cultura del automóvil perdure por los siglos de los siglos?
¿Conocen nuestros corporativos que Pamplona es la tercera capital con más déficit de espacio, de acuerdo con el Informe de Sostenibilidad Local publicado por el Ministerio de Medio Ambiente en 2009? ¿Son conscientes de que cada pamplonés consume los bienes equivalentes a 5,68 hectáreas de terreno productivo -huella ecológica se llama este dato-, tres veces por encima de la recomendación mundial de 1,8 hectáreas por habitante? ¿Qué medidas va a tomar el Ayuntamiento de Pamplona, su actual equipo de gobierno, para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por los 117.410 vehículos a motor que conviven en sus calles? La emisión anual de CO2 por habitante y año ronda en Pamplona las 5 toneladas, y uno de los incrementos más notables en los últimos años se debe al transporte, tanto de personas como de mercancías. Ni una palabra sobre este tema durante todo el debate del estado de la ciudad (al menos en las intervenciones iniciales). Los más de 25.000 inmigrantes residentes en Pamplona enfrentan hoy en muchos casos situaciones laborales más parecidas a la esclavitud -merced a la precariedad y el empuje del paro- que a lo que hoy se conoce como relación de trabajo asalariado. ¿O es que no forman parte del estado de esta ciudad?
La permanente apelación a la cultura del ladrillo y el cemento como milagroso remedio a los efectos económicos y sociales de la crisis no invitan a confiar en que el estado de la ciudad en 2011 resulte más sostenible. Optar por una movilidad sostenible en bicicleta, ¿seguirá siendo un gesto de heroísmo ante la presión del vehículo a motor o el conflicto con el invadido peatón? ¿Cuántos aparcamientos más construirán para que la cultura del automóvil perdure por los siglos de los siglos, más allá de toda precaución ante el previsible agotamiento del petróleo y otros combustibles fósiles?...
Resulta arriesgado, y quizás gratuito, hacer juicios de valor con la única base de un debate -aunque forme parte de una tendencia más generalizada-, pero ejercicios de la política como el contemplado en el Ayuntamiento de Pamplona invitan a pensar en una intencionalidad expresa para desmotivar a la ciudadanía con respecto a la política y la gestión de lo público, ¡todavía más!, y dejar así el camino expedito a una forma de gobierno para los ciudadanos pero sin los ciudadanos. ¿De verdad no será posible otra forma de entender y actuar en política? Estoy convencido de que sí, por eso he escrito esta carta.
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Gracias por su comentario
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