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Es uno de los intelectuales que más y mejor ha estudiado la sociedad de la información. Javier Echeverría ha analizado para el Ministerio de Cultura los retos del libro electrónico. Cree que editores y libreros cometen los mismos errores en los que antes cayeron el cine y las discográficas
Raquel Ugarriza - Jueves, 20 de Mayo de 2010 - Actualizado a las 07:24h.
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El filósofo Javier Echeverría, después de la entrevista en San Sebastián, donde vive.
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san sebastián. Javier Echeverría (Pamplona, 1948) se halla enfrascado en el estudio de la innovación social y cultural. Premio Euskadi de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales, y Premio Nacional de Ensayo por Los señores del aire, su abultado currículum da para llenar varias páginas. Fichado hace dos años por Ikerbasque, imparte docencia y, sobre todo, investiga desde la UPV-EHU. Critica que editores y libreros se aferren a la legislación de propiedad intelectual cuando Internet propicia desde hace años las descargas masivas.
Su cometido dentro del grupo de trabajo que elaboró recientemente el informe sobre el libro electrónico fue muy concreto: analizar las publicaciones científicas y universitarias.
Me centré en el concepto de acceso abierto, que se basa en las grandes bases de datos digitales: las instituciones animan a sus investigadores o profesores a poner todas sus publicaciones en acceso libre y eso deriva en que casi todo el conocimiento científico esté disponible en Internet. Es la gran base de conocimiento científico: prácticamente en todas las disciplinas científicas los artículos que van a aparecer en publicaciones especializadas se ponen antes en las bases de datos. Son tan importantes que las propias universidades se suscriben a todas esas bases de datos. El beneficio es para la editorial, porque el autor no cobra nada. Lo que pasa es que las publicaciones científicas tienen una tradición, incluidos los libros, muy distinta a las publicaciones literarias. Los científicos, en general, hacen su labor por el reconocimiento y el prestigio, y no por los derechos de autor.
Pero no parece factible aplicar ese sistema de acceso abierto en el resto de publicaciones, como literatura, libros de texto, prensa...
En la sociedad contemporánea de la información en la que vivimos ese modelo de acceso abierto se va a propagar, aunque quizá no a todo el mundo del libro. La Unión Europea publica estudios, normativas y todo es de acceso abierto. No sólo existen la Wikipedia o Creative Commons, que son otras modalidades de gestión de los derechos de autor, sino que instituciones tan importantes como ministerios y fundaciones ponen en acceso libre cualquier publicación. Yo y cualquier usuario de Internet puede tener ya más libros bajados de forma legal y gratuita que en su propia biblioteca personal, y eso que yo tengo cuatro o cinco mil libros en ella. En el mundo de la ciencia y de la universidad, el libro electrónico sigue la tradición de compartir conocimientos, pero no es así en la creación literaria o periodística.
¿La creación está abocada a desaparecer si no puede ser rentable, como claman las editoriales?
Por supuesto que no. La creación se va a mantener, pero no la manera de rentabilizar esa creación. De hecho, los creadores están menos preocupados. Quienes lo están son los editores y los libreros. Es igual que lo que le pasa al periodismo. Hoy en día la prensa se lee mucho más por Internet y la gente no está dispuesta a pagar. Pero toda esta evolución se sabía desde hace más de diez años. Se ha visto que en Internet compartir conocimientos, la web 2.0, es el abecé. Los polémicos programas de descargas P2P surgieron a finales de los noventa y desde ese momento se estableció que cuando se cuelga algo en la red se producen descargas masivas. Eso convierte en famosísimo al autor, tanto si es científico como si es músico, artista o creador, porque se multiplica la proyección de su obra al colgarla en Internet.
Pero el problema que surge no es de proyección, sino de rentabilidad.
El problema no es de los creadores ni de los periodistas. Lo que se rompe es un modelo organizativo. En el ámbito de los libreros, los editores, la música y el cine el problema es que ellos han seguido en el modelo industrial y no se han dado cuenta de que estamos en otro modelo de sociedad, en la sociedad de la información. Ya no estamos en una sociedad industrial, por lo tanto los procesos de generación y de distribución cambian radicalmente. Antes, la distribución se hacía desde el gran almacén del editor, que distribuye a las librerías. Ahora, a través de la Red, el modelo de distribución es instantáneo y cualquiera tiene acceso al almacén mismo. Sobra la cadena de intermediarios. ¿A quiénes les va bien? A aquellos que vieron inmediatamente que había que organizarse de otra manera. La librería electrónica Amazon o la cadena británica Barnes&Noble no tienen ningún problema porque han organizado otros modelos de librería. Pero aquí les ha pillado el toro.
¿Los editores, con su preocupación por los derechos de autor, cometen los mismos errores que la industria discográfica?
Los mismos. Ante el asunto del libro electrónico, se refugian en una legislación que tiene que haber, pero que es completamente obsoleta. En 2008, la Unión Europea ya hizo un informe para elaborar un nuevo marco para la propiedad intelectual. Y es que hay que distinguir entre industrias creativas, industrias culturales y el sector del libro. Las industrias creativas es un concepto que surgió en Gran Bretaña en los años noventa. Tienen el equivalente a un ministerio de aquí, pero en vez de ser de Cultura es de Industrias Creativas. Y aquí seguimos con el esquema clásico del siglo XIX: el libro, el arte, las bibliotecas... Pero en Industrias Creativas caben cosas como los videojuegos, el diseño, la moda o la arquitectura. Cuando tienes que hacer una legislación donde te entra la moda, la artesanía y el software, no puedes hacer como si sólo hubiera libros, música y arte en el sentido decimonónico de la palabra. No estamos hablando de futuro y eso que en Gran Bretaña ya se ha producido el cambio hace diez años.
¿Qué propone?
En otros sectores productivos se ha acometido la reconversión, como sucedió en la industria en los años ochenta. Hubo muchos costes, pero hubo que hacerla. A raíz de aquello se organizó otro modelo productivo, que funciona más o menos, y se implantaron políticas de I+D y de innovación. Es así de sencillo. Hay que reorganizar todo el sector cultural y orientarlo hacia la innovación, no sólo en el conjunto del Estado, también en Euskadi. Mi propuesta sería legislar teniendo en cuenta la innovación y la creatividad en el sentido amplio de la palabra. En el caso del libro, lo importante no es tanto la obra literaria como la innovación. Un ejemplo que pongo de innovación, aunque suele sentar muy mal, es el caso de Harry Potter. La autora, J.K. Rowling, tuvo la idea creativa pero, además, ha generado una gran empresa que hace películas y videojuegos, una industria multimedia, en definitiva. Desde una obra literaria de gran éxito mundial, se han generado un montón de productos innovadores. Ésa es la diferencia entre un libro en el sentido estricto de la palabra y una innovación. El Guggenheim es otro gran ejemplo. Aparte de ser un museo, ha generado una imagen de Bilbao a nivel mundial. Las políticas culturales tienen que estar dirigidas a las políticas de innovación y hay que empezar a hablar de innovación cultural más que de industria cultural.
No todos los equipamientos culturales pueden ser el Guggenheim y no todas las novelas pueden, ni siquiera deben, tener el éxito de "Crepúsculo" o "Harry Potter".
Esas serían las obras maestras de la innovación. Pensemos en El Quijote, que fue sorprendente para su época. Cervantes hizo una innovación sobre las novelas de caballería y creó un nuevo género literario. Son esas grandes obras innovadoras las que tiran de todo el sector.
¿En ese sistema hay sitio para las creaciones modestas, que quizá sean consideradas obras maestras dentro de cien años?
Las innovaciones funcionan a escala: hay grandes y pequeñas innovaciones. De hecho, las políticas de innovación no tienen por qué buscar sólo obras de repercusión mundial, sino las que tienen consecuencias en un microcosmos: es decir, que dentro de lo pequeño destacan y llaman la atención. Es el caso del bertsolarismo, que no tiene una repercusión mundial, pero que ha echado mano de la innovación para que este fenómeno, en principio minoritario, pase de juntarse en la sidrería a reunir 12.000 personas en una pabellón deportivo, con las cámaras de por medio y una repercusión mediática monumental. Esto no tiene precedentes y, en pequeño, en nuestro microcosmos, ha sido un proceso de innovación. Eso es lo que hay que pensar, no que vamos a hacer la gran novela mundial. Y subir lo que tenemos a Youtube, que es el mayor medio de comunicación del mundo, según dice Manuel Castells. Luego está cómo convertir ese éxito en dinero.
Volvemos al quid de la cuestión. A los científicos no les preocupa rentabilizar sus éxitos distribuidos por la Red, pero ¿y a los creadores?
Igual ocurre que los científicos no pretenden convertirse en millonarios y se limitan a cobrar un sueldo de su universidad y vivir dignamente. Eso sí, siendo reconocidos y, a ser posible, ganando el premio Nobel. Si comparamos desde el punto de vista de la economía lo que genera el conocimiento de un científico y lo que genera un músico o un literato, el novelista se hace millonario y el científico no, y eso es atípico. Igual ha llegado el momento de que este modelo se acabe.
¿Se atreve a hacer una proyección de cómo será la sociedad de la información dentro de 20 años?
En la última década las distintas tecnologías de acceso a lo que denomino tercer entorno, esto es, teléfono, radio, televisión, Internet, videojuegos, etc., han convergido entre sí, se han hecho compatibles. En este momento, televisión y ordenador son compatibles y cada vez hay más gente que ve la tele en el ordenador o en el móvil. Ése es el futuro. La estrategia de la UE es crear un espacio único europeo de la información, que ya es diferente de la libre circulación de trabajadores y estudiantes. En ese plan, denominado i2010, la acción más conocida es la televisión digital, aunque se ha demostrado que es un fiasco. Deberíamos tener acceso a cualquier canal europeo de televisión y no ha sucedido, ni siquiera entre comunidades autónomas.
¿Cómo afectará esa convergencia al libro electrónico?
El libro electrónico no se desarrollará mientras no haya un estándar europeo, de tal manera que sea cual sea el aparato que compremos podamos acceder a diferentes editoriales y que todas sean compatibles. En el Estado español ocurre una cosa absurda: cada editorial elige un estándar diferente, así que esa inversión que han hecho la van a perder, porque no van a tener clientes. En el sector de los libros electrónicos que se bajan de las páginas web de las instituciones, todo funciona muy bien desde que el estándar es el pdf, que está en todas los ordenadores. La gran fuerza en la sociedad de la información es la interconexión y la compatibilidad entre las diferentes tecnologías.
¿Todo se solucionaría con un estándar común?
No sólo con eso. Para que el libro electrónico sea un éxito, se debería poder hacer en el dispositivo lo que yo hago en el libro convencional, que es tomar notas y escribir, es decir, interacción. Si lo siguen concibiendo sólo como contenido, se acabó. El lector es también escritor y el libro electrónico ha de soportar la lectoescritura. Yo no me lo he comprado porque no me permite escribir. Cada cual tiene su relación con la tecnología y a mí me interesa para escribir, no sólo para leer. El futuro pasa claramente por las tecnologías de la voz, que el libro electrónico permita leer, escribir y escucharlo. Poder hablarle al aparato para apuntar cosas, grabarlas, editarlas y llevarlas al ordenador. O pedirle que baje un vídeo de Youtube.
¿Es el fin de la era Gutenberg y el comienzo de lo que algunos denominan la "nueva oralidad"?
Está bien hablar de nueva oralidad. Lo que preveo es una hibridación entre oralidad y lectoescritura. Pero siendo más futurista, creo que se tiende a una integración digital de los cinco sentidos. Pero, casi seguro que estas innovaciones se harán en los videojuegos, porque es una industria potentísima, que genera más dinero que el cine y el libro. A través de la realidad virtual sentirás sensaciones olfativas, gustativas y táctiles. La convergencia de los cinco sentidos será una de las líneas maestras de futuro.
¿Los "inmigrantes digitales", aquellos nacidos antes de la irrupción de Internet, están preparados para asimilar este futuro que dibuja?
Yo ya me he buscado mi solución transitoria. Lo que he hecho en mi casa es poner un retroproyector con pantalla y así es como leo cómodamente los libros que descargo de Internet, porque aún no han construido el e-book que quiero. Cuando me interesa algo de lo que leo, lo copio de Internet, le hago comentarios al margen... A mí no me interesa un libro en el que no se pueda escribir. Tendría que incluir música y tener links que te remitan a otra publicación. Y la tecnología existe. Sería un libro electrónico en el sentido completo del término.
carné de identidad
· Nacimiento. Pamplona (1948).
· Trayectoria profesional. Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense y doctor en Ciencias y Humanidades por la Sorbona; también es matemático. Ha sido profesor e investigador en universidades de todo el mundo. Es catedrático en excedencia de la UPV-EHU, universidad de la que ha sido vicerrector de Investigación y de Relaciones Internacionales. Ha sido director del Instituto de Filosofía del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
· Premios y publicaciones. Es Premio Euskadi de Investigación 1997 en Humanidades y Ciencias Sociales, y Premio Nacional de Ensayo 2000 por Los señores del aire. Destacan sus publicaciones Telépolis y Cosmopolitas domésticos.
· En la actualidad. Ikerbasque le fichó hace dos años y está adscrito al departamento de Sociología II de la UPV-EHU en calidad de profesor de investigación especializado en temas de innovación social.
"La creación se va a mantener, pero no la manera de rentabilizar esa creación"
"En otros sectores productivos se ha hecho la reconversión, pero no en el sector cultural"
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