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Los últimos días no están siendo fáciles para la plantilla de Gamesa en Alsasua: su futuro laboral está en juego. 15 de estas personas hablan sobre cómo han vivido el ERE que ha supuesto el final de una etapa y el inicio de otra, que todavía desconocen.
Sagrario Zabaleta
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Un trabajador de la empresa Gamesa camina sobre un aerogenerador en un parque eólico. (DNA)
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El viento enfría Alsasua, y el cielo encapotado anuncia lluvia. La empresa Arfe, dedicada a la fabricación de artículos de seguridad, cajas fuertes, ferretería y buzones, se divisa desde el stop. El polígono industrial se hermana con el pueblo; y hoy miércoles -12 de mayo- escasamente se ven por las calles una docena de los más de sus 7.000 habitantes. Hay silencio, mucho silencio, pero varias pancartas que cuelgan en la plaza recuerdan y siguen insistiendo: No al cierre de Gamesa; No al cierre en Alsasua. Pero diez semanas después la clausura del centro es inevitable. "Estoy esperando mi segundo hijo, aunque ahora estaba de baja al detectarme un embarazo de riesgo; además ahora mi marido va a tener que soportar un segundo expediente de regulación de empleo de suspensión temporal. Trabaja en Arfe", cuenta Sonia Sanz, vecina de Alsasua, que en 1998 entró en la factoría de Gamesa cuando apenas tenía 21 años.
Esta joven con el título de Diseño y Moda (Formación Profesional de Segundo Grado) ha compartido años de trabajo con José Luis, Iñaki, Bakartxo, José Mari, Toñi, Idoia, Ana, Santiago, Javier, Verónica, Josune, Silvia, Maribel y Juan. 15 trabajadores que suponen el 10% de la plantilla que Gamesa empleaba en Alsasua, y que desempeñaban su labor en la línea de producción. "Para esta multinacional sólo somos números, que caducamos y que se pueden borrar con facilidad. Han demostrado que no les importamos mucho. Así me siento yo", explica Verónica Iglesias, administrativa y desde los 21 años en Gamesa, ahora tiene 32 y tenía jornada reducida por sus dos hijos.
¿la unión hace la fuerza?
Arraigados a sus pueblos y a sus gentes
Al escuchar hablar a Sonia, a Verónica y al resto de sus 13 compañeros se percibe la buena sintonía que existe entre ellos. "Hemos luchado y siempre hemos estado muy unidos, pero la resolución del Ministerio de Trabajo a favor de la aprobación del expediente de rescisión, sólo me hace pensar mal y creer que este ERE estaba acordado antes de presentarse. Siento decepción, mucha decepción", indica Toñi Rubio, de Agurain (Álava), también con jornada reducida para poder conciliar con la familia.
Pocos kilómetros separaban el domicilio de estos trabajadores del centro de Alsasua, de los cuatro kilómetros de Olazagutía y Urdiain a los once de Etxarri Aranatz y a los 20 de Agurain, en Álava; sin olvidar, los que habitan en Alsasua. Personas que han vivido siempre en Sakana, algunas han cursado sus estudios básicos y otras se han forjado una formación mayor para ejercer la profesión que querían: Magisterio, Sociología, Auxiliar de Enfermería y Farmacia, Prevención de Riesgos Laborales, Ebanistería, Imagen y Sonido, Diseño o Moda, Administrativo, Trabajo Social o Auxiliar de Geriatría, etc.
A pesar de sus titulaciones, muy heterogéneas entre sí, no han podido ejercerlas en una zona donde predomina la industria sobre otros sectores. La escasa variedad de oferta de empleo en esta zona de la comunidad y su decisión de seguir aferrados a sus pueblos y a sus gentes les llevó a todos ellos a tomar la misma dirección: colocarse en una fábrica de la comarca. De ahí, que hayan coincidido durante estos años en la línea de producción de palas de molinos G-52 en la fábrica de Gamesa, inaugurada hace 14 años. "Mi familia y mis amigos viven en Sakana. Mi pareja y yo debemos pagar una hipoteca en Etxarri Aranatz y hace dos meses y medio nació nuestro hijo", cuenta Juan Gómez, delegado del comité por LAB, y empleado de la planta desde hace 12 años.
"En mi actual situación no me planteo recolocarme en otro centro, ya que tenía la intención de solicitar reducción de jornada. Y ahora si tuviera que desplazarme a otra fábrica, sin cubrir las ocho horas, no me compensaría económicamente. Cobraré el paro y seguro que algún trabajo me saldrá; porque lo que tengo claro es que yo quiero vivir aquí; y en cuatro días no se puede decidir el futuro de uno y el de su familia", insiste Juan Gómez, cuya pareja acaba de haber sufrido un ERE de suspensión temporal en una subcontrata de Sunsundegui.
"con el ere bajo el brazo"
El jueves 25 de febrero quedará en sus memorias
La relación de Juan con Gamesa desde hace 12 años va a concluir en breve, con una rescisión de su contrato y con una indemnización de 30 días por año, con un tope de doce mensualidades. Le resultará difícil olvidar el jueves 25 de febrero de 2010: el día en que Gamesa anunció el cierre de la planta. "Y es que cinco días después nació mi hijo", recuerda Gómez. "¡Vino con el ERE debajo del brazo!", le bromea José Mari Otxoa-Errarte, su compañero de comité y con 12 años de trayectoria en la factoría alsasuarra. Este delegado de ELA -a quien hace un año Gamesa también le dio un varapalo al despedir a su mujer "por unas alergias a unos productos", dice-, también tiene muy presente aquel fatídico día de finales de febrero. "El comité había solicitado a la empresa una reunión ordinaria porque hacía ya tiempo que no nos juntábamos. Y en ese encuentro nos soltaron la bomba. Incluso, les dijimos a la dirección: ¿y si no llegamos a pedir este encuentro, cuándo nos hubierais avisado de vuestras intenciones?", recuerda indignado Otxoa-Errarte.
de las suposiciones...
La realidad superó a la ficción
La plantilla de Gamesa en esta planta no se esperaba este cierre tan inminente, aunque "un transportista de Miranda de Ebro nos comentó hace unos meses que se rumoreaba que esta factoría se iba a clausurar en mayo", dice con ironía Javier Galeano, con casi una década de antigüedad en la empresa.
Incluso, los empleados el día anterior a la reunión con la dirección -el 24 de febrero- hicieron alguna suposición. "Estuvimos comentando y nos decíamos: ¡a ver si Gamesa va a plantear al comité un expediente de suspensión temporal para todos! Se nos pasó por la cabeza no porque no teníamos trabajo sino porque tal como están actuando las empresas con los expedientes, igual también nos podía tocar a nosotros. Sin embargo, la noticia del cierre fue un mazazo inesperado", cuenta Sonia Sanz. A través de Internet, de los medios de comunicación y del boca a boca los empleados fueron conociendo la noticia. "Al mismo tiempo que la dirección nos estaba comunicando su decisión, las agencias de noticias ya recogían toda la información", indica Otxoa-Errarte. Estos trabajadores echan en falta que "los responsables de la eólica no nos hayan reunido a los 150 afectados para exponernos las razones del cierre, algo necesario para ir asimilando lo que te viene", manifiesta Toñi Rubio. "¡Estamos dolidos e indignados!", repite una y otra vez.
Desde ese día, los operarios comenzaron a luchar por sus empleos, y "quiero remarcar y reconocer el papel del comité: no ha hecho más que luchar", afirma Bakartxo Lasa, madre de dos hijos que trabajaba de noche en la sección de acabados, con jornada reducida.
¿y ahora qué? 1ª parte
El Ministerio de Trabajo aprueba el ERE el 7 de mayo
El Ministerio de Trabajo escribió el final de este expediente el viernes 7 de mayo: se aprobaba. Ese mismo día Gamesa anunciaba que se abría un plazo hasta el 13 de mayo para que los trabajadores solicitaran optar a alguna de las 90 recolocaciones (55 de ellas en Aoiz). "El Gobierno de Navarra y el central han claudicado a las presiones de Gamesa", insiste Otxoa-Errarte.
De esta forma, a partir del 7 de mayo, comenzaba un nuevo calvario para ellos. "En tres días resulta muy complicado replantearte tu vida y la de tu familia", reconoce Josune Senar, con siete años ya en la empresa y madre de dos hijas.
las 90 recolocaciones
Llamo, no llamo y me llaman
Imarcoain, Pamplona, Aoiz, Tudela, Vitoria y Miranda de Ebro eran los destinos para solicitar el traslado. Durante estos días, de estos 15 trabajadores algunos han optado por llamar, otros han declinado pedir el traslado; y a otros la propia empresa les ha planteado la recolocación.
Santiago San Millán, que llevaba nueve años en la planta, ha solicitado trabajar en Pamplona o en Vitoria. Iñaki Garisoain, con sólo tres años de antigüedad, precisa un empleo con urgencia debido a su situación personal -divorciado, con dos hijos pequeños- y por la escasa indemnización que le va a quedar como consecuencia de su poco tiempo trabajando en Alsasua (unos 7.000 euros). "Necesito un sueldo mensual. He pedido Imarcoain o Aoiz". Silvia Rodríguez, madre soltera que vive en Alsasua con sus padres, también ha propuesto "traslado a Imarcoain", al igual que Josune Senar. Así, Javier Galeano demandó información a Gamesa para ocupar un puesto en EEUU.
Otras trabajadoras recibieron la llamada de la empresa, como Toñi Rubio o Bakartxo Lasa, pero las dos rechazaron esta propuesta porque los nuevos destinos eran incompatibles con su vida personal. "Si acepto trabajar en Aoiz media jornada, me gasto el sueldo en combustible; y si hago ocho horas, me paso once fuera de casa, y mis hijos los tendrían que cuidar mis padres", cuenta Rubio. Y es que muchas de las mujeres con reducción acudían a la fábrica por la noche, en jornadas de cuatro, cinco o seis horas; para atender durante el día a los hijos.
En cambio, otros empleados ni han llamado ni esperan que lo haga Gamesa, como sucede con Juan Gómez, José Mari Otxoa-Errarte o José Luis Arregui. "Yo no he marcado ese número de teléfono de la esperanza", dice Arregui, trabajador de la empresa desde su fundación. "Si en Aoiz se van a emplear a 400 personas, ¿por qué no se ha diseñado un plan para ir trasladando hasta allá a los 150 de Alsasua, en vez de ofrecer sólo 55 puestos", dice Otxoa-Errarte.
¿y ahora qué? 2ª parte
¡Un futuro laboral para la zona de Sakana ya!
Estas 15 personas todavía no tienen claro su futuro, y si no logran una recolocación, durante un tiempo seguirán hacia adelante con la prestación por desempleo, tiempo en el que también se formarán. "Están hundiendo la zona norte de Navarra. ¿Dónde esta la reindustrialización de la que tanto hablan los políticos", insiste San Millán. Su compañera Verónica Iglesias también muestra su enfado: "Me gustaría dirigirme al presidente Miguel Sanz y al Gobierno de Navarra: dejad de jugar con nosotros que ya lo habéis hecho bastante, hablad claro y decid de una vez si es verdad que el centro de Gamesa acogerá otra actividad y si se va a traer trabajo a Sakana".
Llegados a este punto, el final de esta historia lo pone la trabajadora Idoia López de Aberasturi: "Ante la opinión pública el Gobierno de Navarra y Gamesa están quedando bien al hablar de 90 recolocaciones y un plan de reindustrialización para los otros 60. Pero, tiene que quedar claro que la compañía nos ofrece unos puestos de acuerdo a sus intereses no a los nuestros".
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