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inauguración de la expo de shanghai

Shanghai se abre al mundo

La Expo de Shangai se abrió ayer con unas cifras que causan mareo. Una inversión de 4.000 millones de euros, 192 países participantes, 90 millones de visitantes previstos y una superficie de 5,28 kilómetros cuadrados son algunos de los números que llevan a este evento a batir todos los récords.

ZIGOR ALDAMA - Sábado, 1 de Mayo de 2010 - Actualizado a las 09:30h

Fuegos artificiales iluminan el cielo durante el espectáculo que inauguró ayer la Exposición Universal de Shanghai 2010.

Fuegos artificiales iluminan el cielo durante el espectáculo que inauguró ayer la Exposición Universal de Shanghai 2010. (EFE)

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La suerte está echada. Se acabaron las pruebas y los retoques. El espectáculo ha comenzado. Y lo hizo ayer a lo grande. En superlativo y sin miramientos. Porque para eso se han invertido 4.000 millones de euros en la Exposición Universal de Shanghai, una cifra que se multiplica por once si se tienen en cuenta el costo de las infraestructuras que han convertido a la capital económica de China en una ciudad completamente nueva.

No es una exageración. Para la celebración de la mayor Expo de la historia se han derribado barrios enteros, se ha construido un nuevo aeropuerto que es capaz de albergar a 50 millones de pasajeros al año, y se han puesto en funcionamiento cuatro nuevas líneas de metro. En total, la operación supera en costo a la que lavó la cara de Pekín para los Juegos Olímpicos de hace dos años.

La ocasión lo merece. Es la primera vez que este acontecimiento se celebra en un país en vías de desarrollo, y ha conseguido reunir a 192 países y medio centenar de organizaciones internacionales, un número nunca antes visto, en una superficie de 5,28 kilómetros cuadrados, cuatro veces superior a la de la anterior Expo, celebrada en Aichi, Japón, en el año 2005, y veinte veces la cita internacional, de un nivel inferior, organizada por Zaragoza en 2008.

No es de extrañar que las cifras mareen: entre 70 y 90 millones de personas adquirirán un billete y serán guiados por un ejército de voluntarios de más de un millón de efectivos. Podrán acudir a unos 20.000 eventos diferentes durante los seis meses de la Expo, más de 100 al día.

Para que los visitantes puedan comer, 131 restaurantes permiten que hasta 40.000 estómagos se sacien de forma simultánea dentro del recinto y, para que puedan dormir, la ciudad cuenta ya con 310 hoteles, de al menos una estrella, que disponen de un total de 98.000 camas.

Aun así, el reto al que se enfrenta la ciudad es notable. Lo han demostrado las pruebas de carga celebradas la semana pasada para corregir fallos en la organización: desde los flujos de entrada hasta el precio de la comida, pasando por las medidas de seguridad, uno de los principales quebraderos de cabeza.

Puesta a punto El pasado domingo fue el día más concurrido, con un total de 350.000 personas, y se pudieron comprobar grandes carencias. A pesar de estar muy por debajo del tope de 600.000 visitantes diarios que ha fijado el Buró de Shanghai 2010, se vivieron grandes aglomeraciones en la entrada, incluso alguna agresión física en los controles del metro, y muchas quejas sobre el precio de la comida, que ya se ha ajustado a la media de la ciudad. "Un día haciendo cola".

Así describía Huang Xiaomen, un hombre de 43 años natural de Shanghai, su experiencia durante el tercer día de pruebas. Había pasado dos horas para acceder al pabellón de Arabia Saudita; luego, media hora para coger el autobús interno hasta el pabellón de Alemania, y otras dos horas para contemplar el interior. Y tuvo suerte. En los días más concurridos, la espera en los edificios más solicitados puede superar las tres horas.

Para evitar estas aglomeraciones, el pabellón de China, el más popular con diferencia sobre todos los demás, sólo se puede visitar con reserva. Cada día se darán 50.000 tickets, el máximo que permite el recinto, y se ha demostrado que eso no evitará las colas. La diferencia es que se formarán en las máquinas expendedoras. En todos los días de pruebas, los aspirantes a visitante del pabellón anfitrión ya formaban largas hileras dos horas antes de que comenzaran a expedirse los primeros tickets. Y en 35 minutos, ya se habían acabado los 50.000.

Pero, ¿merece la pena? DIARIO DE NOTICIAS ha conseguido entrar en el misterioso edificio, que ha recibido críticas innumerables e incluso denuncias de plagio, y ha descubierto que su interior es lo más parecido a un parque temático.

No sólo los elementos que se muestran en las diferentes salas parecen sacados de Port Aventura, con sus escenas de antiguos poblados y recorridos por caminos que deparan sorpresas de luces y colores, sino que el propio trenecito que sirve para que los espectadores recorran las entrañas de esta curiosa pirámide invertida recuerda al que en las tradicionales barracas guarda a una bruja con una escoba. Sin duda, un espectáculo muy chino.

Claro que hay que tener en cuenta que sólo el 7% de los visitantes que se esperan será extranjero. Eso ha llevado a que muchos pabellones hayan preparado sus exhibiciones con la mente puesta en el público local, que demanda espectacularidad antes que profundidad de contenidos.

Así, muchos países han optado por impactantes proyecciones multimedia, muchas de las cuales sólo están disponibles en chino. Es el caso de Australia, que apela a la ecología a través de un vídeo proyectado en diferentes pantallas móviles en el centro de un anfiteatro impresionante.

Entre los pabellones que han recibido una mejor acogida en los días de prueba se encuentra también el de España. El Cesto ha rozado su máximo de capacidad, y los medios locales han centrado su atención en el principal elemento sorpresa de la muestra nacional: Miguelín, un gigantesco bebé de 6,5 metros de altura ideado por la cineasta Isabel Coixet, que, de forma muy inteligente, apela al especial cariño que los bebés suscitan en China. Hasta el punto de que ha acaparado portadas de periódicos y muchos minutos en televisión. Ahora, el objetivo es que el pabellón de España sea uno de los indultados cuando finalicen los 184 días de la Expo.

Mejores pabellones Está también en las quinielas de los mejores pabellones el del Reino Unido, que no llama la atención por su tamaño sino por su vanguardista diseño. Es como una bola llena de unos pelos de plástico que le permiten convertirse en un camaleón. Se muestra plateado durante el día, y de noche adquiere todos los colores posibles. Además, la exposición británica es una de las que más se acerca al lema de la Expo, Better City, Better Life (Mejor Ciudad, Mejor Vida), y cuenta en su interior con la catedral de las semillas, que guarda hasta 60.000 variedades diferentes en un canto a la diversidad del planeta.

Pero no hay que caminar mucho para darse de bruces con infames horteradas como el recinto de Macao, que se asemeja a un conejo al que no le faltan ni las orejas largas ni el rabo. O la extravagante nave espacial rosa que encierra el espacio de Japón. Pero pocos pueden competir con el ovni de Arabia Saudita, un país que ha roto todos los récords al invertir más de cien millones de euros en su presencia en la Expo de Shanghai. Los visitantes no salían decepcionados. "Ha sido espectacular", comentaba Xu Bo, una de las primeras en visitarlo. Y eso es lo que importa: el impacto.

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