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VECINOS | SANGÜESA

Un paraguas para Santa María de Sangüesa

Una estructura reversible que puede retirarse en cualquier momento protege desde ayer de las inclemencias climáticas la portada de Santa María, la joya medieval de Sangüesa. Mide 11,60 metros de altura y 9,50 de ancho.

Marian Zozaya

- Jueves, 29 de Abril de 2010 - Actualizado a las 07:09h

La estructura metálica rodea la espectacular portada.

La estructura metálica rodea la espectacular portada.

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LA anunciada estructura metálica fue colocada ayer por la mañana en presencia del consejero Juan Ramón Corpas, la alcaldesa Eskisabel Suescun, restauradores, arquitectos y miembros de los equipos implicados en el proceso, quienes siguieron al detalle el trabajo de los operarios de las empresas Aranguren, adjudicataria de las obras de cimentación, y Talleres Echeverri, fabricantes de la estructura.

En la fachada se intervino durante los años 2008 y 2009, con importantes trabajos de restauración. La obra fue promovida y financiada por Cultura y Turismo, bajo la dirección del arquitecto Leopoldo Gil y la restauradora Alicia Ancho, y ha permitido recuperar su esplendor, así como una visión más nítida de su rica temática y decoración. Con este objetivo, se acometió, entre otras tareas, la sujeción de elementos, eliminación de los ajenos a la obra original, limpieza combinada con tratamientos de láser, fijación y protección de policromías, tratamiento de elementos metálicos y consolidación del soporte pétreo. Pero los técnicos consideraron que todo eso no era suficiente, sino que era preciso además, pensar en su conservación y en reforzar su protección frente a la climatología y otros elementos externos.

Este "traje a medida", como lo definieron los técnicos, diseñado exclusivamente para la portada, fue encargado al arquitecto Leopoldo Gil, profesor de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra, quien se apoyó en sus alumnos para darle forma. "La protección viene impuesta por los restauradores. Yo tal vez la salvaría mediante otra protección más adecuada, pero en este momento tengo el convencimiento de que está muy bien", expresaba el arquitecto ayer junto a sus alumnos de Especialización en Restauración y Rehabilitación de la Arquitectura, quienes convirtieron la L original del arquitecto en la U invertida final. Los alumnos son: Elena Asiain, Maite Crespo, Javier Calvo, Pedro Campos, Ekiñe Ruiz y Miriam Fernández. Los arquitectos, Amaia Prat, Laura Elvira y Aitor Ramírez.

en el pueblo

Diversidad de opiniones

La estructura es reversible, por lo que se podría quitar si se evitan las causas que dañan la piedra: el tráfico, la contaminación y la humedad. Está compuesta por perfiles forrados con chapa de 5 mm, que constituyen una pieza de 1,20 metros de profundidad y 0,29 de grosor. Mide 11,60 metros de alto y 9,50 de ancho. Está anclada al suelo con dos zapatas de hormigón, y su tratamiento final es un acabado a base de pintura de poliuretano alifático, muy resistente a la intemperie.

Pocos vecinos se acercaron al lugar y, como siempre, hubo diversidad de opiniones. Entre ellos estuvieron Juan Cruz Labeaga y Javier Estabolite. Éste último decía que "es lo mejor de lo peor. Hay que protegerla del agua, de los vientos, hasta donde se pueda", mientras otros se preguntaban hasta qué punto queda protegida con esta estructura. El arquitecto, Leopoldo Gil, lo explicaba de forma sencilla: "Es como un paraguas, te protege de la lluvia, pero otra cosa es si viene una tormenta muy fuerte". Pero sigue siendo vulnerable a otros agentes imposibles de evitar: heladas, humedad ambiental y contaminación.

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