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por javier armentia - Lunes, 26 de Abril de 2010 - Actualizado a las 07:10h.
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Estoy seguro de que son hombres respetados en su comunidad, considerados además guías morales y ejemplos a seguir. Kazem Sedighi, Shlomo Benizri o Pat Robertson tienen en común el mismo dios, aunque diferentes religiones. Se han dedicado a ser pastores de almas, imagino que sintiendo la llamada de ese dios, y con vocación de servicio. Les traigo a esta esquina del periódico porque en diferentes momentos de los últimos tiempos los tres han achacado un terremoto directamente a la mano de su dios. Como castigo, según el primero, por las provocadoras vestimentas y descocadas actitudes de las mujeres; el segundo dijo que la culpa era de las prácticas homosexuales; el tercero afirmó que la culpa era que la población donde llegó el sismo había hecho pactos con el diablo. Ya se sabe, los actos de los dioses los pagan los humanos. Por su culpa. Desde luego, como próceres serán respetables. Como geólogos, no. Y desde un punto de vista esencialmente humanista y de la defensa de las libertades y derechos, los tres deberían ser denunciados de crímen de lesa humanidad, o incitación al mismo.
Otro gran hombre, Tasio Bertoni, desde el mismísimo cuartel general de uno de esos dioses de catástrofes, plagas y castigos, culpabiliza a la homosexualidad de ser la causa última de la pederastia que tanto ampara ese imperio. Si a esta gente se le sigue dejando impunemente decir estas barbaridades, no solo los homosexuales, sino que las mujeres, los negros, todos los que se aparten lo más mínimo del rebaño de inútiles que les han convertido en portavoces de ese odio pueden ser condenados no ya al castigo de no gozar del cielo de esas religiones, sino de la condena o el ataque en vida, de la criminalización simplemente por ser diferentes.
No es un fenómeno exclusivamente ligado a las religiones, aunque es en el mundo de los pensamientos dogmáticos donde florecen y desde donde más afectan. Por ejemplo, el otro día Evo Morales afirmaba que los pollos transgénicos y hormonados provocaban "desviaciones" femeninas en los hombres, poniendo de manifiesto que no sabía mucho de alimentación, pero sobre todo que, como muchos, considera la homosexualidad una desviación. Curiosamente, esta barbaridad sí fue recogida como tal por diarios católicos que los demás días consideran la homosexualidad como una enfermedad curable, o que exculpan a los pederastas cuando son curas de su cuerda. Pero es anecdótico: en el fondo lo que se muestra claramente es que lo peligroso es la impunidad de este tipo de discurso, que sigue siendo necesario que se amplíe la reglamentación para impedir el discurso que incite al odio contra las personas por razón de origen, credo, sexo, sexualidad... Todo eso.
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