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por javier armentia - Lunes, 19 de Abril de 2010 - Actualizado a las 07:16h
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Es uno de mis viajes pendientes desde siempre, desde que Julio Verne me contara el maravilloso viaje al centro de la Tierra del profesor Liedenbrock adentrándose por la boca de un volcán, que en su novela queda más al norte que este que ha demostrado que para parar Europa no hace falta ni una biblia ni un corán, sino simplemente lanzar ceniza a la estratosfera y dejar hacer a los vientos. Islandia podría convertirse estos días en la metáfora del continente y sus contradicciones: una isla helada pero llena de volcanes y la mayor fuente de energía geotérmica del mundo; que se arruinó porque todos siguieron los cantos de las sirenas del neoliberalismo; donde una mujer ha conseguido ser presidenta y no ser reprobada porque otra mujer forma con ella su familia; en la que ahora un volcán está intoxicando una navegación aérea de la que, y lo curioso es que de estas cosas no se da uno ni cuenta hasta que pasan, depende tantísimo el estado de bienestar y opulencia en el que vivimos tan ufanos.
Es nuestra situación la de una fina capa de hielo que puede quebrarse en cualquier momento, pero desde niños nos enseñaron a no mirar más allá, a no preguntarnos, a no señalar con el dedo. Así, un volcán que se activa bajo el hielo de un glaciar de nombre imposible pero inquietantemente bello nos sorprende.
Parece mentira pero fue hace más de 20 años cuando se comprobó que una erupción relativamente pequeña de un volcán que lance gases y polvo a la alta atmósfera puede provocar importantes problemas en un turborreactor, y por ello el organismo que regula el transporte aéreo (el mismo que permite el derecho de pernada que supone el contrato de vuelo con cualquier compañía) decidió que cuando hubiera una densidad de aerosoles por encima de un límite que fue tomado como razonablemente seguro, se debería paralizar el tráfico. Pero nadie pensó que esa situación podría prolongarse varios días. Y posiblemente, aunque se pagaron algunos estudios que analizaban sus consecuencias, se pagaron y se guardaron en un archivo, olvidándolos. Europa siempre estudi los escenarios posibles pero siempre decide finalmente privatizarlo y mirar a otro lado. Siendo ricos, ya se sabe, con que el polvo no se vea, qué más da que lo hubieran barrido justo debajo de la costosísima alfombra.
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