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El convenio sobre el estratégico Tren de Alta Velocidad queda empañado por una fórmula con más sombras que luces y a la espera de contar con una política de transportes que llegue a toda la ciudadanía
Sábado, 10 de Abril de 2010 - Actualizado a las 09:36h
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LA firma del convenio sobre el TAV ha venido precedida de un debate político en el que se ha retratado cada partido, pero llega con muchas incógnitas sobre su plasmación concreta en el futuro y huérfana de un debate social profundo a escala ciudadana. En ese primer nivel institucional es evidente que la foto de ayer, en la que el ministro de Fomento tildó de "falta de rigor" las previsiones lanzadas por Miguel Sanz, hay que ubicarla como un fotograma más de una larga y un tanto estrambótica película que arranca hace veinte años. Un culebrón en el que cada actor ha ido cambiando de papel en un guión también difuso. Es evidente que tanto UPN (y PP, cuando estaban juntos) como los socialistas han mostrado a lo largo de estos años notables contradicciones y cambios de criterio cuando les ha tocado estar en los diferentes puestos de responsabilidad en Pamplona y en Madrid. Desde la miope negativa regionalista a entrar en esta infraestructura por la conexión con la CAV hasta los sucesivos retrasos socialistas en la firma de un convenio que se ha concretado en uno de los peores momentos presupuestarios y económicos posibles. La hemeroteca no perdona. En este sentido, son legítimas las dudas y críticas en las que ha coincidido la oposición parlamentaria, al margen de su voto final. Pero también hay que reconocer que, aun tarde y mal, es un avance que exista un acuerdo Navarra-Estado para una infraestructura estratégica. Respecto al debate social, la ciudadanía percibe que se trata de algo necesario desde el punto de vista del desarrollo territorial y económico, ya que Navarra no puede quedarse fuera de la conexión Cantábrico-Mediterráneo con Europa. Sin embargo, también es cierto que el barullo partidista y mediático -y sobre todo la intervención de ETA, que de paso deslegitima la aportación al debate de la izquierda abertzale-, han cercenado la posibilidad de una reflexión social sobre el modelo navarro de transporte y el papel del tren. El TAV es un tren que resulta caro para la Administración y para los usuarios, que ya tienen una referencia con los trenes Alvia a Madrid y Barcelona. Navarra es una comunidad con amplias carencias en el tejido ferroviario pese a sus inicios pioneros. Llegados a este punto, al menos habría que desear que la gran infraestructura de alta velocidad llegue con una red de trenes de cercanías permeable, que conecte con los domicilios, los lugares de trabajo o de ocio de la mayoría de la ciudadanía navarra.
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