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Una industria floja y de corto alcance que dificulta, y mucho, ganarse la vida con el llamado noveno arte. Es con lo que se llevan dando de bruces muchos años los autores de historietas, que, eso sí, no renuncian a luchar por dar rienda suelta a su pasión.
Paula Echeverría
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Exposición dedicada a Pasqual Ferry en el Condestable.
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La palabra crisis, hoy tan de moda, es ya una vieja conocida del sector del cómic, donde siempre se ha oído y ha dejado eco. Por eso, la situación por la que atraviesa hoy el género en España no parece tan alarmante. Está muy lejos de ser positiva -a un abismo de la realidad de otros países europeos-, pero últimamente se percibe un cierto renacimiento.
Lo dicen los autores locales, que participan estos días en el I Salón Internacional del Cómic de Navarra. Apasionados contadores de historias cuya vocación, cuyo empeño y cuyas ansias de crear chocan con la desesperanzadora realidad de una industria floja, pequeña y de corto alcance que hace que hoy, igual que treinta años atrás, vivir del cómic sea una misión imposible. "No es viable, con la industria tan raquítica que hay en España, la poca difusión y la mala distribución. Para vivir del cómic tendrías que dedicarle tu vida entera, ya no sólo a la creación, sino sobre todo a promoción", comenta el dibujante Pedro Osés (Pamplona, 1942), icono del cómic underground navarro junto con Joaquín Resano, con quien empezó a publicar en fanzines en la Pamplona de los 70. La ilustradora Idoia Iribertegui (Pamplona, 1973), creadora del personaje de cómic Lolita Butterfly, cree que hoy hay más cultura de cómic que hace diez años, pero coincide con Osés en que "vivir dignamente del género en España es imposible, te ves obligada a complementar el trabajo con otros de ilustración, con dar clases... En Francia y Estados Unidos la realidad es otra, allí sí se puede vivir del género, y aquí en los años 60 y 70 había gente dedicada a ello, pero por lo que sé, se trabajaba muy a destajo y prácticamente no había cómic de autor, todo era cómic de encargo". El humorista gráfico de DIARIO DE NOTICIAS J.J. Aós recuerda que los 70 y 80 fueron "años maravillosos para el cómic, con la Transición había ganas de pasar página y se apoyó a la cultura. Hoy las posibilidades de editar son tan pocas, tan a cuentagotas, que a veces parece que el dibujante depende más de tener suerte o de conocer a un editor que de su habilidad". César Oroz (Pamplona, 1968) califica la industria del cómic española de "muy floja para lo que hay en el resto de Europa", y asegura que, en consecuencia, vivir sólo del género aquí es "muy difícil". "En Francia los creadores se dedican un año enteramente a preparar un álbum, y en España eso es impensable, si quieres ganar para vivir tienes que ilustrar cuentos, hacer humor en prensa, trabajos en publicidad...", apunta el dibujante y humorista gráfico de Diario de Navarra y El Jueves. Mikel Santos Belatz (Pamplona, 1974), ilustrador en el campo de artes gráficas -desde 2008 en Kukuxumusu-, sostiene que, en general, el cómic "goza de una mejor salud hoy que hace una década. Vuelve a palpitar con las tiras de superhéroes, el Premio Nacional de Cómic... Eso sí, el panorama para el dibujante es bastante oscuro, tienes que estar luchando continuamente y tocar muchos palos".
el público lector
El manga atrae a los jóvenes
Los autores de cómic coinciden en diferenciar hoy dos tipos de público lector: el que se quedó en la imagen del tebeo de Bruguera, en los cómics clásicos españoles como Mortadelo y Filemón o Zipi y Zape, y asocia los tebeos con la literatura infantil y de evasión; y el público más especializado, que diferencia los géneros, un grupo minoritario pero fiel y realmente interesado. "Este segundo tipo de público se mantiene, no ha ido a la baja y eso es importante", dice Oroz. De lo que se trata ahora es de volver a atraer a esos lectores que consideran que el cómic es cosa de chavales y descubrirles las posibilidades que brinda el género para el público adulto. Y sobre todo, de crear lectores desde niños. "La lucha es con las nuevas generaciones", señala Aós. En este sentido, los autores señalan que lo que les engancha hoy es el manga. "Los lectores jóvenes, los lectores del futuro, empiezan por el manga, y través de esa puerta entran en otros géneros: el cómic europeo, el fantástico, con los vampiros que están muy de moda, los juegos de rol...", cuenta Iribertegui.
Por lo que ha podido ver en ferias que se han realizado últimamente, Osés opina que "el público joven interesado en el cómic es más consumista que en otras épocas de toda esa mercadotecnia que impera hoy: camisetas, caretas, disfraces....". Añade que "los chavales, del clásico Mortadelo y Filemón pasan al manga, y en mi opinión el manga tiene cosas interesantes, pero otras no". Belatz reconoce la "gran fuerza" que ha cobrado entre los jóvenes el cómic japonés, con el manga y el anime, y en cuanto al público adulto reconoce que "en España no es como en Francia o Bélgica, que al año se publican cantidades increíbles de cómic. Aquí el lector es muy accidental, muy ocasional, y salvo revistas de humor gráfico tipo El Jueves, no consume habitualmente cómics. Los asiduos somos muy pocos".
los creadores
Hacia la calidad y la diversidad
Si hay algo que distingue hoy al sector del cómic, en lo que a creación se refiere, es la diversidad. "El cómic no es hoy solo humor, ni acción, ni amor ni historia, está muy diversificado", dice Mikel Santos Belatz. "Hay muchos autores que están empezando y que ofrecen novedad", añade Idoia Iribertegui. El abanico de temáticas, tendencias, maneras de hacer y de comunicar es muy amplio, y entre esas alternativas de géneros y asuntos hay hueco para el cómic de autor. "En los años 90, cuando entraron en el mercado los japoneses, se dio prioridad al manga y otro tipo de tebeos más comerciales, de consumo. Pero hoy el cómic de autor, sobre todo a base de álbumes, tiene su hueco, y se hacen cosas que están muy bien", indica Pedro Osés, coautor junto con Joaquín Resano de la novela gráfica Perro, que acaba de reeditar Ariadna Editorial. Precisamente la novela gráfica -cómic en formato libro, elegante y con una impresión de lujo que ofrece una sola historia, larga y compleja, con pretensiones literarias y de calidad- es una de las nuevas modas del sector del cómic. "Es una manera de vincular la cuestión de actualidad al formato tebeo que está calando en los lectores", apunta César Oroz. La novela gráfica ofrece la cara más social del cómic. "Temas como la vejez, el alzheimer, la pobreza o la guerra, que nunca se habían tocado en profundidad en el género, que siempre ha tendido más a las historietas de acción, ahora cobran mucha fuerza", comenta J.J. Aós. Ejemplos de este auge son obras intimistas como María y yo, de Gallardo, en la que el autor cuenta la historia de su hija autista de 14 años; o Arrugas, de Paco Roca, que aborda sin patetismos y con toques de humor y ternura los problemas de la demencia senil, la vejez y la soledad.
cómic y nuevas tecnologías
Internet y videojuegos, ¿complemento o competencia?
No hay unanimidad cuando se les pregunta a los creadores de cómic por la influencia que han tenido y tienen en el sector las nuevas tecnologías. Unos opinan que son un complemento y que incluso ayudan a dar una mayor difusión al género. Otros ven en Internet y sobre todo en los videojuegos una competencia y un enemigo peligroso, que vuelve al público perezoso y le aleja de la lectura y del desarrollo de las capacidades visuales y la imaginación que ofrecen los tebeos. Idoia Iribertegui cree que "el lector de cómic suele ser usuario de videojuegos", y que "ambas cosas pueden ser un complemento, algo compartido por un mismo público". César Oroz sostiene que "los videojuegos son los tebeos de antes", y califica el cómic vinculado a las nuevas tecnologías, más concretamente a la play station y a la wii, como una nueva moda. "Esos juegos interactivos tienen luego también sus formatos de dibujo animado, sus historias paralelas. Al fin y al cabo, lo importante es el contenido, sea cual sea el formato", dice el dibujante. El punto más crítico con las nuevas tecnologías lo ponen J.J. Aós y Belatz. Para el primero, desde que éstas irrumpieron "se ha perdido mucho público lector. Ya con la televisión. Un tebeo infantil no puede competir con una televisión encendida con cuatro canales de dibujos animados. Y hoy cualquiera puede bajarse una serie de Internet...", sostiene el humorista gráfico de DIARIO DE NOTICIAS, quien opina que "el público se está acostumbrando cada vez más a que se lo den todo masticado, y esa no es la filosofía del cómic". Belatz coincide en que "es muy difícil que alguien que ha sucumbido a los videojuegos o a Internet vuelva al papel, porque le parece como dar un paso atrás, y sin embargo muy fácil que los cómics deriven a una parte del público a los videojuegos... con lo cual, salimos perdiendo".
el futuro
Impredecible, pero con un reto: reeducar en valores
Recortar el abismo que separa a España de Francia y los países centroeuropeos pasa por lograr un mayor apoyo institucional que posibilite una mejor difusión y distribución, pero ante todo, por reeducar en determinados valores, liberar al cómic de etiquetas perjudiciales y sacar a la sociedad de esa pasividad en la que se ha instalado y que tan lejana está de la lectura. "En España las historietas aún se ven como una cosa de niños, cuando hay muchos tipos de cómic. Falta difusión, distribución, apoyo por parte de las instituciones... falta crear empresa", comenta Iribertegui. Sin embargo, la autora de Lolita Butterfly. Confesiones de una fashion victim de 8 años es "optimista" respecto al futuro y cree que la fuerza del género, por qué no, irá a más. Para Pedro Osés, uno de los principales retos es trabajar por que el cómic esté más presente: "Se echa en falta una revista de tirada fuerte donde tenga cabida todo lo que se hace en torno al género", que, dice, "sigue considerándose menor, una cosa de chavales, pura evasión, cuando es mucho más que eso". Belatz opina que "el apoyo de las instituciones no debe frenarse nunca, aunque todos tenemos la culpa de haber creado una sociedad imbécil con la televisión e Internet". Cree que "nos educaron mal, en que el cómic es diversión. De pequeños nos decían: si te portas bien, te dejo leer Zipi y Zape... como si el cómic fuese un premio. Es un medio de comunicación, es literatura acompañada de pintura, es el noveno arte. Hay que enseñar a los padres y educadores lo bonito que es abrir un cómic y desarrollar la imaginación".
César Oroz no cree mucho en el apoyo institucional y opina que "es más interesante una difusión a través de apoyos mediáticos, que haga que ese público que en la infancia leía tebeos descubra nuevos formatos". "Hay que sacar al cómic del reducto friki en el que parece estar a veces, y ahí los medios de comunicación podrían hacer una labor de acercar el género a los lectores con suplementos a base de tiras, como se hace en Estados Unidos", dice.
J.J. Aós incide en la importancia de la educación, o mejor, reeducación, y señala que el futuro depende "de que se recupere el cómic en papel y de que podamos volcarnos en las nuevas tecnologías. Igual que habrá libros digitales, podrá haber cómics digitales". Lo que sin duda siempre habrá, concluye, es "dibujantes con ganas de mostrar su trabajo al público, y ahí sí ayuda Internet. Hay miles de blogs de ilustradores que hacen cosas magníficas en sus ratos libres... Eso no va a parar".
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