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SUMA SEIS JORNADAS SEGUIDAS SIN GANAR PERO MANTIENE OCHO PUNTOS DE COLCHÓN SOBRE EL DESCENSO

Osasuna se derrumba

El racing le da la vuelta al partido y se lleva la victoria haciendo muy poco ante la demostración de falta de carácter de los rojillos

D.N. - Lunes, 22 de Marzo de 2010 - Actualizado a las 07:19h

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Vídeo resumen del partido: OSASUNA 1-3 RACING

(CANAL FUTBOL)

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PAMPLONA. Osasuna está realizando una caída en picado con un vértigo aminorado por los puntos de sobra acumulados tras su buena racha. En una ejemplificación como conjunto mediocre, el equipo de Camacho viene prorrogando una reacción que no llega, que comienza a traer intranquilidad, que siembra de inquietud esta fase definitiva del campeonato. Osasuna, que sigue teniendo en su mano la consecución más o menos temprana de la permanencia, ofreció ante el Racing una demostración de falta de carácter, de ausencia tensión en los momentos clave, de vacío de interés general con la que entregó en bandeja la victoria a su oponente. Por encima de los problemas de finalización, de las dificultades para encontrar el camino del gol, de Osasuna se debe esperar una determinación mayor, una entrega superior con la que oponer resistencia a la calidad del contrario -si la hubiera- o la simple capacidad del rival para entablar el reto en términos de esfuerzo, de pelea.

Osasuna viene dilapidando en las últimas jornadas el margen de puntos respecto a los puestos de descenso y, tan preocupante como lo anterior, también su credibilidad. La aceptación de técnicos y jugadores por parte de la grada -también del presidente y sus intenciones de futuro se juega su parte en este año electoral- se dictamina en jornadas como la de ayer, en partidos sin fundamento ni fuste en los que la sensación de agotamiento, de fin de trayecto, de molesta apatía con lo que sucede en el césped no beneficia a nadie.

Osasuna no debería tolerar más tiempo este desmoronamiento, este tembleque general propio también de un equipo que viene de salvarse en los últimos años en la última jornada y que, como primer paso para la reordenación de objetivos -sin olvidar la permanencia-, busca instalarse en la mitad de la tabla. Si los aficionados han sido comprensivos en los momentos críticos del conjunto, en los que se reclamaba unión del osasunismo y ausencia de crítica en favor de la calma -no es bueno el oleaje cuando se anda a la deriva-, el encrespamiento de la grada resulta más que lícito en encuentros como el de ayer. El desarrollo de los acontecimientos no dejó lugar a otra reacción: Osasuna jugó de horror, comenzó ganando, se dejó empatar en medio de la desgana y fue doblegado por la mayor convicción y mentalidad de su rival. Como para ser comprensivos. Es absurdo plantear una temporada sólo desde la necesidad y la urgencia, pero Osasuna parece hacer norma de la excepción. La predisposición de un equipo, su buen comportamiento, no puede encontrarse sólo cuando se camina en el filo de la navaja. Si es así, el grupo funciona, está mal hecho o se miraba a otra parte cuando se dotaba de futbolistas al plantel.

El desgobierno fue la característica de la primera mitad. Impreciso todo el mundo, Canales hizo del arranque una cuestión personal por el loable empeño de buscar la portería de Osasuna. Dady, que estuvo en el campo veinte minutos tras un mes en el dique seco por la decisión del entrenador, dispuso de la ocasión más clara de la primera mitad después de una parada de Coltorti en una acción previa de Masoud. El delantero caboverdiano se marchó poco después para la caseta por culpa de una lesión, descabezando un poco más el juego ofensivo de los rojillos, sin un punta clásico sobre el que girar balones o los centímetros de un grande que propicia ideas cuando no hay juego. Osasuna bajó ayer unos cuantos peldaños la excelencia de su fútbol, arrasado en el eje -Lacen y Colsa se comieron a Vadócz y Nekounam, tristes almas rojillas en pena- y mediano en las bandas, no había tesón en los últimos veinte metros como para arañarle al Racing. Juanfran, que había estado centrando con peligro en sus contadas apariciones, soltó otro recado en el área para que Miguel Flaño, en una posición de rematador que le gusta, cazara un testarazo sorprendente. A Osasuna el partido se le ponía muy de cara y sólo recordando la importancia de los puntos en juego -por la cercanía de la salvación, de la tranquilidad, de la responsabilidad para con la grada fiel- seguro que no se le debía escapar. El Racing, hasta ayer cinco partidos sin marcar, venía viviendo una anormalidad y no podía lograr un gol normal. Y eso sucedió cuando Colsa soltó un zurdazo bien armado desde poco más allá del borde del área y fabricó una trayectoria para el esférico inalcanzable para Ricardo, estatua obligada ante el misil. Fue un pepinazo helador, en el que Osasuna también ofreció una excelente antesala para el remate, sin rojillo de por medio controlando el balón sin dueño, sin centrocampistas atentos al rechace. Osasunistas tardos, como durante todo el encuentro, anduvieron por ahí, sólo mirando. Antes del descanso, el equipo de Camacho dejó un par de demostraciones de interés contenido, en un centro-chut de Masoud que casi se come Coltorti y en una acción aguerrida de Galán, perdido a su suerte a balonazos, también repelida por el meta suizo. El gigantón portero del Racing, en una tarde en la que no había presencia de espigados rojillos, fue obsequiado con un montón de balones que no le crearon ni un susto. Osasuna, que tristemente juega igual cuando gana, pierde o empata -por ahí le duele al osasunismo-, fue volteado en una acción torpe a los cinco minutos de la reanudación. Primero porque a Miguel Flaño le birlan la pelota y comete falta; después porque a Azpilicueta su par se le escurrió por la espalda en la defensa del balón parado; por último, el remate inverosímil de Christian -jugándose el esguince cervical- le pilló a Ricardo clavado. Completada la remontada con muy poco, a los planes del Racing ayudó que Osasuna quedó liquidado. El manotazo de Christian en el área hizo soñar con un penalti no pitado, pero las acometidas restantes de los rojillos tuvieron intensidad mediana y ningún rango. Patas arriba, los de Camacho encajaron entonces el tercero. El caos. Lo normal cuando se juega sin plan, ni alma.

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