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"Soy escultor, no tengo elección"

el artista anish kapoor muestra sus colosales obras en el guggenheim

La muestra del artista británico podrá verse en Bilbao hasta el 12 de octubre

maite redondo - Sábado, 20 de Marzo de 2010 - Actualizado a las 09:30h

Una de las instalaciones de la exposición titulada "Disparas en el rincón 2008-09"

Una de las instalaciones de la exposición titulada "Disparas en el rincón 2008-09" (EFE)

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bilbao. Un cañón que dispara proyectiles de cera roja contra una esquina, una escultura en la que se ha excavado en su interior y se ha pintado de azul prusiano para crear la sensación de que no está vacía, un paisaje rojo con una aspa de metal que, movida por un motor, gira de forma imperceptible removiendo veinticinco toneladas de cera roja, esculturas de cemento que recuerdan a intestinos y a heces humanas...

El visitante que acuda hasta el 12 de octubre al Guggenheim Bilbao se va a encontrar con un conjunto de esculturas colosales que, desde luego, no le van a dejar indiferente. Originada en la Royal Academy of Arts de Londres y patrocinada por Iberdrola, llega ahora al museo bilbaíno una muestra monográfica sobre Anish Kapoor, un escultor de origen hindú, afincado en Londres, aclamado como uno de los artistas más influyentes del panorama artístico internacional.

A Anish Kapoor no le gusta que su exposición, que hoy se abre al público en el museo bilbaíno, sea considerada como una retrospectiva. Pero sus obras de gran escala, que reflejan la infatigable búsqueda del escultor, constituyen un buen ejemplo para conocer la trayectoria de un artista que desde que fue premiado en la Bienal de Venecia en 1990 y consiguió el Premio Turner un año más tarde, se le disputan los museos y las ciudades de todo el mundo. (Una de sus esculturas más conocidas es Puerta de nubes en el Millenium Park de Chicago).

Nacido en 1954 en Bombay, de padre hindú, Kapoor tiene, sin embargo, el ascendiente hebreo de su madre, judía originaria de Irak, de manera que ya su cuna es una especie de premonición de lo que será su obra. El prestigioso escultor británico ha volcado en su obra ese carácter universalista y esa infancia marcada por la diversidad de opuestos.

recorrido El espectáculo comienza al lado del estanque del museo, junto a la ría, frente a la cual Anish Kapoor ha levantado El gran árbol y el ojo, una irregular columna de esferas, cuyas superficies de pulido acero inoxidable reflejan una y otra vez todo lo que las rodea. El ángulo de las imágenes va cambiando a medida que la mirada del espectador sube por la escultura.

¿Qué importancia tiene el público en su obra? "No hago arte para el público, pero me preocupa mucho el observador. Mi obra tiene muy presente la existencia de un observador filosófico, que es una fuerza vital que hace que la obra sea completa. La fuerza del objeto es que quizá no pueda evitar provocar un sentimiento. Una escultura es manipuladora, te dice cómo debes colocarte, cómo debes mirarla, el arte no es casual frente al espectador".

El escultor británico está satisfecho de cómo ha quedado la exposición en el edificio de Frank Gehry. "Las galerías del edificio no son fáciles, pero, al mismo tiempo, son muy generosas", explica este artista, que en un momento de su explicación dice categóricamente: "Soy escultor, no tengo elección. Me interesan los objetos".

Sus obras , que él mismo denomina como "lenguajes de la forma", se caracterizan por la utilización de materiales industriales, como los pigmentos, el cemento, el acero patinable o la cera y las resinas, y de un determinado proceso de construcción de las formas. "Me interesa el proceso que desautoriza o bastardiza el objeto y le quita la autoría".

La serie arranca con obras realizada con polvo aplicado a formas geométricas, que parecen surgir de las paredes y del suelo. Tras estas primeras piezas, Kapoor decide excavar el objeto. Adam (1988-89) y Sin título son dos ejemplos de esta etapa del artista. "Parece como si vaciando la forma, de algún modo el espacio no se vaciara, más bien es como si se llenara. En estas piezas hay un vértigo que te hace sucumbir hacia un infinito, hacia un vacío", explica.

El deseo de Kapoor por ampliar el ámbito de la escultura más allá de sus límites físicos lo condujo a crear piezas reflectantes. Una gran sala acoge una instalación de esculturas realizadas en acero inoxidable pulido, que sólo parecen cobrar vida como objetos reales cuando la imagen del visitante se refleja en su superficie. En obras como Poniendo el mundo al revés las superficies cóncavas de los espejos invierten los reflejos de los visitantes, transformando el espacio que ocupan.

Kapoor reconoce que está muy interesado en el proceso de la obra, y así describe el de una de las más singulares de la exposición: Disparos en el rincón. "Ha sido relativamente fácil. Construimos un cañón que dispara proyectiles con aire comprimido a intervalos de 20 minutos contra un rincón. "La pieza, que tiene además un simbolismo sexual evidente, está separada del resto, en una arena ritual, como si fuera un cuadrilátero de boxeo donde tiene lugar este psicodrama. Los restos de cera se van acumulando en el suelo de la sala hasta que acabe la exposición. Ahora hay dos toneladas, pero llegará a haber 30. Es otra de las obras que se hacen a sí mismas".

Primero buscó la perfección o la esencia del azul y del amarillo. Ahora, del rojo. ¿Qué simboliza para Anish Kapoor este color? "El rojo es un color con el que he trabajado mucho porque es el color de lo físico, de la tierra, de lo corpóreo. La mayoría de los artistas que trabajan en color lo hacen para darle luz pero el rojo tiene esa capacidad de ser oscuro, mucho más que el negro o que el azul. Quizás influyan cuestiones psicológicas, como la violencia". En cuanto al tamaño colosal de sus obras, dijo que no trata de generar temor, aunque reconoce que puede llegar a abrumar. "Pero no nos debe dar miedo".

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