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UPNA | EL CICLO DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA DE NAVARRA CONTINÚA EL JUEVES CON LA ACTUACIÓN DEL COMBO CATALÁN Y SOL DE INVIERNO

Del violín al funky o el reggae, todo con la rumba

el camaleón - Viernes, 19 de Marzo de 2010 - Actualizado a las 18:13h

Violín, guitarra y voz, Gertrudis no necesita más.

Violín, guitarra y voz, Gertrudis no necesita más. (CEDIDA)

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Más de 500 conciertos ofrecidos, un EP, tres discos y un CD más DVD en directo avalan los casi ocho años de trayectoria musical de los catalanes Gertrudis, grupo que el próximo jueves, día 25, actuará en la cafetería del aulario de la UPNA junto a Sol de invierno. El concierto, como todos los del ciclo, comenzará a las 19.00 horas y cuenta con entrada libre.

-Gertrudis regresa a Pamplona tras realizar una parada técnica en su carrera al finalizar el pasado año, ¿a qué se debió?

-Fue una parada catalana. Es decir, dejamos de tocar en Catalunya porque digamos que no habíamos parado de hacerlo en mucho tiempo. Pero los conciertos que nos salen fueran los hacemos, no hay que perder el rollo. Ahora tenemos tres bolos en Navarra, uno en Berlín y otro en la India. Simplemente decidimos hacer lo que aquí se llama el sistema del payés, es decir, guardar la tierra un poco.

-Vuestro último trabajo discográfico es el directo '500', que sirvió para celebrar el medio millar de actuaciones. Pero, a su vez, ¿era una manera de marcar un punto de inflexión en la banda?

-Lo que sucedía es que los discos de estudio, con el tiempo, no acababan de convencernos. Nuestro fuerte siempre ha sido el directo, hasta el punto de que era demasiado bestia, en el sentido de que no había color con lo registrado en el estudio. Y por eso hicimos este trabajo, para intentar reflejar lo que era Gertrudis de verdad. Por otra parte, también es cierto que era un trabajo apropiado para marcar un cambio de etapa y para presentar a nuestros seguidores, con sus gritos incluidos.

-Hablas como si sólo hubierais tocado en Catalunya cuando Gertrudis es un grupo con varias giras europeas y estatales a sus espaldas.

-Lo que sucede es que han sido giras de las que vuelves con lo puesto; económicamente hablando, no en lo que se refiere a experiencias y sensaciones, por supuesto. Es una historia que hay que trabajar poco a poco y lo que sucede es que, cuando tienes curro aquí, cuesta más marcharte.

-Aprovechando el vistazo al retrovisor que supone un directo, ¿cómo surgió la idea de incorporar el violín a la rumba?

-No es que se nos ocurriera incluir el violín, simplemente Edu era el otro músico de la pandilla, porque nos conocemos desde la guardería, y tocaba el violín. Si hubiera tocado el trombón, ahora estaríamos haciendo rumba con trombón (risas). Por otra parte, Edu es un tipo muy versátil; le mola mucho la percusión y suele tocar el cajón en directo. Se pone donde haga falta.

-Y la curiosidad típica, pero en este caso máxima, ¿de dónde sale el nombre de Gertrudis?

-Lo del nombre fue una chorrada (risas). Un día estaba esquiando y vi cómo bajaba un notas gritando: "¡Jerónimo!". Así que cogí yo y bajé gritando Gertrudis. Y se me quedó de tal forma que desde ese momento supe que si montaba una banda, intentaría llamarlo así. De todas maneras, tengo que confesar que al principio de nuestra carrera quisimos cambiarlo, pero ya nos conocían por ese nombre y, al final, el nombre hizo al grupo más que el grupo al nombre.

-Para acabar, al margen de vuestro éxito popular, se habla ya de la influencia de Gertrudis en la rumba catalana...

-Desde la máxima humildad, lo que ha sucedido es que Gertrudis ha llevado la rumba a los distintos pueblos catalanes; no somos un grupo de Barcelona que, a través de una megapromoción, haya influido en los pueblos. Nosotros somos un grupo de pueblo, que comenzamos a tocar en los pueblos cercanos y de ahí pasamos a otras comarcas. Ha sido un trabajo de ir tocando por las fiestas de cada localidad, pueblos que en lugar de contratar a la típica orquesta que hacía un poco de todo nos llevaban a nosotros, que hacíamos algo propio y nos sumergíamos en la propia mentalidad de la fiesta. Eso, al final, nos llevó a tocar en la Apolo de Barcelona, liando una gordísima, pero que era el resultado de todo el trabajo anterior.

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