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Domingo, 14 de Febrero de 2010 - Actualizado a las 09:22h
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UNA vez más, se ha producido la dicotomía o separación entre la cultura necesaria, colectivos dispuestos a generarla y Ayuntamiento con escasez de miras. El resultado, niños sin disfrutar de un lúdico correteo por las calles, chocolatada incluida, música sin coste por parte municipal. Y mayores, sin sonrisa por verlos disfrazados y la gran mayoría de Barañáin asombrada porque este año la calle está silenciosa por una decisión incomprensible por parte del equipo de gobierno.
Una vez más, repito que se ha coartado el desarrollo de una comunicación social como cualquier espectáculo en la calle. La propia actividad callejera en este pueblo genera historia, recuerdos y convivencia ciudadana en un pueblo que necesita sentirse a sí mismo, crear costumbre y que ésta sea identificada en los avatares de Barañáin. Si no es así, difícilmente se crea pueblo.
Es difícil comprender por qué UPN está en contra de cualquier actividad que no sea generada por sus normas. Que estas actividades puedan conllevar una crítica a su forma de gobernar es un hecho intrascendente. Gobernar tiene sus inconvenientes y uno de ellos es la crítica popular, pero hay que saber encajarlo con deportividad. Iruña, Cádiz, Valencia, etcétera, son ciudades acostumbradas a tener irónicos semblantes, tanto en Sanfermines, carnavales y Fallas y, sin embargo, nadie busca esa excusa para suspender la actividad popular. Sólo podemos pensar dos cosas a raíz de esta continua prohibición.
Primera, que UPN no tiene ninguna intención de que Barañáin siga desarrollándose como ciudad y que acabe en un triste barrio de Iruña, ahogando culturalmente, económicamente y socialmente a Barañáin.
Segunda, que estén tan confusos sobre la realidad de una convivencia ciudadana que gaztetxe, colectivos y posicionamientos políticos más radicales estén en el mismo saco y se sientan adalides de una cruzada que sólo lleva a dejar a este pueblo sin ninguna actividad callejera. También podríamos añadir la expresión que corretea por sus mentes de forma grotesca y evocadora de otros tiempos de la calle es mía.
Al final, quien resulta perjudicado es el ciudadano de a pie que poco entiende de equipo de gobierno, de pensamientos políticos o de objetivos a largo plazo. Su alegría carnavalesca ha desaparecido y con ello muchos años de costumbre agradable y pacífica.
No sabemos si alguien está haciendo méritos para los próximos congresos de UPN, no sabemos si realmente buscan el enfrentamiento popular para mostrarse en su partido como los alumnos aventajados de una política cultural nada participativa. De todas formas, el daño ya está hecho y, como siempre, la ciudadanía es la que a priori pierde en estas decisiones unilaterales que, por imcomprensibles, nos dejan una calle sombría y apagada. Que recapaciten y nos digan qué tipo de cultura quieren. Si es ésta, juguemos al parchís en casa porque la calle sigue siendo suya.
José Ignacio López Zubikarai
Concejal de EA-NaBai de Barañáin
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Gracias por su comentario
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