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Ricardo López cumplió el domingo un sueño personal: jugar su vigésimo partido y asegurar su permanencia en Osasuna un año más. A sus 38 años no piensa en colgar las botas, sino en continuar dando lo mejor de sí en Osasuna, donde le gustaría trabajar al final de su carrera
pedro lanas - Miércoles, 3 de Febrero de 2010 - Actualizado a las 08:08h.
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Ricardo golpea la pelota de golf en Gorraiz. (Foto: mikel saiz)
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pamplona. A Ricardo no le asusta la edad. Es el tercer futbolista más veterano de la Liga española detrás de los también porteros Armando (Athletic) y César (Valencia). Con ellos mantiene ese pulso de longevidad en la Liga española y Ricardo está dispuesto a seguir dando guerra por lo menos hasta 2011 porque físicamente se encuentra bien y de ánimo muy alto debido a la gran campaña que está realizando este curso con Osasuna.
Ricardo nunca se hubiese imaginado de pequeño que a las puerta de los 40 años estaría dedicándose al fútbol, viviendo en Pamplona y a un paso de batir récords de longevidad en Osasuna y en Primera. Su madre era ama de casa y su padre, un catalán que se trasladó a Ávila, era un autónomo que se dedicaba al montaje de cocinas y a la decoración. Era el segundo de cuatro hijos. Su infancia la pasó con un balón debajo del brazo en las calles del barrio Campamento de Madrid y en el pueblo de su abuelo y su madre, Higueras de las Dueñas, de Ávila. "Es como si fuera de ahí", indica. Estudió hasta tercero de Formación Profesional, rama de electrónica, lo que le permitió trabajar en la empresa Canon. Pero lo dejó pronto porque el fútbol lo llevaba muy dentro y el Atlético le abrió la opción de dedicarse a él de forma profesional.
Ha recorrido muchas plazas durante los últimos 18 años, pero por fin ha encontrado en Osasuna su lugar definitivo para jugar y para vivir felizmente con su familia en Navarra, en Gorraiz. "Pamplona nos encanta a toda la familia -señala Ricardo en la entrevista personal concedida a este diario-. Es una ciudad recogida, muy bien comunicada, tiene todos los servicios (tren, aeropuerto...), está a 40 minutos de la playa. También estamos contentos con los colegios de los niños y hemos hecho muy buenos amigos. Aquí estoy muy a gusto. Soy muy familiar, me gusta estar con mis hijos siempre que puedo, y aquí tengo cerca para practicar mis hobbies favoritos: el golf y el pádel".
El domingo renovó automáticamente al jugar su partido número 20 esta temporada.
Era uno de mis objetivos personales de este año: ser titular y jugar esos 20 partidos para seguir una temporada más en Osasuna y cuanto más años mejor.
¿Ricardo tiene fecha de caducidad?
Como los yogures, ¿no? A veces me lo preguntan hasta mis compañeros. El otro día, cuando renové por jugar 20 partidos, me hicieron sentir su cariño, me dieron la enhorabuena y me decían que ya estaba bien y que cuándo pensaba retirarme. Siempre digo lo mismo: que me encuentro muy a gusto con el gran grupo humano que estamos ahora en el vestuario. Y mientras esté a gusto y jugando a fútbol, que me gusta, no pienso en retirarme.
¿Se ve en condiciones físicas adecuadas para seguir?
Ese es otro de los temas. Yo me siento muy bien. No me veo cansado cuando hago un sobreesfuerzo en un entrenamiento o en un partido. Hablo mucho con Vicuña y digo que cuando me vea flojear me lo diga claramente. Será el momento de decir basta. Ahora sigo estando muy ilusionado. Además, el equipo va bien y eso te da más ganas en seguir.
¿Cuál es el secreto para seguir tantos años en activo?
Lo más importante para seguir jugando a fútbol todo está en la mente, en seguir ilusionado, en tener ganas de entrenar y jugar un partido, porque sin eso, llega un momento que te cansas y piensas en dejarlo. El día que vea que no tenga ganas ni ilusión, será el momento de dejarlo.
Los porteros son los que más años aguantan. ¿Es porque tienen menos desgaste físico?
Un portero tiene mucho menos desgaste físico y por eso aguantamos mejor la edad. Un jugador de campo hace unos 13 kilómetros durante un partido, muchos de ellos como sprint y eso desgasta las articulaciones, los músculos y precisas más descanso. Un portero corre como mucho seis kilómetros y sólo haces sprints muy cortos.
El siguiente paso es batir algún récord de longevidad en Primera o en Osasuna.
Cuando ves esa posibilidad, te toca la fibra, pero la verdad es que no me lo planteo.
¿Le asusta cumplir 40 años?
No. Ni muchísimo menos. Son cifras. Algún chaval joven puede pensar que ya estoy cerca de los 40, pero son números. Además, cuando estoy y veo a mis hijos, éstos me rejuvenecen cada día por la ilusión y la vida que transmiten.
¿En el vestuario no nota distancias por la edad?
No. Es una de las virtudes del vestuario de Osasuna. En general los jóvenes se integran muy bien y yo ayudo a todos los que suben del filial a que se sientan como uno más dentro de la plantilla. No hay distinción. Me llevo bien con todo el vestuario. Quizá, la edad me hace asumir más responsabilidad dentro del vestuario. A veces tienes que dar un pasito hacia adelante cuando es necesario.
¿Se acuerda de cuando empezó a jugar a fútbol?
Cuando era un crío iba todo el día con el balón bajo el brazo por el barrio, el de Campamento de Madrid. Sólo lo dejaba cuando algún coche me reventaba el balón.
¿Siempre ha sido portero?
No. De chiquitín no daba la talla. Era pequeño y debía actuar como jugador de campo. Metía buenos goles con la zurda. Sin embargo, en el barrio había mucha tradición de jugar como portero. Había un juego por el que le daban puntos al que más tiempo aguantase sin encajar gol, y ahí empecé yo. Me decían que era bueno, y comenzaron a ponerme como portero. Sin embargo, me hicieron una prueba en el equipo del barrio y me cogieron como lateral izquierdo. Mi amigo Quique me llevo al equipo de su barrio, Aluche, y ahí comencé de portero.
Y de ahí al profesionalismo.
Estaba en los juveniles, y me subieron al filial del Atlético de Madrid. Me hicieron un contrato semiprofesional por tres años. Cobraba un millón de pesetas, pero me llevé un chasco cuando me enteré que me quitaban el 20% por el IRPF. Mi trayectoria no ha sido fácil. En el Atlético estaban por delante Abel y Diego, dos porteros veteranos. No tuve oportunidad. Vino Antic y se trajo a Molina. Apostaron por él. Decidí ir al Valladolid donde estaba César, pero sabía que iba a salir de ahí porque había hecho muy buenas temporadas. Fue una buena decisión, porque terminé jugando y fue un buen escaparate. De ahí me fui al Manchester, un equipo grande, pero lo pasé mal en Inglaterra porque fui con toda la familia y esperaba un mejor trato por parte del técnico Álex Ferguson, pero no me dio ni bola. Me sentí decepcionado. Es una de las espinas que se me quedó clavada. Por ello, estoy muy agradecido a Osasuna por fijase en mí y as que Aguirre, Ziganda y Camacho confiasen en mí. Me ha servido para coger una solera como portero, he jugado partidos y eso siempre hace feliz.
¿Nota que ha cambiado mucho como portero en estos 20 años?
No demasiado. Percibes mejor el fútbol, decides mejor como parar un balón...
¿Quién ha sido su referencia como portero?
Siempre me ha gustado mucho Arconada. También estaba Miguel Ángel. Los dos han sido buenos porteros, ágiles, con buena coordinación. Les veía un empaque especial y siempre me he fijado en ellos.
¿Cuál es su mejor recuerdo?
Uno de los mejores recuerdos fue cuando Camacho me llamó a la selección española, porque no me esperaba su llamada estando en un club pequeño como el Valladolid. En Osasuna mi mejor recuerdo es cuando logramos el cuarto puesto. La salvación del año pasado contra el Barcelona y el Madrid, después de un año duro para mí, fue algo precioso. Además, si no hubiésemos logrado la permanencia, a saber dónde estaría en este momento. Con el tiempo lo valoro muchísimo.
¿Y lo peor?
La lesión del año 95. Me rompí el dedo jugando con el Atlético. También estando en Inglaterra pensé que había tomado la decisión equivocada al ir a ahí.
¿El gol más doloroso?
El que encajé contra el Hamburgo, porque significaba que no íbamos a jugar la Champions. Luego alcanzamos la semifinal de la UEFA.
¿Y la mejor parada?
La del otro día en Villarreal, hice una de las mejores paradas en el tiro de Rossi. Fue clave. El rechace lo cogió Llorente y marcó, pero cuando vi al árbitro levantar la mano, vi la luz. Dije: "Gracias, Pérez Burrull". Otra que me gustó mucho fue la que le hice a Bojan contra el Barcelona en un uno contra uno.
¿Cuál ha sido el mejor y el peor entrenador que ha tenido?
He tenido bastantes que no me han dado bola, pero no te puedes fijar en eso. Ferguson, por ejemplo, no contó conmigo, pero es un buen entrenador, sabe motivar y tiene un don para ser cordial y a la vez mantener la disciplina del vestuario, que no es fácil en un Manchester United. A mí, uno de los que me gustaba mucho por su filosofía del fútbol era Javier Aguirre.
¿Ha llorado por algún partido?
El año que nos clasificamos para la Champions se me soltó alguna lagrimilla cuando el Getafe nos ganó en casa por 0-4. Salió todo mal y pensé que todos nuestros sueños se esfumaban. Esa goleada fue dolorosa. También he llorado de alegría, como cuando nos salvamos en Santander, al igual que el año pasado.
¿Lleva la cuenta de los goles encajados?
No, porque cada gol es un latigazo, una flagelación.
¿Ha marcado algún gol?
No, pero me gustaría hacerlo antes de retirarme.
A Osasuna llegó con 33 años y va a ser el equipo en el que más ha permanecido profesionalmente.
Es porque se ha dado una serie de factores importantes: me han salido bien las cosas y el equipo también ha acompañado. He tenido regularidad y he sentido que la gente me ha cogido cariño y el club me está recompensando queriendo que siga, y eso me llega y por eso sigo estando aquí.
Ha preferido quedarse, pero tuvo opción de irse.
Siempre ha habido cosas. El año pasado tuve opción de irme (al Getafe), pero en mi casa hubo una sentada con mi mujer y mi hija y me dijeron que aquí estaban muy a gusto y que no querían cambiar por nada del mundo. Me pusieron el caramelo en la boca, porque era Madrid y probar algo nuevo, pero lo pensé todo, y desestimé la opción del Getafe. También hablé con el entrenador y me dijo que contaba conmigo, al igual que el club, y firmé por Osasuna.
Con esa decisión se puede decir que colgará las botas en Osasuna.
No me gusta decir eso porque parece que te estás entregando. No me planteo colgar las botas. Decir eso es entregarse, y me gusta que la gente sienta que soy un jugador que puede hacer grandes cosas, que está dispuesta a todo.
¿Ha variado mucho Osasuna en estos cinco años?
Osasuna está creciendo como club. Hay proyectos muy bonitos. Osasuna se ha ganado el respeto en la Liga y cada vez se habla más de él. Eso es por el trabajo que se está haciendo. También que se mueve bien en Tajonar con la cantera, con la Fundación. Deportivamente también se han fichado buenos jugadores y un buen entrenador como Camacho. Y la afición siempre está ahí apoyando al equipo. Todos estos factores hacen que Osasuna siga progresando.
Izco termina mandato y ahora hay elecciones. ¿Qué le puede decir?
Que haga lo que le dicte el corazón. Izco tiene carisma, es un buen presidente, se ha ganado el respeto de la afición y del mundo del fútbol. Cae bien y está haciendo buenas cosas por Osasuna.
¿Qué opina de Camacho?
Camacho es un técnico que mantiene siempre el máximo nivel. No te deja ningún momento de respiro y eso es muy bueno. Tiene al equipo muy disciplinado. Ahí están sus números.
¿Por dónde debe pasar el futuro de Osasuna?
El futuro lo tenemos que construir entre todos que componemos el club. Está progresando y hay proyectos como la Escuela de fútbol y la ampliación del estadio que aún lo harán más grande. Osasuna es el equipo de toda Navarra y debe conocerse en toda Europa.
Se le ve identificado con el club.
Así es. Mis hijos son socios de Osasuna y de la Fundación. Me ha calado la gente de aquí, del club.
¿Dónde se ve cuando deje de ser portero profesional?
Me gustaría saber si soy capaz de dirigir un grupo profesional, un equipo de fútbol, aunque aún no tengo el carné. Me pica esa curiosidad. También me gustaría seguir muchos años en Pamplona porque mi familia y yo estamos aquí muy a gusto. La verdad es que en el futuro me veo aquí. No me imagino ahora mismo fuera de Navarra. Aquí tenemos todo. Los hijos se hacen mayores y tienen sus amigos, su cuadrilla, y no quieren irse. Me veo yendo al chupinazo con mis hijos.
¿Le gustaría trabajar en Osasuna?
Me gustaría seguir en Osasuna, contribuyendo a hacerlo cada día más grande. ¿Por qué no?
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