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Cómo proteger las identidades locales frente a la globalización

sólo cuatro carnavales de todo el mundo están en la lista del patrimonio inmaterial de la unesco

p.g. - Domingo, 31 de Enero de 2010 - Actualizado a las 09:26h

pamplona. La protección oficial de los elementos culturales es relativamente reciente. Hay una ley estatal del año 1985 que posteriormente han desarrollado las comunidades autónomas. La ley navarra es de 2005 y establece distintos grados de protección, el máximo la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC). Habitualmente se han catalogado BIC elementos materiales: iglesias, ermitas, palacios, parques, conjuntos arqueológicos, obras de arte y otros. El 6 de abril del año pasado alcanzaron esta consideración dos fiestas populares, los carnavales de Ituren-Zubieta y Lantz, los primeros Bienes de Interés Cultural de carácter inmaterial de Navarra.

"Proteger un edificio antiguo y conservarlo es fácil; pero los rastros del folklore no son como los de una obra de arte. ¿Cómo se protege una fiesta que está viva y que, además, es cambiante?", se pregunta Karlos Irujo. Tanto él como Mikel Ozkoidi tienen claro que se han elegido precisamente estos dos carnavales no sólo por ser los más conocidos, sino también porque han sido y son "los de mayor repercusión mediática y científica", señala Ozkoidi.

El grado máximo de protección a nivel mundial lo otorga la Unesco, que en 2003 aprobó la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial. En su listado figuran dos centenares de elementos culturales a preservar, desde el tango a la fiesta de Año Nuevo de los giang chinos. En todo el mundo, sólo cuatro carnavales han merecido estar en esa lista hasta ahora: Binche (Bélgica), Oruro (Bolivia) y los de Barranquilla y Negros y Blancos (ambos en Colombia).

La protección de todos estos elementos culturales se basa en el temor a que puedan desaparecer. "La globalización actual supone la pérdida de esas pequeñas identidades. Además, las elites culturales siempre han considerado fiestas como los carnavales vulgares y poco interesantes, posiblemente porque no participaban en ellas", reflexiona Ozkoidi. Por eso, estas declaraciones oficiales vienen a suavizar "esa tensión entre la cultura con mayúsculas, la de las élites, y la cultura popular. Es el reconocimiento de que la cultura popular también es cultura", añade Irujo.

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