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El equipo de Camacho realiza un gran encuentro ante el Villarreal y el extremo, con dos goles, pone en el marcador la clara diferencia entre los dos conjuntos
JAVIER SALDISE - Domingo, 31 de Enero de 2010 - Actualizado a las 19:25h
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PAMPLONA. Alejado de la imagen de los últimos tiempos, un retrato dibujado desde algunas tardes con menos luces con el balón y fútbol soñado de rompe y rasga, Osasuna realizó en Villarreal el mejor encuentro como visitante de la temporada y se llevó una victoria de consecuencias sonoras. La más grave fue para el entrenador local, Valverde, a quien tras la derrota le cortaron la cabeza como escarnio público ante la afición y castigo severo por no haber dado con la tecla de su equipo para colocarlo en los puestos de honor que acostumbra. La repercusión más agradable correspondió al equipo de Camacho, que demostró ayer que ha asimilado el disgusto de la Copa, ha hecho una revisión de sus posibilidades -actitud y juego- y aparentemente ha enfilado la segunda vuelta de la competición con un aire distinto.
Osasuna fue muy superior a su rival, controló el partido y también mimó el balón
Sólo un equipo decidido, certero, ambicioso y con un plan de juego definido puede ganar fuera de casa, y más aún en el campo de uno de los buenos conjuntos del campeonato. El Villarreal que ayer se encontró Osasuna no es el mejor de los últimos tiempos, pero hay que entregar su mérito a los rojillos por las dificultades opuestas a los hombres de Valverde y tampoco se debe olvidar que la calidad de los futbolistas locales -sin tener en cuenta la inversión multimillonaria que se ha hecho en algunos de ellos- no necesita buen juego para resultar decisiva.
Osasuna tiene trabajo si quiere mantener en próximas jornadas el estilo de juego y el empuje del partido de ayer, pero la estampa mostrada ante el Villarreal habla de un equipo quizás definitivamente ambicioso, con menos dudas y dispuesto a decidir su destino más allá de lo que proponga el contrincante de turno.
Las casualidades del fútbol, además, le brindaron a Juanfran una tarde para la revancha personal. Muy cerca del árbitro que le llevó a la desesperación y le quiso colgar el cartel de tramposo la última vez que le pitó -el ayer afable Pérez Burrull-, el extremo se reivindicó como un futbolista resolutivo, que está poniendo la guinda con goles a las destacadas actuaciones de los últimos tiempos. Un Juanfran en forma -un extremo con habilidad para el desequilibrio y que obliga a ayudas y descolocación de los defensas- es un recurso del que no pueden lucir muchos equipos.
Osasuna también expuso que quizás ha sido obcecación, o clara intención en la búsqueda de un modo resolutivo de juego, la reiteración de la práctica del fútbol directo -más metros que mimo-, que bien ejecutado también es una gloria, pero que con menor pericia resulta frustrante. Por eso, superados unos cuantos minutos de imprecisiones por parte de los dos equipos, y gracias a la ambición expuesta en el césped -Osasuna jugó básicamente en el medio campo contrario, con el balón controlado o para arrebatárselo al Villarreal-, el primer tanto de Juanfran impulsó al equipo de Camacho a la búsqueda decidida de la victoria y a la práctica de un fútbol más pausado. Con criterio, presencia mayor de los medios centros y despliegue por las bandas, Osasuna completó un primer tiempo excelente, en el que dispuso hasta de cuatro oportunidades clarísimas de gol. Además, con protagonistas tan inverosímiles como Azpilicueta, erigido en un par de ocasiones como circunstancial delantero rematador fruto de la armonía general con la que se movió el equipo. Bien colocado y sereno, Osasuna le dejó al Villarreal vivir la primera mitad refugiado en su campo, alrededor de Diego López, sin ver apenas el balón. La presencia de Masoud como delantero -al igual que la campaña pasada- le entregó a Osasuna un dinamismo interesante que supo fundirse bien con la presencia continua de los dos extremos. Camuñas y Juanfran, bien respaldados por los colosales Monreal y Azpilicueta, provocaron un desequilibrio difícil de contrarrestar.
La apuesta ofensiva del Villarreal tras el descanso fue un amago más que una búsqueda de soluciones. La cabalgada de Masoud y el remate de Camuñas en el primer minuto de la reanudación le dejó claro al equipo de Valverde que la lucha seguía en pie, que la cosa no quedaba ahí. Osasuna fue ejerciendo su superioridad practicando un control del partido sin mancha alguna, con ocasiones menos numerosas -Pandiani y Miguel Flaño no capturaron por poco un lanzamiento de falta de Puñal- . Sólo Ricardo tuvo que detener un susto, un buen disparo de Rossi, que en fuera de juego transformó después en gol Llorente.
Un suspiro después, Camuñas y Juanfran, con las pilas cargadas para correr en el minuto 85, liquidaron el partido con una acción de pillería del primero y de serenidad y brillantez del segundo. En un partido las cosas cambian.
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