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Osasuna protagoniza una frustrante eliminación de la copa frente a un racing inaccesible, que para los veinte minutos ya había sentenciado con dos goles
JAVIER SALDISE - Miércoles, 27 de Enero de 2010 - Actualizado a las 21:43h
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PAMPLONA. Osasuna no tuvo opción de pelear por la eliminatoria, por la clasificación para las soñadas semifinales, y soportó cómo toda la frustración se le colaba en el ánimo tras recibir dos goles del Racing en el escaso margen de menos de veinte minutos. La imposibilidad de atacar el resultado, de haber mantenido siquiera durante un rato la ilusión de los aficionados por seguir en el torneo, se convirtió en la gran decepción, en la frustración máxima, en el fiasco definitivo de un partido en el que no se vio a Osasuna -la actitud que tiene pero luce desarregladamente este equipo- hasta que el marcador ya resultaba inalcanzable y no se podía jugar por la clasificación sino por cosas también serias y no previstas: el buen nombre, la imagen, la consideración. En encuentros como el de ayer no sólo se pierde el pase a la siguiente ronda, también puede quedar en el aire la consideración de futbolistas y técnicos. Demasiado en juego para una tarde que estaba programada para la fiesta.
Osasuna se despidió de la Copa dejando una impresión desencantada, limada sólo esa imagen por las muestras de actitud en acciones puntuales, en las ocasiones de gol que desbarató el meta suizo del Racing, Coltorti, que de la virtud de los rojillos también sacó el defecto, evidenciando que hay serios problemas de finalización. La eliminación de Copa, en la forma y se verá si también en el fondo, certifica que las prestaciones de la actual plantilla de Osasuna son limitadas, que en el trayecto en este torneo no se daba para más y que este equipo es mediano o muy accesible según el día. Que sus aspiraciones se limitan a la Liga y, como mucho, a no andar hasta el último minuto del último partido haciendo cuentas para librarse.
El encuentro contra el Racing planteaba una dificultad conocida, la de anular el 2-1 como en la ida ante el Hércules, y otra añadida, la de voltear esta renta frente a un rival de mayor categoría. La igualdad entre los dos equipos, además, no hacía sino añadir un signo poco claro sobre la contienda, donde ni siquiera el factor campo parecía desnivelar las fuerzas. Comprendido el escenario, con lo que no contaba Osasuna era con la espectacular entrada del Racing en el partido, no sólo por la efectividad en la resolución de sus oportunidades -los dos únicos lanzamientos entre los tres palos terminaron en gol-, sino en la determinación con la que compareció en el campo fruto de un plan. Con aire resolutivo, con el temple de quien quiere ser protagonista, el Racing se mostró desde el pitido inicial mucho más motivado, caliente y empujado por una voluntad mayor. Los de Camacho no enseñaron lo mismo, algo sorprendente en un equipo que debe reconocer sus limitaciones y saber de las exigencias de días como ayer.
Sufriendo este empuje, Osasuna se vio con el encuentro perdido para los cinco minutos -hubo fortuna en el delantero del Racing, pero también blandura en los centrales de la zaga rojilla-, cuando Xisco atrapó un balón de ninguna parte -Canales por ahí andaba merodeando- y con rebote incluido en las piernas de Sergio marcó después con un tiro cruzado. Despistado y sin soluciones, Osasuna se dejó arrastrar por los acontecimientos y eso que tampoco el Racing cometió excesos. De un error a otro saltó el partido por los aires. A Nekounam le pilló la espalda Henrique en un córner y marcó de cabeza como si tal cosa. La puntería volvía a brillar.
Sin saber qué hacer con el balón, con mal juego y precipitación, Osasuna fue un equipo ramplón, que sólo se animó al final del primer tiempo gracias a la cuestión personal que vivieron entre Pandiani y Coltorti, con acierto del meta para detener las ocasiones del delantero. Aranda también estaba comenzando a hace del partido una batalla contra la desesperación.
El equipo rojillo continuó por esa senda, quizás la de intentar mostrar algo de consideración con los que se congelaban en la grada y el amor propio, con una segunda parte más intensa, con una mayor actitud ante los negativos acontecimientos que se acumulaban. Las ocasiones de gol de Osasuna fueron liquidadas consecutivamente por el portero rival, mientras que ofensivamente el Racing, que siguió haciendo de las suyas entonces a la contra, mantuvo su altísimo porcentaje de efectividad marcando en todas las acciones que dirigió entre los tres palos. Canales, un futbolista prometedor con un buen almacén de detalles y recursos, le puso la guinda a la tarde de su equipo marcando el tercer gol de falta. Y aún pudo caer algún tanto más en las acciones locas siguientes -era uno de los graves peligros de la noche-, mientras Coltorti seguía saltando, estirándose, sacando la manopla aquí y allá en el festival de oportunidades sin puntería.
El Racing, un equipo similar en objetivos y plantilla a los de Camacho, le demostró a Osasuna que la Copa le viene grande esta temporada. Que los sueños de los rojillos sólo son para la Liga. No hay para más.
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