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La falta de una política cultural asentada en la realidad social de la Navarra del siglo XXI lleva al departamento de Corpas a tomar medidas que hacen peligrar el libre acceso de los ciudadanos a la cultura
Sábado, 23 de Enero de 2010 - Actualizado a las 09:22h
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lA eliminación de los programas culturales del Gobierno de Navarra creados hace más de 20 años como una fórmula para tratar de garantizar el acceso a la cultura en los enclaves más pequeños de la Comunidad Foral, concretamente Correpueblos, Ronda de Primavera y Ronda de Otoño, exige una doble interpretación que va más allá del ya sabido y cuestionado recorte presupuestario en Cultura y que tiene que ver una vez más con la falta de una acción política clara, de ideas y de propuestas de un departamento agotado y sin recursos que opta por la eliminación, escudándose en la crisis, en lugar de arriesgar y analizar el actual panorama cultural y social de Navarra reinventando la oferta sin desatender al ciudadano. El problema no está en cambiar lo que ya hay y menos cuando lo que hay exigía una revisión, al revés, el cambio en las políticas ya obsoletas era una demanda de la sociedad, del propio sector cultural y de los partidos de la oposición. Es indefendible que un programa, cultural, educativo, sanitario o de cualquier otra índole, creado hace más de 20 años, se mantenga igual sin tener en cuenta los cambios sociales; el problema está en cambiar a peor. Eliminar programas destinados a los pueblos pequeños, aquéllos que no cuentan con dotaciones culturales, supone agravar todavía más el desequilibrio territorial que existe en Navarra en el acceso a la cultura y supone además un duro revés para muchos de los grupos navarros que, de forma amateur o profesional, mantienen viva la acción cultural y que tenían en esas contrataciones un punto de apoyo económico importante para poder seguir desarrollando su trabajo. Difícilmente la cultura podrá ser un sector económico en Navarra si no se apoya de manera clara a quienes la crean y de poco servirá llenar toda la geografía de casas de cultura si no se trabaja desde la convicción de que la cultura es un derecho para todos los ciudadanos, con independencia del lugar en el que se resida. El otro punto cuestionable es el juego político de UPN y PSN, ya que los socialistas, tras aprobar los presupuestos en los que ya se anunciaban los recortes, critica ahora esta medida para tratar de abanderar la reivindicación de cultura para todos. No le falta razón a NaBai cuando les acusa de jugar a ese doble juego de apoyar unos Presupuestos para luego criticar su desarrollo. Sin coherencia política y sin proyectos que atiendan las necesidades del ciudadano, difícil reto el que le queda a la cultura.
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