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EDITORIAL

Amargo aniversario para Obama

La pérdida para los demócratas del escaño que dejó vacante el senador Ted Kennedy supone un grave contratiempo para las pretensiones del presidente estadounidense de una reforma sanitaria

Viernes, 22 de Enero de 2010 - Actualizado a las 08:03h

NO podía Barack Obama celebrar de peor manera sus primeros 365 días como inquilino del Despacho Oval de la Casa Blanca. Después de 56 años de dominio absoluto de la demócrata familia Kennedy, el escaño al Senado por Massachusetts que dejó vacante Ted a su fallecimiento ha sido ganado por Scott Brown, un republicano que ha batido en las urnas a la fiscal general del Estado Martha Coakley, quien a pesar de contar de salida con una ventaja en las encuestas de hasta 40 puntos frente al candidato republicano, finalmente ha dejado en manos de la derecha un acta del Estado norteamericano más izquierdista y progresista. Eso es algo que ya de por sí debería preocupar al presidente estadounidense, porque que los republicanos ganen en Boston viene a ser algo así como que los socialistas se impongan en La Moraleja o el PP en Vallecas. Inaudito.

Pero el caso se agrava aún más ya que el presidente pierde con la elección de Brown la mayoría en el Senado estadounidense, con lo que sus intentos de llevar adelante la reforma sanitaria que afecta a 40 millones de ciudadanos puede sufrir un fuerte varapalo. Ironías del destino, fue el fallecido senador Ted Kennedy el histórico impulsor de los múltiples intentos que han existido en EEUU para disponer de una cobertura sanitaria pública para todos sus ciudadanos. Y va a ser precisamente la elección para su sustitución tras su muerte la que complique a Barack Obama su medida más revolucionaria en los 365 días que lleva ocupando la Casa Blanca.

Porque no hay que engañarse. Como ha sucedido históricamente, la llegada de un nuevo presidente de los EEUU genera una oleada mundial de esperanza, y en el caso de Obama más por ser el primer presidente negro de la historia, pero al final el statu quo mundial apenas percibe el cambio de mandatario y es el pueblo estadounidense quien mejor nota esos cambios en la política doméstica. Dicen que los desaguisados económicos que provocan los presidentes republicanos con sus aventuras belicistas los suelen arreglar los demócratas con posiciones más pacifistas. El caso es que, desgraciadamente, Obama todavía no ha dado un paso atrás en política internacional realmente reseñable más allá del gesto, las formas y la imagen, que es importante pero no de lo que él se espera.

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