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por f.l. chivite - Miércoles, 20 de Enero de 2010 - Actualizado a las 07:21h
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la foto de portada de los periódicos de hoy era atroz. Un tipo apaleando el cadáver de una chica. Un espanto. Hay días en los que todo te hiere. Lo malo es que no puedes evitar pensar que el mundo está precisamente ahí para eso. Uno se pregunta, ¿cuándo acabará? La locura del mundo. Pero no acaba nunca, es lo que tiene. Y la cuestión no es que ahora el mundo esté peor que antes. El mundo está siempre bastante mal. No sé si el conocimiento de la Historia nos ayuda a entender cómo somos. Lo que sí sé es que nos ayuda a vislumbrar lo que de ninguna manera deberíamos echar de menos. Ni invocar con nostalgia. (Por cierto, una película recomendable a ese respecto: La cinta blanca, de Haneke. Acérquense con cuidado). Porque el pasado tampoco es un lugar idílico. Probablemente no soportaríamos ni un fin de semana entero en él. Aunque eso no es consuelo de nada, claro. El mundo es una permanente fuente de conflictos. Siempre lo ha sido. Lo nuevo, en todo caso, es que ahora resulta imposible substraerse a él. Imposible negarse a ver o alegar ignorancia. El dolor de los otros está ahí. Está demasiado ahí. Está presente y cercano en todo momento. Y no podemos evitarnos a la violencia de verlo. Lo que pone, además, en evidencia nuestra posición privilegiada. Asistimos en primera fila a la implacable sucesión de catástrofes y tragedias (hoy la de Haití, mañana otra), y resulta prácticamente imposible no sentirse culpable. Y no sospechar que en cierto modo nuestro bienestar y el malestar de ellos tiene que guardar forzosamente alguna oscura relación en la ecuación matemática del sufrimiento universal. El mundo ya no tiene una lectura simple. Y los medios nos someten a diario a lo que podríamos denominar una visión global turbadora. Nos ofrecen un enfoque del ser humano como problema siempre irresuelto. Y nos obligan a asimilar y a comprender lo que de ninguna manera puede comprenderse ni asimilarse: la desigualdad, la injusticia, el dolor, el mal. En fin. El mundo está ahí, es cierto. No tiene buen aspecto. Hace gestos raros. Se diría que intenta decirnos algo. Pero qué.
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