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catástrofe en el caribe

"Operamos debajo de los árboles"

El navarro Vicente Rey Bakaikoa (MSF) sale hoy de Haití tras vivir el sismo

"Todo se cortó de repente. El panorama era dantesco, deseaba volver al hospital", asegura

e. conde - Martes, 19 de Enero de 2010 - Actualizado a las 07:24h.

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El navarro Vicente Rey, en el centro, con su equipo haitiano de Médicos Sin Fronteras.

El navarro Vicente Rey, en el centro, con su equipo haitiano de Médicos Sin Fronteras. (Foto: Marja Scholten (MSF))

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puerto príncipe (haití). El físico navarro Vicente Rey Bakaikoa, de 45 años y residente en Grenoble (Francia) desde hace tres lustros, llevaba medio año en Haití formando parte, como técnico en Logística, de la sección holandesa de Médicos Sin Fronteras que se encargaba de un proyecto de emergencia en obstetricia en un hospital de Maternidad de Puerto Príncipe. Rey vivió el sismo en directo, conduciendo su coche de vuelta a casa, viendo caerse todo a su vera. Aquí, en este relato impresionante, narra esta semana a sus amigos y familia.

carta a su familia "Hola familia, gracias a todos por vuestro apoyo... El martes fue el terremoto. Un minuto sin saber muy bien lo que pasa alrededor, y poco después uno entiende y empieza a darse cuenta poco a poco y de pronto de golpe. Hasta donde uno puede ver en la polvareda, casas caídas, escombros y personas muertas. Dantesco.

Yo estaba volviendo a casa desde el hospital. Hacía apenas diez minutos que estaba en el coche con Eva, la otra chica española del proyecto, un ruido y como una ventolera que sacudía el coche y que extrañamente movía también las paredes. Y al cabo de unos segundos las paredes empezaron a caer una detrás de otra. Todo se cortó de repente pero pude hablar con el jefe de misión, que nos mandó volver al hospital, que es lo que estaba deseando.

Allí me asusté. El edificio colindante era un puro amasijo de cemento. El hospital me pareció entero, aunque dentro se habían desmoronado las paredes. Una chica del equipo, completamente histérica, me consiguió decir entre los nervios que todos los pacientes habían sido evacuados y que estaban sacando a los últimos niños de la pediatría. Después de una corta conversación con el jefe de misión montamos las tiendas de emergencia para los que pudieran llegar. Fue una noche intensa de trabajo, pero de alguna forma un refugio.

La preocupación principal era que no tenia noticias de tres del equipo que estaban en la casa. Por fin Marise me llamó y me dijo que ella y Pat estaban bien pero que la casa se había caído. Le pregunté por Da-nielle y ahí, cuando vi su duda en el hablar, lo supe enseguida. Danielle estaba probablemente muerta ahí dentro. Uf!!!

Pero una vez más el tamaño de la catástrofe, el surrealismo reinante, qué se yo... hacen que la muerte, incluso de alguien próximo, parezca como algo normal en el curso de las cosas. Después, durante la noche, fui a por medicamentos al hospital para los colegas de MSF-Francia. Los pisos se habían venido abajo y, adentro, pacientes y personal atrapados, muertos o no, se oían todo tipo de gritos. En la calle ya se había montado un hospital de campaña con todo tipo de casos médicos que mejor no contaros, es lo que tiene de romántico el trabajar con médicos.

sacarla de los escombros A las cuatro de la mañana pasamos a la casa donde estaba uno del equipo con dos guardas por si había algún signo de Danielle. Nada. De ahí a dormir. El camino desde el hospital hasta la casa donde acampamos desde entonces fue también surrealista. La gente, por todos lados, instalados en la calle para pasar la noche, cantando, gritando de dolor, rezando, llorando.

El cansancio pudo más que el resto. Hora y media de descanso reparador. Todos en danza de par de mañana. Nuestro plan fue claro: el proyecto de emergencia obstétrica se acabó el 12 de enero a las 4 de la tarde y 55 minutos.

Todo lo que conocíamos, nuestro cotidiano de los últimos meses ya no estaba, había desaparecido. Los muertos por cientos ahí, en mitad de la calle. Estuvimos toda la mañana atendiendo pacientes hasta que Hans, el jefe de misión, vino al hospital y me dijo. "He pasado a la casa y te tengo que decir que he oído a Danielle". No sé qué fue peor si sa-berla muerta o saber que estaba ahí viva y enterrada. Mientras el equipo se movilizaba para ver si algún organismo con medios se ofrecía a venir a sacarla, el guarda que se había quedado de turno me llamó en pleno pánico por los gritos y los golpes que se oían en la casa.

Llegué lo mas rápido que pude y ya estaban cuatro de ellos excavando, arriesgándose la vida. Intenté hablar con Danielle arrastrándome por el agujero que habían empezado a hacer. Y la oí, lejos pero muy claro. No hizo falta más y empezamos la tarea, sin preocuparnos mucho por si el resto de la casa terminaba de caérsenos encima.

Después de más de dos horas llegamos hasta ella y la sacaron, magullada pero sin heridas serias y tapándose la cara pensando en el peinado que se le había deshecho y que alguien le fuera a hacer fotos.

Pero la celebración no duró mucho, había trabajo. Hans se llevo a Danielle a casa y yo me fui a un hospital, Choscal, que empezamos a apoyar en Cite Soleil, uno de las favelas mas pobres de la ciudad. Y desde el jueves nuestro segundo proyecto se ha instalado en Carrefour, una barriada de 400.000 personas de la que os hablé en alguna de mis crónicas. Allá llevamos tres días atendiendo todo lo que nos viene y yo me la paso instalando luces, trayendo trastos, jugando con el sistema de agua, arrancando generadores, montando tiendas con cuidado de los pacientes que están en colchones en el suelo. Curamos heridas increíbles, operaciones debajo del mango, niños que lloran y también algún muerto. Lo de las operaciones debajo del árbol no es que Médicos Sin Fronteras no respete la higiene sino que nadie quiere dormir en el interior de las casas y nadie quiere dormir tampoco en el interior de un hospital. Así que el edificio y sus salas de operación nos sirven sólo de almacén.

el centro es pura ruina El camino desde la casa hasta Carrefour pasa por el centro de Puerto Príncipe, junto al palacio Nacional, los distintos ministerios, hospitales.... todos destruidos. Muy espectacular. Esas fotos no tengo ganas de sacarlas, me parten el corazón. De todas formas las habéis visto en los periódicos. Desde el miércoles también el equipo ha cambiado. Éramos cinco en el proyecto y cuatro en coordinación y en dos días han llegado 30 expatriados nuevos, llegarán más.

Son el equipo de emergencia, gente todos con mucha experiencia en este tipo de situaciones. Son gente admirable y supercompetente. Además, con ellos vienen muchos me-dios. Varios aviones cargo de MSF llegaron ayer y van a continuar llegando prácticamente cada día. Los dos proyectos que nosotros ya habíamos abierto en primera urgencia serán en muchos más en pocos días.

En estos casos de catástrofes a menudo MSF decide mandar a casa a los equipos que la han sufrido y que han dado la respuesta en los primeros días: el cansancio, el trauma del terremoto, la emoción de la relación de tantos meses previos de trabajo con el personal haitiano dejan mella. Es lo que nos toca ahora. Dejamos paso al nuevo equipo. Después de algunas reuniones en Amsterdam o en Toronto, volveremos a casa para un descanso bien merecido dentro de pocos días".

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