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Cinco días en vela

Hasta el sábado, cuando pudo llamar por teléfono, la familia de la misionera de Falces María Pilar Pascual Mendívil había vivido cinco días con el corazón en un puño. No sabían nada con certeza y la incertidumbre les encogía por dentro.

E.C.

- Martes, 19 de Enero de 2010 - Actualizado a las 07:24h

Pilar Pascual.

Pilar Pascual. (Foto: cedida)

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EN Haití no habían dado las cinco de la tarde y en Navarra ya eran casi las once de la noche. Era martes y no un martes cualquiera. Era el día en el que un terremoto de 7 grados en la escala de Richter machacó el país caribeño y lo dejó hecho una escombrera. En el meollo de ese desastre, alimentado luego por la dejación del Estado, el desgobierno, el caos y el saqueo, se encontraban dos navarros, la misionera falcesina María Pilar Pascual Mendívil, de 65 años y el cooperante Vicente Rey Bakaikoa, que tan sólo 24 horas después de la catástrofe pudo ponerse en contacto con su familia.

En el caso de la religiosa, las noticias desde que se produjo el sismo no eran muy alentadoras. Era imposible saber algo de ella y de su congregación, las Hijas de la Caridad, con la que trabajaba en un orfanato, un colegio y un comedor para los niños de la calle. Sor Pilar tiene Haití metido en la sangre, no en vano lleva 33 años allí, y desarrolla su labor como enfermera en una barriada restringida para extranjeros, Cité du Soleil, donde ella es una santa a la que respeta todo el mundo. Por eso, en el fuero interno de su hermana María Cruz palpitaba la idea de que Pilar estaba ayudando a los demás y dejándose el aliento en atender enfermos.

Así se pasó cinco días sin que su familia tuviera noticias de ella y los rumores alimentaban la esperanza, también el desconcierto. Desde la Casa Madre de la congregación en París informaron en primer lugar de que todas las hermanas estaban bien. Eran mensajes muy escuetos, que no inspiraban confianza. Ésta fue llegando al recibirse una llamada en la congregación de la visitadora provincial, que partió hacia la República Dominicana para tranquilizar a las familias al comprobar que se daba por desaparecidas a las misioneras. Lo siguiente fue una carta, que también llegó hasta la orden y, por último, unas imágenes de televisión (en realidad las que emitió Telecinco eran de archivo, de una visita antigua de la vicepresidenta Fernández de la Vega) en las que dominaba un primer plano de sor Pilar. Sólo quedaba oírla. Y Mari Cruz pudo hacerlo el sábado. A las 15.45 horas. Apenas unos minutos, un suspiro de charla tras una semana de espera tensa, en la que el reloj no marcaba las horas. Al final, la familia Pascual Mendívil sabe a ciencia cierta que su hermana está a salvo y donde siempre quiso estar. En el Haití que ama y cuida desde joven, entregada en la tragedia.

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