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El Camaleón habla con la directora de la película "Amerrika"

Cherien Dabis: "'Amerrika' sirve para que se mire con otros ojos el mundo árabe"

"Amerrika", una película en tono de comedia, habla de los problemas que se encuentran los emigrantes árabes cuando llegan a Estados Unidos. Su directora, Cherien Dabis, es americana de origen palestino. Hoy, llega el filme a las salas de navarra

Rosana Lakunza - Viernes, 15 de Enero de 2010 - Actualizado a las 07:30h

Cherien Dabis, en una imagen promocional de la película.

Cherien Dabis, en una imagen promocional de la película.

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"Si la comedia entretiene, la gente está dispuesta a bajar la guardia y a escuchar determinadas cosas" "Durante un tiempo sentí que no pertenecía a ningún sitio; no era lo bastante americana ni lo bastante árabe"

Cherien Dabis supo lo que era el racismo cuando empezó la primera Guerra del Golfo. Su mundo cambió, vivía en una pequeña ciudad de Ohio y allí sintió los primeros ataques a su origen palestino. Su padre, que era pediatra, perdió a sus pacientes. Sus vecinos no confiaban en el médico árabe que hasta ahora les había atendido sin problemas. Se quedó sin amigos, los que antes le hablaban ahora le volvían la espalda. No entendía el sentido de su vida atrapada entre dos culturas muy diferentes, no comprendía los desprecios ni las desconfianzas. Empezó a seguir con avidez lo que publicaban los medios de comunicación y cómo se perpetuaban estereotipos sobre el mundo árabe. En esos instantes surgió su necesidad de narrar esta historia, de contar a su familia árabe cómo era su vida en América y de contar a sus amigos americanos cómo era su vida árabe. Eligió la comedia porque pensaba que era un género que podía hacer bajar la guardia a quien siguiera teniendo prejuicios.

-¿Por qué eligió el género de la comedia para contar la historia de "Amerrika"?

-Pienso que esto es un buen sistema para hablar de temas que de otra manera podrían ser vistos como un desafío para el público en general. Si la comedia entretiene, la gente está más dispuesta a bajar la guardia y escuchar cosas que contadas de otra forma no se oirían.

- ¿Qué parte de vivencias personales tiene su película?

-Yo diría que es semiautobiográfica. Está muy inspirada por mi familia y el amor, la fuerza y el orgullo que nos mantuvo unidos durante un tiempo difícil. Crecí en una pequeña ciudad en Ohio donde no había ningún anonimato. Entonces todos sabían que mis padres eran árabes y que hablamos el árabe en casa y nos marchábamos a Jordania y Cisjordania cada verano. La gente nos trataba bien, pero de forma diferente. Hasta la primera Guerra del Golfo las diferencias y preguntas no se convirtieron en racismo. Mi padre, médico, perdió la mayor parte de sus pacientes porque la gente no quiso apoyar a un doctor árabe. Tuvimos amenazas de muerte a diario. Yo tenía 14 años en aquel tiempo y perdí la mayor parte de mis amigos, nos condenaron al ostracismo.

-Occidente ha convertido al árabe en villano, ¿esta historia puede hacer cambiar la visión que tenemos sobre su mundo?

-Espero que sí. Lo que mi familia experimentó durante la primera guerra del Golfo realmente me abrió los ojos. Me obsesioné con los medios de comunicación y los estereotipos que perpetúan. Pienso que la película es un medio realmente poderoso para tratar de cambiar muchas visiones. Utiliza una lengua universal, la emoción para contar una historia. Por lo tanto, creo que tiene el potencial suficiente para ofrecer nuevas miradas y nuevos sonidos para que la gente vea con otros ojos el mundo árabe.

-¿Qué es para usted "Amerrika"?

-Es una historia muy personal. Fue hecha como una carta amorosa a mi familia y a mi comunidad. El cariño que tengo a esta película difícilmente lo tendré a otras que haga en el futuro. Quiero que el público realmente se enamore de los personajes. Que vean un mundo que quizá sin ellos no puedan ver. Quiero que vean una cultura hermosa y que se fijen en que todos los estereotipos son innecesarios. Quiero que ellos salgan del cine con un sentimiento de amor y esperanza.

-Ser palestina, vivir en Estados Unidos, ¿se siente en tierra de nadie?

-Siempre sentía que nunca tenía un sitio, que no cabía en ninguna parte. Yo no era lo bastante americana para los americanos, pero no era bastante árabe para los árabes. Estar así no ayuda y he heredado la crisis de identidad de mi padre. Estás situaciones te llevan a buscar siempre, en todo momento, un lugar al que pertenecer. Comprendí y aprendí a apreciar que era yo misma, ni árabe, ni americana, estoy en algún sitio intermedio. Y desde esta posición, tengo una ventana única en dos mundos claramente diferentes.

-¿Qué conceptos quiere que cambiemos después de ver la película?

-Espero que ver la película ayude al espectador a entender los desafíos que los árabes afrontan en América, y por lo tanto, rompan con sus ideas preconcebidas sobre cómo nos ven y piensen en cómo somos en realidad.

-¿Tenía miedo al resultado de su trabajo?

-Un poco sí. Es difícil no tenerlo, sobre todo cuando es tu primera película. Pero es realmente importante permanecer centrada, confiada y estar bien concentrada para sentirte segura dirigiendo. Esto es lo que traté de hacer en todo momento.

-¿Qué marcó más su vida, la guerra del Golfo o el 11-S?

-Para mí, la primera guerra del Golfo. Fue cuando experimenté por primera vez un racismo abierto. Sólo tenía catorce años y fue cuando realmente abrí los ojos de una forma totalmente diferente. Esa guerra cambió el curso de mi vida. Empecé a hacer un seguimiento a los medios de comunicación para ver lo que publicaban, para ver qué seguimiento daban a estos temas, fue cuando decidí hacerme cineasta.

-¿Cree que la era Obama cambiará las cosas?

-Totalmente segura. Tenemos un presidente con un segundo nombre árabe. Él es el primer presidente afroamericano. Hay un sentimiento de esperanza. Es una nueva era. Barack Obama representa la nueva América y de algún modo mi película representa la América que debiera ser, lo que este país podría ser si la gente estuviera un poco más abierta, amistosa, confiando y aceptando a la gente como Muna, la protagonista de mi película.

-Judíos y palestinos han visto con buenos ojos su película, ¿se lo esperaba?

-Pienso que tenemos en común más de lo que nos gusta admitir. En todo el mundo, hay árabes y judíos que son amigos. Pero a menudo no nos damos cuenta. Por eso creé una situación en la cual dos personajes se van uniendo sin saber mucho el uno del otro. Más tarde descubren que uno es un judío polaco y el otro es palestino. No es ningún problema. La religión pasa a ser un hecho secundario. Creo que así tendrían que ser las cosas.

-¿Qué la llevó a hacer cine?

-Me sentía como alguien que no tenía un lugar propio, sentía que no pertenecía a ninguna parte. Para que mi vida tuviera sentido tenía que acortar las distancias entre las dos Culturas, tan diferentes, pero en las que yo estaba viviendo. Comencé, naturalmente, por contar una historia muy personal. Era lo que yo quería decir a mis amigos americanos sobre mi vida en el mundo árabe y lo que quería decir a mi familia árabe sobre mi vida en EEUU. Simplemente, quise acercar esos dos mundos. Era un rompecabezas que condujo mi necesidad al ámbito de la expresión artística. n

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