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G. Casadevall - Jueves, 14 de Enero de 2010 - Actualizado a las 07:23h
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Carolina de Mónaco. (Foto: Efe)
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Hildesheim (ALEMANIA). La princesa Carolina de Mónaco cumplió ayer su promesa y defendió, a solas y ante la Justicia, la honorabilidad de su marido Ernesto Augusto de Hannover, frente a las acusaciones de que agredió brutalmente y borracho al propietario de una discoteca en Kenia, molesto por la música. "Le dio dos bofetones, con la mano plana. Y le dijo: una por la música, la otra por las luces", declaró la princesa ante la Audiencia de la localidad alemana de Hildesheim, derrumbando de paso los rumores de que cancelaría su visita tras el revuelo por las fotos de su esposo besándose con su amante en una playa tailandesa.
Con el rostro grave, pero serena, sin dejar que se le aproximaran los medios ni que se la fotografiara en la sala como testigo, la princesa relató, en inglés, tras alguna frase de saludo en alemán, lo ocurrido en lo que para ella y su esposo fue un incidente menor, aunque la presunta víctima lo relate como una paliza en toda regla. Los hechos se remontan a diez años atrás, en enero de 2000, cuando la pareja llevaba un año de casada, en la idílica isla de Lamu. Por los hechos se condenó al príncipe en 2004 al pago de 445.000 euros, al declarársele culpable de lesiones físicas e insultos. Las imágenes de su presunta víctima, Josef Brunlehner, ensangrentado en una clínica de Mombasa, dieron la vuelta al mundo, aunque la pareja afirme que se trató de una pura escenificación. La comparecencia de la princesa en el juicio, abierto tras pedir el príncipe la revisión del caso, se perfilaba de por sí mediática. Los rumores de inminente divorcio de Carolina y su tercer marido desembocaron en un gran despliegue de cámaras. La princesa había impuesto como condición un cordón de distancia con los medios de tres metros, en la Audiencia, y de veinte en el exterior del recinto. Las decenas de fotógrafos y cámaras de televisión concentrados en la sala fueron desalojados minutos antes de que accediera.
Hildesheim, a 30 kilómetros de Hannover y de 103.000 habitantes, amaneció ayer a diez grados bajo cero. Ni el provincianismo de la cita ni el frío amedrentaron a la princesa, acostumbrada a las citaciones en tribunales y también a capear situaciones familiares no siempre felices.
Se dice que su matrimonio con Ernesto Augusto está al borde del divorcio. Sería su tercer adiós a un esposo, después del final abrupto de su primera experiencia conyugal con el playboy Philippe Junot -dos años después de la boda-, y de la muerte de su segundo marido, Stéfano Casiraghi, en accidente motonáutico. A Carolina y Ernesto Augusto no se les ve juntos desde junio, cuando asistieron a un torneo de equitación en Mónaco. Ayer tampoco se dio la oportunidad, puesto que el príncipe no estuvo en la vista.
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