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crítica > teatro

El circo en el cementerio "psicosis"

por pedro zabalza - Jueves, 14 de Enero de 2010 - Actualizado a las 07:23h

Compañía: Circo de los Horrores. Dirección: Suso Silva. Coreografía: Raquel Maldonado. Intérpretes: Suso Silva, Óscar Basden, Álvaro Aguado, Enric Golmayo, Cuca, Raquel Maldonado, Javier Álvarez Travet, Dolors Lloberas, Sara Silva, The Polo Troupé, Abelardo, Manuel Mirantesestre. Lugar y fecha: Teatro Gayarre, 8, 9 y 10/01/10.

NO creo pecar en exceso de pesimismo cuando pienso en el circo como un espectáculo en decadencia. Al menos, el circo como lo hemos entendido tradicionalmente, con su carpa y sus animales, aquél que se autotituló como "el mayor espectáculo del mundo". Pero el crico se reinventa para seguir existiendo. Se resiste a ser enterrado y, por eso, Suso Silva nos traslada con su Circo de los Horrores a un lúgubre cementerio, para demostrarnos que el circo se levanta de la tumba a la que se le arrojaba prematuramente.

Leía hace poco que lo que más asustaba a un europeo del siglo XIX era la posibilidad de ser enterrado en vida. Poe escribió uno de sus mejores relatos sobre ese tema. Recuerdo que su lectura me provocaba miedo y fascinación al mismo tiempo. Y es que es difícil saber por qué lo que nos asusta también nos hechiza, en un sistema de atracción y repulsión semejante a un juego de imanes con los polos enfrentados.

El Circo de los Horrores aprovecha esa naturaleza dual que se revela ya desde su nombre, que aúna elementos tan antitéticos como la diversión circense y lo terrorífico. Se trata de divertir asustando o a la inversa, como aquel Tiemble después de haber reído con el que se publicitaba una sección de La Codorniz. Queda claro desde el momento en que convierte el redondel del centro de la pista en un enorme pentáculo y se acota el foro del escenario con una gran cancela que cierra el acceso a este cementerio de donde, según se avisa, "una vez iniciado el espectáculo, no se podrá salir".

Psicosis, que es el título que el Circo de los Horrores pone a este espectáculo, bebe en las fuentes del terror clásico para ambientar sus números. Llena el montaje de referencias a clásicos del cine de este género. Tenemos, por ejemplo, a un maestro de ceremonias que es el vivo (o el muerto) retrato del Nosferatu de Murnau. O nada más apropiado para una contorsionista que caracterizarse como la niña de El exorcista. Las referencias pueden rastrearse también en el título de algunos de los números, como El baile de los vampiros o La parada de los monstruos.

Hablando en plata, el Circo de los Horrores tampoco es que invente nada. El mismo clasicismo de la ambientación se aplica al tipo de números: contorsionistas, malabaristas, prestidigitadores, acróbatas, un lanzador de cuchillos (muy apropiadamente presentado como Jack el Destripador)... Hasta hay un payaso que recuerda al terrorífico personaje de It (y su número, a un gag del Terrific de Tricicle, dicho sea de paso). Pero conquista por la originalidad de la presentación, aparte de que los números están ejecutados de manera impecable. Y, por si fuera poco, la búsqueda de la complicidad del público hace que sea imposible que decaiga el interés. O la tensión.

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