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Osasuna no aguanta ni un minuto

El Athletic supera con comodidad absoluta al equipo de camacho, que para los 45 segundos ya había encajado un gol y que nunca fue capaz de reaccionar

JAVIER SALDISE - Domingo, 20 de Diciembre de 2009 - Actualizado a las 09:32h

Ustaritz se anticipa a Dady en el último partido del año, ayer en San Mamés.

Ustaritz se anticipa a Dady en el último partido del año, ayer en San Mamés. (EFE)

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PAMPLONA. La sorprendente puesta en escena de Osasuna dejó helado a todo el mundo. En un partido de rivalidad, dicen los clásicos y recomienda la experiencia, se debe entrar en el campo con el cuchillo entre los dientes, malencarado y atento, y a partir de ahí exponerle al rival que, por encima del acierto, la puntería o la suerte, habrá que pelearse todos los balones, hasta el último aliento, que nunca habrá tregua.

Los últimos partidos entre Athletic y Osasuna se han convertido en una recurrente manifestación de intensidad y de predisposición de los rojiblancos, a las que los rojillos oponen una actitud alejada de la consustancial rasmia que se entiende cosida a estos colores. La derrota en San Mamés no se salió ayer de este guión ya conocido por Camacho, en el que su equipo es azotado por un rival con una actitud mejor y que ofrece un rendimiento en el campo a la altura de la exigencia que se supone.

En un partido en el que Osasuna se jugaba mucho, tanto como terminar bien el año y sin mirar por el retrovisor más de la cuenta a los que sufren por detrás, la presencia de los rojillos se limitó a la de compañeros de baile. Un baile es lo que recibió Osasuna en el primer tiempo y también suficientes goles como para no levantar la cabeza.

No es que Llorente se comiera a los defensas, que lo hizo, en las dos jugadas decisivas y tempraneras de la tarde, sino que el equipo de Camacho desapareció, no creó ni un solo problema al Athletic, no fue capaz de hilvanar un par de jugadas seguidas con cierto sentido y, peor aún, ni mostró síntomas de rebeldía ante el destino dictado más allá de la intensidad del incombustible Puñal, ayer evidente reserva espiritual del equipo.

Osasuna despidió el año ofreciendo unos síntomas de agotamiento en su discurso futbolístico evidentes -si había un plan para el partido, no se vio- y planteando dudas acerca de la profundidad de su plantilla, que en estos momentos tiembla por la ausencia de unos cuantos pesos pesados, quizás de algunos referentes. Osasuna se marcha de 2009 ofreciendo dudas, obligado a reaccionar, buscando la recuperación de los futbolistas, pero también del espíritu y del juego. Enero llega con un montón de trabajo.

La primera mitad de Osasuna fue sonrojante. En diez minutos no sólo tiró el partido, tras sufrir dos apariciones monumentales de Llorente, sino que rozó el ridículo, la goleada incluso, al padecer un repaso por parte del Athletic. El equipo de Caparrós, favorecido por la marcha de los acontecimientos, se mostró también mucho más comprometido para la consecución del resultado, más enchufado en la dinámica de un envite de altura.

El primer gol, cuando no se cumplía el primer minuto de partido, dejaba muy mal colocado a Osasuna. Indudablemente, las habilidades de Llorente regalaron el primer tanto a Yeste, aunque la jugada fue facilitada por el celo mal concluido de Oier, que se empeñó en la pugna por un balón que perdió. Josetxo, que acudió a la ayuda, quedó descolocado en la acción y permitió la carrera cómoda y mortal del ariete, que centró sin oposición para que el medio marcara entrando por el carril contrario. Todo sencillo, todo descontrolado.

Osasuna entró en una fase de aceleración total que le llevó a encajar el segundo gol en otra jugada de mérito del 9 rojiblanco. Llorente atrapó un balón en el borde del área, descolocó a Sergio con su control y con un disparo cruzado, hizo lo mismo con Ricardo.

El planteamiento del partido, el que nunca pudo demostrar Osasuna, quedaba totalmente cambiado en un rato. Ya no se trataba de intentar lograr un buen resultado, sino de eludir la goleada. El Athletic, que estuvo muy efectivo en sus dos primeros lanzamientos a puerta, creó oportunidades de sobra, por obra de Toquero, Gurpegui, el gigantesco Javi Martínez -un jugador que reclama su paso a un club de orden superior-, Llorente, Iraola y alguna otra como para haber derrumbado a los de Camacho.

La tímida reacción de Osasuna se sustentó en unos instantes de barullo, mayor presión y adelanto de líneas tras la reanudación -también salió Portillo al campo- que no condujeron a ninguna parte. La sensación de impotencia fue aún mayor porque el Athletic se limitó a controlar la situación, a manejar el partido para que no se dieran alborotos y contemplar en primera línea la candidez de los rojillos, aunque la peor noticia fue la lesión de Oier en una acción fortuita.

Con la defensa patas arriba, el centro del campo ausente y sin dar un zarpazo en la delantera, Osasuna se despidió del año obligado a cambiar su imagen. Porque asusta.

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