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Oskorri, las peñas y 200 jóvenes músicos anticipan la Navidad

"Conciertos de navidad en el anaitasuna" congregó en pamplona a unas 2.000 personas

Los asistentes disfrutaron de trece villacincos en euskera interpretados por bandas y Escuelas de Música de Navarra

miguel turullols - Domingo, 20 de Diciembre de 2009 - Actualizado a las 09:33h

Niños, jóvenes y no tan jóvenes disfrutaron con los 13 villancicos.

Niños, jóvenes y no tan jóvenes disfrutaron con los 13 villancicos. (IÑAKI PORTO)

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pamplona. Ya había nevado. Faltaban sólo los villancicos para que la Navidad, al igual que el invierno, se adelantara unos días. Y eso es lo que en Anaitasuna los asistentes pudieron disfrutar: de villancicos. Oskorri, junto a la Federación de Peñas de Pamplona, organizó ayer el 1º Encuentro del nuevo ciclo de Conciertos de Navidad en el Anaitasuna.

¿Habían escuchado alguna vez algún villancico con un txistu? ¿Y con un fliscorno? Los que acudieron ayer a las 19.30 horas al Anaitasuna ya pueden decir que sí. Varias bandas y Escuelas de Música de Navarra (unos doscientos jóvenes), tras tres meses de ensayos, entraron, por fin, en escena. Y sus hinchadas, que no eran pocas. Cuando banda por banda eran presentadas al comienzo del concierto, determinados sectores del público estallaban en aplausos, vítores e incluso silbidos. Parecía casi un concierto de rock. Salvo que en vez de guitarras eléctricas, baterías y largas melenas, sobre el escenario había jóvenes navarros con sus violines, saxos, trombones y demás instrumentos.

Aunque lo que en verdad parecía era El conciertazo. Ese famoso programa de música clásica para niños que emite Televisión Española. En el escenario se encontraban todos los músicos, una pantalla donde se podía leer la letra de los villancicos y Nacho de Felipe Alonso que iba guiando al público. Este pidió implicación a los asistentes. No había cantantes. Esa misión corría a cargo de los improvisados cantantes.

Uno podría pensar que, siendo villancicos lo que allí se tocaba, estaría a rebosar de niños y chavalines pequeños. Ni mucho menos. Sí que los había, pero muchos adolescentes y jóvenes se acercaron hasta el pabellón Anaitasuna para disfrutar de la Navidad por anticipado y también, claro está, apoyar a sus amigos.

"¡Mira. Ahí, ahí, Imanol!", exclamaba un chico, de unos 18 años desde la grada. "¿Imanol, dónde?", le respondía una chica de la misma edad. "Allí, junto al escenario". Y la cuadrilla al completo, de dos chicos y dos chicas, recorría las gradas en busca del mejor sitio para animar a su amigo.

Pero no todos mostraban tan bueno disposición. Otra cuadrilla de tres hombres, algo mayor, de veintitantos años, mantenía la siguiente conversación: "¿Dónde nos sentamos?, inquiría uno. "Allí junto al bar, ¿no?, respondía otro. Y dicho y hecho. Desde una barandilla al lado del puesto que hacía de bar, estuvieron viendo el concierto. Caña en mano, por supuesto.

Las madres también disfrutaban. Tanto o más que sus hijos. Una madre de unos treinta y pico años, junto con su marido y su hijo de dos o tres años, disfrutaba del concierto luciendo una sonrisa de oreja a oreja mientras leía la letra en la pantalla sobre el escenario y cantaba y daba palmas. Porque si algo quedó claro, es que las mujeres cantan más y mejor que los hombres. Hay que ser honestos. En el tercer villancico (de los trece que interpretaron), Antoni eta Anton, se dividieron los versos. Unos los cantaban los hombres y otros las mujeres. En el turno de los varones, pese a que se levantaban de sus asientos y muchos cantaban con entusiasmo, sonaba poco y mal. Bastante mal. Mientras que en el turno de las féminas, se levantaban todas o casi todas, cantaban más fuerte, más alto y más bonito. Para el año que viene, los hombres tienen tarea. Aprender a cantar.

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