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estrenará el documental este jueves, a las 20.00 horas, en los cines saide olite
El autor viajó solo durante diez meses por el continente americano, desde Alaska hasta Tierra de Fuego
ana oliveira lizarribar - Martes, 24 de Noviembre de 2009 - Actualizado a las 07:18h
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El pamplonés Iosu López, en Tierra de Fuego.
Vista:
pamplona. Una mochila, una cámara y algo de dinero por equipaje. Delante, la carretera, más bien las cientos de carreteras que trazan, de norte a sur, la ruta panamericana. Desde Alaska a Tierra de Fuego y en solitario. Éstas fueron las únicas coordenadas que marcaron el camino de Iosu López durante el viaje que realizó, entre junio de 2006 y mayo de 2007, a lo largo del continente. Trayecto que le cambió unas cuantas cosas por dentro y que le acercó a paisajes y personajes que todavía hoy se mantienen frescos en la memoria. Para no olvidarla nunca y para compartir esta intensa experiencia, el pamplonés ha plasmado parte de sus vivencias, siquiera unas pocas pinceladas de los 45.000 kilómetros de trayecto, en el documental La costura de América, que se estrena este jueves, a las 20.00 horas, en los cines Saide Olite, en una sesión solidaria a beneficio de la ONG Horizontes al Futuro, con proyectos en Honduras.
Todo comenzó como un sueño. "Desde pequeño había realizado viajes en autocaravana con mis padres y siempre me gustó la idea de los recorridos largos", así que, después de licenciarse en Comunicación Audiovisual en la Universidad de Navarra en el año 2000, "empecé a trabajar y a ahorrar algo de dinero". Primero fue un mes de vacaciones en Costa Rica; al año siguiente, otro mes en Perú, donde se cruzó con gente que daba la vuelta al mundo. "Y me gustó la idea", dice, así que, en cuanto estuvo en disposición de hacerlo, se lanzó a la aventura. "Entonces tenía trabajo, pero si lo iba a dejando y esperaba hasta que se me acabara éste u otro contrato, sabía que al final no lo haría", de modo que se decidió y comenzó a documentarse y a avisar a su entorno de amigos y familia, "que me apoyaron un montón"; seguramente, porque sabían que no era una locura, que "había razones" que le motivaban, como la idea de realizar "un viaje interior", la necesidad de "enfrentarme a las cosas solo" y el estímulo de "saber que cada día me esperaba algo diferente".
Y, en los preparativos, cobró importancia, por supuesto, la necesidad de llevar una cámara y un equipo mínimo "para registrarlo todo, pero sin esclavizarme con el tema, sin una planificación excesiva", procurando, ante todo, "disfrutar del viaje".
punto de partida Una vez reunida toda la información precisa y superado el "vértigo" inicial de afrontar un viaje tan extenso en solitario, López se trasladó al primer destino, Prudhoe Bay (Alaska). Después, Canadá y Estados Unidos hasta llegar a México, donde pasó dos meses y medio y adonde le gustaría volver a menudo, igual que a Colombia, "un país que casi me salto por las cosas que se dicen de él y al que regresaría mil veces sin pensarlo". Por delante, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Ecuador, Perú, Bolivia y Bahía Lapataia, en la Tierra de Fuego de Argentina, final de trayecto. Vuelta a casa ligero, con la mochila, la cámara y mucho menos dinero, pero cargado de olores, sabores, colores, conversaciones, paisajes y sensaciones. Muchas. Por supuesto, recuerda, "hubo momentos difíciles", como cuando a mitad de viaje cogió unas fiebres tifoideas en Belize, pero el saldo es más que positivo.
regreso "Es duro tener que estar cambiando de lugar cada dos o tres días, sin encontrar, muchas veces, una ducha caliente o una cama en condiciones, pero no cambiaría nada", ni las miles de horas en autobús ni la sensación de peligro en algunos momentos, aunque "nunca me pasó nada". Y eso que, como ha comprobado, "en algunos sitios, la vida no vale nada".
A su regreso a casa, "me costó meses resituarme", y volver a una realidad que ya no ve con los mismos ojos. Y es que, "el viaje te va cambiando muchas cosas, aunque te das cuenta de ellas a la vuelta". "Aprendes a relativizar lo que te ocurre y a valorar mucho más lo que tienes", dice López, que incluso de los instantes complicados ha sacado lecciones de vida. "Aquí hacemos un mundo de un montón de cuestiones, y, realmente, la mayoría de nosotros no sabemos lo que es tener problemas de verdad", dice, y se acuerda de la cantidad de personas que realizaban el viaje en sentido contrario al suyo, "del sur al norte en busca de un futuro mejor". Sin duda, recorrer la ruta panamericana le ha cambiado por dentro, sobre todo porque "me ha devuelto la sensación que se tiene cuando se comparten cosas con los demás". Por eso ha querido compartir sus vivencias a través de una película que trata de condensar, en una hora, un viaje interior de miles de kilómetros.
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