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día contra la violencia de género rehabilitación del agresor

¿Qué hacemos con los maltratadores?

La Ley contra la violencia machista ha supuesto un "boom" en las condenas a agresores y ha abierto una polémica: ¿Qué hacer para que no reincidan? Más de 378 condenados en Navarra por estos delitos han recibido terapia, el 32% la abandonó. ¿Son eficaces los tratamientos?

M. González

- Domingo, 22 de Noviembre de 2009 - Actualizado a las 09:17h

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Si no tratamos a los agresores de mujeres va a haber más víctimas", advierte la psicóloga María Rivas, del Servicio Social Penitenciario de Navarra. "Los programas de intervención para maltratadores no han sido diseñados para hacerles un favor a ellos sino con el fin de prevenir la violencia contra las mujeres", añade. La Ley contra la Violencia de Género ha disparado las condena por este tipo de delitos en Navarra y ha puesto sobre la mesa una cuestión polémica: ¿Qué hacer para que no reincidan cuando cumplan su pena?

La rehabilitación de maltratadores puede ser una herramienta más de protección para las víctimas, aunque algunas asociaciones de mujeres cuestionan su eficacia, sobre todo en los programas con reclusos. "Los hacen para conseguir beneficios penitenciarios", señalan desde la Asociación de Mujeres Violadas y Maltratadas. Por ello, reclaman que los recursos destinados a estas terapias sea redirigidos a las víctimas. Psimae, el equipo de psicólogos que más casos atiende en la Comunidad Foral, al menos 378 en cuatro años, ofrece, sin embargo, resultados esperanzadores: la mitad de los hombres que completan una terapia deja de agredir a sus parejas y mantienen su nueva vida al menos hasta un año después del tratamiento.

Un 32% de los agresores, sin embargo, rechaza o abandona la terapia, por eso Instituciones Penitenciarias ha elaborado un plan actualizado de intervención que insiste en la estrategia de motivación, cómo hacer que ellos reconozcan su problema y les resulte atractivo un programa para resolverlo. El nuevo texto, recibido esta misma semana en el Servicio Social Penitenciario de Navarra, insiste en la necesidad de actuar también contra la violencia psicológica.

Dos son las instancias que realizan estos programas en Navarra: el Servicio Social Penitenciario y el Instituto de Psicología Jurídica y Forense (Psimae), dependiente del Servicio Social de Justicia del Gobierno foral. Los programas son de dos tipos: uno en régimen ambulatorio, en el que participan penados con suspensión de condena pero obligados por el juez a realizar la terapia, y otro que se lleva a cabo con los reclusos de la cárcel de Pamplona, y aunque en este caso no es obligatorio sí resulta necesario para obtener la libertad condicional.

La característica común de estos hombres es la falta de control de su ira, no saben gobernar su agresividad, un problema que va asociaciado al machismo o a la creencia de posesión sobre la mujer, indican los expertos. "El perfil es muy variado, aunque parece predominar una personalidad narcisista, y el abanico de delitos también: desde el insulto hasta las lesiones a la pareja. Etiquetar a todos como maltratadores es un error. No se puede meter a todos en el mismo saco, en un traje de talla única", señala Rivas.

Existen varias tipologías de agresores en función de las variables que se analizan, señalan en Psimae, aunque básicamente se dan dos grandes grupos: el primero, los llamados violentos en general, con características dominantes, que son violentos con todo el mundo, con independencia afectiva, fuerte descontrol de la impulsividad y problemas añadidos de alcohol y/o drogas. Personas, que ademas, suelen contar con un importante historial delictivo. El segundo es el llamado violentos en el hogar o selectivos, son hombres con características más dependientes, violentos con personas cercanas, tendencia al aislamiento social, celosos, excesivo control emocional y que normalmente no han cometido delitos.

¿Cómo hacer terapia con estos ogros caseros incapaces de controlar su ira? El primer paso consiste en hacer que los agresores sean conscientes de que lo son y asuman su responsabilidad, lo que resulta especialmente complicado en el caso del maltrato psicológico.

Los programas, que suelen durar entre uno y dos años, emplean técnicas que van desde las cognitivo-conductuales, dirigidas a controlar pensamientos distorsionados que les llevan a actuar de forma violenta, pasando por otras en las que se trabaja tanto el área emocional (identificación, expresión y control de las emociones y sentimientos) como el pensamiento machista, con el estudio tanto de sus precedentes familiares como culturales. "Es más fácil que lleguen a tener autocontrol que cambiar algo que forma parte de su bagaje personal, del legado de sus padres y su cultura", explica Rivas.

"Partiendo de un programa estándar, el tratamiento es individualizado, a la carta", explican en Psimae. El procedimiento tiene tres fases: una primera de evaluación, una segunda terapéutica en la que se realiza un tratamiento individual y posteriormente terapia grupal, y una última fase de seguimiento.

A pesar de que estos tratamientos funcionan desde 2005, la Ley Integral contra la Violencia de Género introdujo que los agresores condenados a penas de cárcel que no entren en prisión acudan a programas de rehabilitación, las administraciones no conocen con exactitud su eficacia por falta de estudios a largo plazo. Según datos de Psimae, de todos los agresores que han finalizado los programas, casi la mitad lo han hecho con éxito (49%), frente a un 14% de fracaso y un 37% de mejoría. "Se obtienen buenos resultados, aunque éstos son los primeros datos y hay que tomarlos con prudencia hasta ver cómo se instauran los cambios", aclaran. Hay que tener en cuenta, ademas, que quienes realizan el tratamiento en régimen abierto suelen ser agresores en fase precoz y eso significa que son más abordables desde el punto de vista de la recuperación. No obstante, quedan muchos aspectos que mejorar, como la alta tasa de fracaso del programa en prisión (20%) o mejorar la personalización de la terapia, "que al final siempre será una barrera contra el maltrato", concluye Rivas.

las claves

· Actuación con agresores con medidas penales alternativas. En 2008 hubo 223 penados con la obligación de realizar el Programa Terapeútico para Agresores en el Ámbito Familiar (PTAF). Lo realizaron 173 personas, el (77,6%), de ellos, 150 en el Psimae y 23 en el Servicio Social Penitenciario.

· Resultados del PTAF. 47 de los participantes lograron el alta terapétucia (27%), 115 continuaban el programa, 7 lo habían abandonado, 4 estaban excluidos y había un 6,4% de fracaso terapéutico.

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