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las repercusiones de la poliomielitis

Contra la parálisis de la memoria

La dictadura, la llegada de la vacuna y el abandono de las sucesivas administraciones públicas sepultaron una de las enfermedades más terribles que ha conocido Navarra. Tres enfermos de polio dan testimonio de sus esforzadas vidas para reclamar menos barreras y no ser olvidados.

M. González

- Domingo, 15 de Noviembre de 2009 - Actualizado a las 09:21h

Pilar Vicente, Adelina Lozano y Benjamín García, en la sede de Amimet, la Asociación de Disminuidos Físicos de la Ribera.

Pilar Vicente, Adelina Lozano y Benjamín García, en la sede de Amimet, la Asociación de Disminuidos Físicos de la Ribera. (Foto: m.G. )

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Recuperar la memoria de quienes han vivido la poliomielitis en Navarra y siguen padeciendo sus efectos no es sólo historia, sino un acto de justicia. Esta patología, que causa inflamación en las neuronas motoras de la médula espinal y del cerebro, eligió a sus víctimas entre los más pequeños. Casi con el único apoyo de sus familias, los enfermos debieron centrarse en desenvolverse con su minusvalía y aprender a vivir en permanente superación. La mayoría de ellos recibieron poca o nula atención médica o psicológica, por ello sus testimonios recalcan el aislamiento, la separación familiar y la pérdida de calidad de vida. Las historias de tres enfermos que residen en la Ribera aportan una clara reflexión sobre aspectos como la percepción del propio cuerpo, los conflictos de la adolescencia, las expectativas vitales (noviazgo, matrimonio, trabajo) o la maternidad.

benjamín GARCÍA

"Me acosté y cuando me desperté no me tenía en pie"

"Tenía 2 años. Me acosté para dormir la siesta y cuando me desperté ya no me tenía en pie". El diagnóstico estaba claro: la poliomielitis se había adentrado en la médula de Benjamín y había paralizado su pierna derecha sólo dos años antes de que la primera vacuna contra la enfermedad llegara a España. Tras un vía crucis de visitas médicas que duró tres años, fue intervenido en Barcelona. "La operación resultó muy dura y también los más de cuatro meses de convalecencia, pero sin ella mis condiciones serían peores", asevera este antiguo trabajador de SKF. No todos los tratamientos médicos que le aplicaron fueron tan eficaces. "Me dieron descargas eléctricas que me dañaron los músculos e hicieron más acusada la delgadez de mi pierna", lamenta. A sus 55 años, casado y con dos hijas, echa la vista atrás y narra con energía como la enfermedad no tumbó su espíritu de superación. "Nunca he tenido ningún complejo, ni de crío. La polio no ha supuesto un problema para mis relaciones personales ni laborales, no he sufrido rechazo ni marginación", subraya antes de narrar con buen humor que se ha fracturado tres veces la pierna a causa de su afición al monte. En esta actitud ha tenido que ver la "despreocupación" que ha percibido por parte de los poderes públicos hacia los enfermos. "No me reconocieron un 33% de minusvalía hasta 1999 y me denegaron la exención de impuestos para adaptar mi coche". Benjamín, ahora pensionista, se manifiesta agradecido a su familia. "En el franquismo no había prestaciones para los enfermos. Cuando me operaron, todos los gastos los sufragaron mis padres. Entonces, si no había medios se buscaban", subraya. "He sido consciente de que debía vivir con la enfermedad de la mejor manera posible por mí y el resto de compañeros porque la Administración no nos iba a ayudar", dice. "Un día nos invitaron a pasar una jornada en silla de ruedas, había varios políticos y ninguno aceptó", expone como ejemplo.

pilar vicente

"Mi madre era como una leona: no querían que me llamaran coja"

"La polio para mí ha sido un trauma gordísimo, me ha supuesto un complejo horrible durante la toda la vida, además, en mi casa me protegieron muchísimo y eso fue peor. Mi madre me defendía como una leona para que no llamaran coja", explica Pilar Vicente, quien a los 3 años sufrió el embate del virus. Sus hermanos la bajaban a hombros para que la atendiera una curandera de Tudela porque hasta los 6 años no comenzó a andar. Su discapacidad le arruinó la infancia y la adolescencia. "No podía hacer lo mismo que el resto de niños ni ponerme la ropa que me gustaba", explica emocionada. "Pensé que al casarme lo superaría, pero no sucedió así y eso que mi marido era estupendo: no íbamos a bailar, pero me llevaba en coche a todos los lugares que podía", recuerda sobre su esposo, ya fallecido. Pilar abandonó su trabajo de costurera para contraer matrimonio a los 28 años. Llegaron los hijos, siete. "El parto del primero duró dos días, pero el resto fueron fenomenales, la polio no supuso ningún obstáculo". Ahora, al igual que el resto de enfermos reclama más apoyos. "Solicité ayuda para el trabajo de casa hace dos años y me la negaron", lamenta. Esta mujer de 74 años confirma el velo de silencio que cubrió la epidemia tras la Guerra Civil. "Siempre he tenido curiosidad, pero nunca cayeron en mis manos noticias sobre la polio, una enfermedad que me ha causado más sufrimiento moral que físico".

Adelina lozano

"He llorado mucho porque mi carácter es de brincar y saltar"

"Fue en Nochevieja, tenía un año y medio, mi madre me acostó y nunca más pude volver a andar por mí misma". Adelina, soriana de nacimiento pero vecina de Tudela desde hace décadas, refiere el pobre tratamiento que recibió tras la infección. "Me dieron corrientes, pero apenas me mejoraron, el lado derecho quedó inútil, luego llegó la Guerra Civil y ya no me hicieron más cosas porque los médicos decían que no había solución", recuerda. "No podía andar nada, me movía a gatas por las calles del pueblo hasta que en Zaragoza me hicieron un aparato ortopédico, con él y un bastón comencé a caminar a los 9 años". Pasó el tiempo, llegó la adolescencia y Adelina se encerró en casa. "El Ebro tenía que haber crecido de las lágrimas que derramé, porque mi carácter es el de una persona que de haber podido hubiera saltado, brincado", asegura. "Todos mis hermanos se iban de fiesta y yo me metía en la cama, no quería ver cómo se arreglaban. Yo plachaba el cancán de mis hermanas para que ellas pudieran salir mientras yo me quedaba en casa. Así durante toda la juventud", recuerda acongojada. "He sido feliz trabajando en la tienda de mi hermano, aunque he sufrido mucho y cada época por motivos diferentes". Ahora, con 75 años y en silla de ruedas, critica las barreras arquitectónicas y que el Gobierno le haya negado la ayuda a la dependencia. "Todavía mueve los brazos", me dijeron.

las claves

"En el franquismo no había prestaciones, todos los gastos los sufragaron mis padres"

benjamín garcía

Ex empleado de SKF

"La polio para mí ha sido un trauma horrible, en mi casa me protegieron muchísimo y fue peor"

Pilar Vicente

Ex costurera, ama de casa y madre de siete hijos

"Planchaba el cancán a mis hermanas para que salieran de fiesta y yo me quedaba en casa"

adelina Lozano

Ex empleada de un comercio

Los datos

· Presente en el Antiguo Egipto. La polio ha sido prevalente desde que el hombre empezó a vivir en pequeñas comunidades. Se han encontrado restos óseos humanos egipcios que datan del año 3.700 a.d. C. y que sugieren que la persona padeció la enfermedad. Una de las primeras representaciones artísticas de personas con discapacidad aparece en un bajorrelieve egipcio donde se muestra un príncipe con la pierna derecha hipotrófica, presumiblemente secundario a una infección poliomielítica y que en el brazo izquierdo lleva una vara a modo de bastón para intentar superar su discapacidad.

· Impulso a la ortopedia. La ortopedia con la utilización de férulas, corsés y ayudas para la marcha experimentó un notable desarrollo en relación al alto grado de utilización que tuvieron los pacientes de polio. No obstante, los expertos critican ahora que se concedía demasiada importancia a la cirugía y se descuidaba mucho la terapéutica física y la ortopedia preventiva, abusándose en exceso de las intervenciones cruentas. También la electroterapia fue usada en la lucha contra la enfermedad, aprovechándose de los efectos beneficiosos de la corriente farádica en los músculos debilitados y de la corriente lenta sinosoidal o galvánica o exponencial en los músculos paralizados.

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