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Juan Santano recogió ayer en el monte de Alsasua dos espectaculares "boletus edulis". Uno, con 50 centímetros de circunferencia, pesa un kilo.
N.M.
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JUAN Santano Márquez, de Alsasua, ayer no se lo podía creer. Junto al camino, ocultos apenas por unas zarzas, se levantaban dos hermosos boletus edulis, uno de los hongos más apreciados por su sabor y textura. "Es el mejor", afirma este hostelero de 64 años nacido en Alcántara pero vecino de la villa desde niño. Santano ya veía que eran unos hongos poco comunes, pero lo comprobó en el bar Ibai, de su propiedad. El más grande, de un kilogramo de peso, tenía una circunferencia de 50 centímetros y un tronco de 30 centímetros. El otro rondaba los 800 gramos, y parecía pequeño a su lado.
Semejante tamaño no es nada común. Echando mano de la Wikipedia, se dice que su sombrero puede medir de 7 a 20 centímetros y el pie puede alcanzar el mismo tamaño. "Podían crecer más, hasta alcanzar los 60 centímetros, ya que tienen mucha fortaleza. Pero no era cosa de dejarlos para que los cogiese otro", observa Santano.
Este hostelero se resiste a decir dónde los encontró, limitándose a señalar que era en una zona de hayas. "No digo el término para que la gente no se entere y no se llene aquello", señala, aunque observa que ayer andaban varias personas por el lugar. "Fue cuestión de suerte", afirma. Lo cierto es que no es la primera vez que encuentra ejemplares espectaculares. Hace cinco años encontró una urriziza de 650 gramos y 30 centímetros de diámetro de sombrero.
Si bien este otoño ha sido muy prolífico en hongos en Sakana, con la falta de lluvias estas últimas semanas, apenas hay boletus y los seteros buscan estos días níscalos. "Este año ha habido muchos hongos y muy grandes, pero el boletus está de capa caída. Tiene que tener agua y una temperatura entre 15º y 20º, aunque hay sitios en los que se conservan mejor", observa.
Gran andarín, a Juan Santano es normal verle por los montes de los alrededores de Alsasua. Y casi nunca viene de vacío. "Pero no me gusta abusar. Cuando tengo bastante, ya no cojo", señala. Al respecto, aprovecha la ocasión para hacer una llamada de atención. "Cada vez anda más gente y se destroza el monte. Se pisa mucho. Las setas que no se conocen, hay que dejarlas, que el monte sabe lo que hace. Si no lo respetamos, dentro de poco no habrá nada. El hongo es el mejor basurero del mundo. Limpia todo y encima da de comer", asegura Santano.
También da un consejo. "Que nadie se coma una seta sin saber cuál es. En caso de duda, hay que acudir a un experto. Muchas veces he consultado con Chema Ausín, de la Asociación Micológica de Alsasua, y también en los libros. Además, antes de dar a comer ninguna seta, la he probado yo. Y nunca me ha pasado nada", observa.
Los hongos ya tienen dueño. "Son para mis hijos: Luis y Alfonso", a quienes aconseja la manera de prepararlos: "el hongo troceado frito con un poco de panceta, chorizo, ajo picado y un poco de cebolla. Está delicioso", señala.
"Las setas que no se conocen hay que dejarlas; el monte sabe lo que hace"
Juan Santano Márquez
Aficionado a la micología
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