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Recha, Achache y Angelopoulos comparten la primera jornada competitiva de la Seminci

con "petit indi", el cineasta catalán presenta un alegato natural contra la depredación

La realizadora Mona Achace pugna en Valladolid con "Le Hérisson", un largo basado en la obra "La elegancia del erizo"

efe - Domingo, 25 de Octubre de 2009 - Actualizado a las 08:25h

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valladolid. El español March Recha, con un alegato contra la depredación de la naturaleza (Petit Indi) y la francesa Mona Achache, con su ópera prima (El erizo), compartieron ayer la primera jornada competitiva dentro del Festival de Valladolid junto al veterano Theo Angelopoulos (El polvo del viento).

El realizador barcelonés Marc Recha lanzó con Petit Indi, que está protagonizada por Eduardo Noriega, Sergi López, Pere Subirana y Eulàlia Ramón, el mensaje de una naturaleza al borde de la completa sumisión al desarrollismo y prácticamente en vías de extinción. Es su sexta película desde El cielo sube (1991).

Por encima del experimentado elenco, Recha descansa el peso del largometraje y de su denuncia en la figura de Marc Soto, un adolescente que ha debutado en la interpretación con la misión de ser el alter ego del director en una cinta lenta, plagada de simbolismos y con recursos próximos al experimentalismo.

Todo ello hace de Recha, autor también de El árbol de las cerezas (1998) y Las manos vacías (2003), un realizador distinto, al margen de tendencias y dictados comerciales, con un sello personal que le identifica en la línea del denominado cine de autor, a partir de obras que no se han desmarcado nunca de esa factura.

el escenario, barcelona Vallbona, un barrio marginal de la Barcelona desarrollista y expansiva, es el escenario de un largometraje cuya idea "parte de una concepción: vivimos el momento que nos toca", y éste es el de la vida al límite de la presión y planificación urbanística que, en el caso de esa barriada, se ve afectada por las vías del AVE.

El griego Angelopoulos compite en la Seminci con la segunda entrega de una íntima triología dedica a sus padres

En medio de ese caos se sitúa el papel de Arnau, igualmente inmerso en un delicado proceso de transformación personal donde no cuenta con la ayuda de sus mayores, por lo que se refugia en la naturaleza y, de forma especial, en los animales para leer y aprender lo que no le enseña su desestructurada familia.

"el erizo" de achache Por su parte, la realizadora Mona Achache presentó ayer en la Seminci su primer largometraje, Le Hérisson (El erizo), la historia de una portera parisina que, como el erizo, oculta su verdadera forma bajo un manto de púas.

Es una adaptación de la novela La elegancia del erizo, de la escritora Muriel Barbery, y supone el debut en el largometraje de la cineasta francesa, nacida en París en 1981. En ella interactúan Paloma -Garance le Guillermic-, una niña huidiza y con una inteligencia superior a lo normal, y Kokuro -Togo Igawa-, un acaudalado anciano japonés que mantiene una especial "relación intelectual" con Renée -Josiane Balasko-, taciturna y solitaria portera del edificio en el que cohabita esta terna. En un entorno burgués, en el que la vida del portero no importa tanto como la de un vecino, la película describe cómo estos tres personajes van descubriéndose y tejiendo lazos comunes.

Achache aseveró ayer en rueda de prensa que leyó el libro antes de que se convirtiera en uno de los más vendidos y que, en el proceso de adaptación, "trató de mantener su espíritu original", aunque introdujo elementos "más cinematográficos".

"el polvo del tiempo" El veterano realizador griego Theo Angelopoulos, con I skoni tou chronou (El polvo del tiempo), trajo ayer a Valladolidad la segunda entrega de una trilogía dedicada a sus padres, Spyros y Eleni, dos inmigrantes griegos que sucesivamente sufrieron los avatares bélicos y políticos anteriores y posteriores a la Primera Guerra Mundial (1914-1919).

Angelopoulos, que ya presentó en la Seminci la primera parte de este tríptico (Eleni), se vale ahora de un reparto de paso con la participación, entre otros actores, de Bruno Ganz y Willem Dafoe, para limar el desarraigo que le produjo la vida de sus padres mediante el rastreo de la huella o del polvo del tiempo al que alude el título del filme.

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