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La mirada de Koldo Chamorro

el fotógrafo falleció hace poco más de una semana a los 60 años en pamplona

Su trabajo giró en torno a la configuración de una memoria colectiva, a veces inquietante y políticamente incorrecta

ana oliveira lizarribar - Domingo, 25 de Octubre de 2009 - Actualizado a las 08:25h

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pamplona. Hace nueve días que murió. Fue en la mañana del 16 de octubre en un centro hospitalario de la capital navarra. Y ninguna institución cultural de esta comunidad que él eligió para vivir ha dicho nada. Ni una declaración, ni un aviso de homenaje ni siquiera el tan socorrido aquí todos somos buenos cuando morimos. Pero, analizando su trayectoria y escuchando a quienes le conocieron, seguramente no le importaría demasiado. Él ya hizo su trabajo. Miles de imágenes que hablan de multitud de temas, pero también de él mismo, de su punto de vista sobre la realidad, de su lugar en el mundo: amarrado a una cámara y dispuesto a no parar de mirar, aunque el vistazo le devolviese una estampa desagradable, brutal o inesperadamente anodina.

En 1998, La Fábrica le dedicó un libro dentro de la serie PHotoBolsillo. En la introducción, el fotógrafo Alejandro Castellote se refería a Koldo Chamorro (Vitoria, 1949) como a un profesional "embiagrado" de una fotografía que podría enmarcarse más en el ámbito del ensayo que en el de la estética pura y dura. "La fotografía de Koldo Chamorro raramente tiene como objetivo la belleza, pero tampoco aspira a convertirse en acta notarial de un suceso. Ante sus fotos, uno tiene la impresión de que algo ha pasado o está a punto de pasar", apuntaba Castellote.

sin paños calientes Como dice este experto, Chamorro comenzó muy joven a buscar una sintaxis fotográfica propia. Y lo hizo coincidiendo con otros que también han ocupado luego un espacio más que relevante en el ámbito de la fotografía estatal e internacional, casos de Cristina García Rodero, Cristóbal Hara, Fernando Herráez o Ramón Zabalza. Según Castellote, no sorprende que, junto a ese exiguo grupo, "asumiera el rol de registrar la identidad de una España que se desvanecía o de documentar el tránsito político y social que ahora glosan con deleite tantos ensayos sobre nuestra historia reciente". Y es que, Chamorro decidió "navegar contracorriente y enfrentar la España que todos queríamos olvidar". Ese espíritu inconformista de los comienzos le acompañó toda la vida, tal y como recuerdan quienes le conocieron. Fotografió la simbología religiosa, la sexualidad, la fiesta exultante, los obscenos estragos de la guerra, las infancias rotas, las calles vacías, solitarias. Muchas de estas imágenes respiraban una "ironía corrosiva e iconoclasta", decía Castellote. En muchas otras, dejaba jugar al azar y, en casi todas, habitaban las sombras.

Sirvan estas líneas y un breve selección de fotografías para rendirle un humilde homenaje desde estas páginas.

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