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"La vergüenza", la adopción como forma de encontrar los auténticos sentimientos

david planell

presentó ayer el filme en el festival ópera prima de tudela

Premiado como guionista, debuta con esta película en su faceta de director

fermín pérez-nievas - Domingo, 25 de Octubre de 2009 - Actualizado a las 08:25h

David Planell posó ayer en Tudela con el cartel de su película detrás.

David Planell posó ayer en Tudela con el cartel de su película detrás. (Foto: fermín pérez-nievas)

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tudela. Con una situación tan sencilla como que corten el agua en una casa (una metáfora que describe el atasco de la situación que plantea el director) arranca La vergüenza, de David Planell, un drama que deshoja la encrucijada que vive una joven pareja que ha de enfrentarse a la terrible decisión de si deben devolver a un niño problemático de 8 años que tienen en acogida. Este examen, de conciencias y sentimientos, les pondrá a prueba no sólo sus afectos hacia el pequeño, sino también hacia ellos mismos en un largometraje, con aires de teatro, que sucede en siete horas. Tal y como explicó Planell, presente ayer en Tudela dentro del festival Ópera Prima, "me apasiona crear esos falsos tiempos reales. Me encanta estar cuatro semanas trabajando para tratar de reproducir siete horas de sus vidas".

La historia huye de los cánones habituales que rigen el tema de una pareja que busca adoptar un niño. "Tenía una situación que me llama mucho la atención, que vengan a examinarte a casa para ver si eres apto para ser padre. Exploré esta idea pero se me quedaba un poco truncada, y descubrí el abismo diferente, que quieren devolverlo. Ahí había mimbres para una historia. Lo que hay en juego son los afectos y desafectos, aprender a ser padre sin el paso previo de haber parido. Ya cuando pensé en que lo que quieren es devolverlo me sentí más cómodo". Esa sensación de culpabilidad, de tener que tomar decisiones a sabiendas de que causas daño son las que apasionan a Planell: "Mis personajes se mueven en ese mundo donde les cuesta mirarse al espejo, han hecho cosas que no les gusta, no están orgullosos de sí mismos", sintetiza.

Uno de los elementos más importantes del largometraje, que obtuvo el premio a la mejor película en el Festival de Málaga, se centra en el trabajo con los actores para que se adapten a las situaciones que se viven con muy poca diferencia de tiempo. "Hay directores que les tienen miedo pero yo me lo paso bien sufriendo con ellos, y me dejo humillar y todo. Trabajar con ellos acaba siendo un placer", confesó el realizador.

Durante la película, los personajes protagonistas, Alberto San Juan (Pepe) y Natalia Mateo (Lucía), se entregan a diversos momentos de tensión que, en varias ocasiones, se rompen con pequeños brochazos de humor que se mueven en el filo de la navaja, entre descolgar al espectador del drama o dejarle respirar para volver a apretarle el corazón. Una situación que explicó el director y guionista de La vergüenza señalando que es algo innato en su forma de escribir. "El drama en estado puro me cuesta mucho, hay que ser un maestro para hacer eso bien. No puedo impedir que, a mi pesar, se me escapen salpicones de humor. Además, yo creo que la vida es más así, en las situaciones más dramáticas surge el humor y se generan momentos de alivio y desahogo". Para el que ya fuera guionista de la premiada Siete mesas de billar francés, "al espectador le saturaría demasiado drama. Hay que medir los efectos para no atropellar al espectador y dejarlo como aplatanado. No lo hago como una estrategia previa, surge sin pensarlo".

De su primera experiencia como realizador, en la que consigue mantener la atención del espectador con dos historias paralelas, le queda el resquemor de haber descubierto la tiranía de la unión tiempo-dinero en una producción de un largometraje. "Lo más amargo es una serie de renuncias a las que te sometes para ajustarte a la realidad del tiempo y del dinero. Por el camino se quedan cosas que deberían estar en la película y que no están. La conclusión es que en la siguiente voy a pelear con más energía y denuedo para conseguir lo que busco".

las claves

· Relación con Tudela. El realizador tiene dos conexiones con Tudela. Por una parte, en la película trabajó como ayudante de dirección artística la tudelana Maite Pérez-Nievas. Por otra, para la película Héctor, en la que escribió el guión con Gracia Querejeta, contó con la colaboración del sacerdote tudelano Sixto Iragui como asesor en varios temas que tienen que ver con el secreto de confesión.

· El tiempo. Toda la película transcurre en siete horas, aunque costó cuatro semanas rodarla.

"Me cuesta mucho el drama en estado puro, hay que ser un maestro para hacer eso bien"

david planell

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