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Cinco personas vinculadas con la ultraderecha han sido detenidas (cuatro de ellas en Navarra), en el marco de la operación "Quimera", como presuntos autores de amenazas, colocación de artefactos y actos vandálicos
Sábado, 24 de Octubre de 2009 - Actualizado a las 09:13h
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eL Gobierno y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado parecen haberse tomado en serio el peligro latente de algunos incipientes grupúsculos de ideología ultraderechista. Los actos vandálicos en Navarra contra monumentos que recuerdan a las víctimas del franquismo, las pintadas insultantes, las amenazas de muerte y la colocación de artefactos explosivos de fabricación casera habían generado un estado de inquietud que reclamaba ya una efectiva actuación policial. La reciente manifestación -autorizada por la Delegación del Gobierno en Navarra- de Falange y Tradición en las calles de Pamplona y los mensajes agresivos y beligerantes lanzados por los oradores (su contenido fue remitido a la Fiscalía de la Audiencia Nacional) escenificó, con rostros y gestos, lo que hasta entonces eran sólo anónimos mensajes amenazantes. En este contexto, el Ministerio de Interior se ha movido con una doble agilidad: ha procedido a la detención de cinco sospechosos y lo ha hecho con el aparato mediático habitual cuando la acción tiene como objetivo a la izquierda abertzale radical. A nadie se le escapa que esta actuación -denominada, quizá con doble intención, operación Quimera- envía varios mensajes. El primero, y más claro, tiene que ver con la decisión de cortar de raíz cualquier expresión violenta de la ultraderecha y mandar un aviso meridiano a quienes se mueven en esos espacios y alimentan intenciones similares. Porque hasta ahora se ha sido bastante condescendiente con estos grupos, acostumbrados a lanzar en público todo tipo de soflamas y a exhibir simbología anticonstitucional con total permisividad, mientras que en el extremo opuesto se aplica el máximo rigor. Parece que ahora merman los espacios de impunidad y con ello se intenta también no dar pie a argumentos que echan mano de una doble vara de medir. El hecho de que a los detenidos almacenaran "munición de guerra" (según Interior) expone también su grado de organización, la intención de sus planes futuros y que quienes alertaban de tiempo atrás sobre su peligrosidad no andaban descaminados. Es más, la comparecencia pública del ministro Rubalcaba resalta la importancia de una operación que, también hay que recordar, se desarrolla días después de hacer pública la condena al ultra que apuñaló mortalmente en el Metro de Madrid a un joven. El mensaje, pues, parece diáfano: si la ultraderecha cree que su violencia sale gratis, lo suyo es una quimera.
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