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Mesa de redacción

Las formas del silencio

por joseba santamaria - Viernes, 23 de Octubre de 2009 - Actualizado a las 07:30h

elma Saiz es una persona silenciosa. Hace política con el silencio. Lo mismo da que haya dos ciudadanos navarros con nombres y apellidos que hayan denunciado públicamente haber sido secuestrados y amenazados durante el secuestro, que Elma Saiz opta por el silencio. Da lo mismo que se permita una concentración de Falange en Pamplona y en ella se haga apología y enaltecimiento de la violencia -para sí quisiera Garzón palabras tan claras con las que poder instruir con un mínimo democrático un sumario de los de la teoría de todo es ETA-, que Elma Saiz opta por el silencio, ese triste mirar para otro lado por si acaso. Pero de vez en cuando, Elma Saiz habla. Aunque sea para intentar justificar que actos democráticos al amparo del derecho constitucional de expresión, como el rechazo a la actitud del señor obispo contra una concejala de Ablitas, se prohíben por motivos de forma. Los mismos motivos de forma por los que se prohibió también una concentración de las peñas de Pamplona para denunciar la surrealista acusación contra varios socios elegidos aleatoriamente por el contenido de un par de pancartas. El silencio de Interior en democracia siempre invita a la duda. Pero aún es más sonoro el silencio cuando se acude a la excusa de las formas para limitar derechos democráticos. Si las formas, el viejo conservadurismo de ley y orden, limitan el fondo, los derechos civiles democráticos se minorizan. Y más aún cuando la comparación de actitudes deja evidencias tan lamentables como la comparación del paso de Falange por Pamplona con las prohibiciones de los actos de Ablitas o de las peñas en Pamplona.

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